ログインAna Lancaster lo pierde todo en un solo día. Su novio se casa con su mejor amiga embarazada y luego la deja con el cruel recordatorio de que ningún hombre querría jamás a una chica pobre y con sobrepeso como ella. Ahora, Ana no es más que una sirvienta en la mansión León, el hogar de la familia empresarial más poderosa de la ciudad. Su vida está llena de órdenes, humillaciones y miradas degradantes… hasta que tres hombres peligrosos comienzan a fijarse en ella. Leon, el hombre frío y dominante que mira a Ana como si ya le perteneciera. Adrian, el hombre maduro y sereno que poco a poco hace que Ana se sienta deseada. Sebastian, el hombre salvaje y seductor que jamás oculta su obsesión por provocar su cuerpo y su mente. Cuando la deuda hospitalaria de su difunta madre amenaza con destruir su vida, Ana queda atrapada en un acuerdo secreto con tres hombres demasiado ricos, demasiado poderosos y demasiado obsesivos como para rechazarlos. Una sola decisión arrastra a Ana a un mundo lleno de dinero, deseo y juegos peligrosos entre tres mejores amigos que lentamente comienzan a destruirse entre sí por su culpa. Detrás de vestidos costosos, caricias ardientes y susurros pecaminosos, Ana comienza a darse cuenta de una cosa: Ellos no solo quieren su cuerpo. Quieren poseerla por completo.
もっと見るPov de Ana
Estaba sentada en uno de los bancos de madera de esta iglesia. Mis manos apretaban con fuerza el borde de mi falda hasta arrugarlo. Mi novio, Max, estaba de pie con su impecable traje negro. A su lado estaba Sasha, mi mejor amiga desde que puse un pie en esta ciudad por primera vez, hace dos años. El vientre de Sasha ya sobresalía bajo su vestido blanco. Hace dos meses, Sasha llegó a mi apartamento, arrodillándose mientras sollozaba. —Ana, estoy embarazada y este bebé es de Max. Por favor, no te enfades. No lloré en ese momento. Simplemente me quedé en silencio. No sabía con quién debía enfadarme. ¿Con Max, que decía estar ocupado con su trabajo? ¿O con Sasha, que cada mañana tomaba café conmigo mientras me hablaba de los chicos que intentaban conquistarla? Ahora ellos se estaban casando y se besaban en el altar. Todos aplaudían. La familia de Max, la familia de Sasha, los amigos que me conocían como “la mejor amiga de Sasha”. Nadie volteó a mirarme. Me levanté lentamente y salí por una puerta lateral. Afuera, mi teléfono vibró con fuerza dentro del bolsillo de mis pantalones. —¡Eh, gorda! ¡Ven al centro comercial ahora mismo! Comencé a caminar deprisa hacia el centro comercial y tardé veinte minutos en llegar. Llegué jadeando por el exceso de peso que cargaba. Cuando llegué, Clara ya estaba esperando. —Dios mío, cuánto te has tardado —se quejó Clara mientras me entregaba tres bolsas grandes—. Lleva esto. Levanté todas las bolsas. Su peso tiraba de mis hombros hacia abajo. Ella caminaba delante de mí con el paso relajado de sus costosos zapatos mientras hablaba de la fiesta de anoche en un club nocturno al que yo jamás había entrado, porque una sola entrada equivalía a toda mi comida de una semana. Yo simplemente la seguía, ajustando de vez en cuando las bolsas que comenzaban a resbalar de mis hombros, bajando la cabeza de vez en cuando para evitar las miradas de quienes observaban a una chica de cabello rizado y desordenado cargando montones de bolsas de lujo a plena luz del día. Al llegar a la entrada del centro comercial, Clara se detuvo en la zona de descenso de pasajeros. Dejé las bolsas sobre el pavimento de piedra mientras recuperaba el aliento. Sentía que los brazos estaban a punto de desprenderse de mis hombros. Poco después, tres autos de lujo se detuvieron justo frente a nosotras. Los guardaespaldas bajaron de los vehículos de adelante y de atrás. Abrieron las puertas con movimientos ágiles, y de los autos descendieron hombres de mediana edad con trajes impecables, zapatos relucientes y rostros libres de arrugas. Uno de ellos era el padre de Clara. —Oh, lo olvidaba, Ana —Clara se giró y sacó varios billetes de euro: veinte, cincuenta y diez. Luego me los lanzó. Los billetes golpearon mi mejilla izquierda antes de caer al suelo. Llevaba dos años repitiendo esta humillación cientos de veces. Antes me dolía, pero ahora ya no había nada que pudiera herirme más que lo que había vivido esa mañana al ver a mi novio casarse con mi mejor amiga. Bajé la cabeza. Recogí los billetes de euro uno por uno y los guardé en el bolsillo de mi chaqueta sin contarlos. Cuando me puse de pie de nuevo y sacudí el polvo de las rodillas de mis pantalones, Clara ya había entrado en el auto. Pero antes de que la puerta se cerrara, vi algo que me dejó sin aliento por un instante. Desde los asientos traseros de cada uno de los autos, aquellos hombres me estaban observando. No pude moverme. Luego las puertas se cerraron una tras otra. Los tres vehículos se alejaron al mismo tiempo, dejándome sola en la acera, con dinero sucio en el bolsillo y el olor de los gases de escape impregnado en la nariz. Después regresé a la mansión. Por supuesto, no era mi mansión; yo trabajaba allí, en la casa del padre de Clara. Cuando llegué, abrí la puerta de mi habitación con una llave ya oxidada y lloré por primera vez en todo el día. Apenas había logrado tranquilizarme cuando mi teléfono volvió a vibrar. Pensé que era un mensaje de Clara, pero era Max. —Sé que estabas en la iglesia hoy. Lo viste con tus propios ojos, ¿verdad? Sasha es hermosa, pero ¿y tú? Deberías hacer un poco de autocrítica. Si tu propio novio eligió a otra mujer, ¿todavía no entiendes por qué? No sabes cuidar de ti misma. ¡No eres más que una chica fea y gorda! Después de esto, ningún hombre querrá estar con una chica gorda como tú. Lo leí una vez. Luego otra. No era una disculpa ni una muestra de arrepentimiento. Era un insulto de parte del hombre que hasta hacía poco había sido mi novio. Quise responder. Quise escribir todo el dolor que había acumulado durante los últimos dos meses. Pero mi mano se detuvo. No era necesario. Él ya no era asunto mío. Presioné su nombre y seleccioné la opción de bloquearlo. Sin embargo, ni siquiera había pasado un minuto cuando recibí un mensaje de Clara. —¡Eh, gorda! ¡Ven a la piscina ahora mismo!La reunión con Julian dejó una sensación cálida en mi corazón. Tenía un hermano. Tenía familia que había estado perdida por tanto tiempo. Julian prometió volver la próxima semana para conocer a mis hijos y pasar tiempo con nosotros.Esa noche, cenamos llenos de risas y felicidad. Leon me sostuvo fuerte cuando nos acostamos en la cama.—Me alegra que finalmente hayas encontrado a tu familia, Ana —susurró.—Yo también —respondí, besando su mejilla—. Gracias por siempre estar ahí para mí.Nos dormimos pacíficamente, sin ninguna pesadilla persiguiéndonos.A la mañana siguiente, la atmósfera cambió. Leon encendió el televisor en la sala mientras preparaba el desayuno, y escuché una voz desde la pantalla que me hizo quedarme helada.—...La detención de Max y Sasha, dos sospechosos firmemente señalados de haber propagado el video pornográfico que involucra a una mujer y tres hombres...Rápidamente me volví hacia el televisor. En la pantalla, vi los rostros de Max y Sasha, mi exnovio y su ami
Varias semanas habían pasado desde que nos quedamos en la villa de montaña. La vida aquí se sentía tan diferente—tranquila, pacífica, lejos del ajetreo de la ciudad y todas las presiones que me perseguían. Los niños jugaban felices en el jardín cada día, y yo comenzaba a sentirme mejor tanto física como emocionalmente.Mi embarazo seguía siendo pesado, pero las náuseas y los mareos comenzaban a disminuir. Lo más importante, nunca volví a tener sueños extraños. Ni sueños sobre Julian, sobre Leon, Sebastian y Adrian. Ni sueños que me hicieran despertar con sudor frío y culpa.Sentía que era yo misma otra vez. O al menos, estaba en camino a encontrarla de nuevo.Una tarde, cuando Leon estaba ocupado con una llamada telefónica, me senté en el porche con una taza de té caliente. En mi mano, había una hoja de papel y un bolígrafo. Había estado pensando en ello durante varios días, y finalmente decidí escribir una carta a Julian.La carta era corta, pero la escribí con todo mi corazón."Juli
Seguía acostada en la cama, llorando en los brazos de Leon, cuando escuché una voz desde fuera de la habitación. Clara. Ella todavía debía estar en la mansión, y ahora estaba hablando con Leon en la sala.Escuché accidentalmente su conversación. La puerta del dormitorio estaba ligeramente abierta, y la voz de Clara llegaba con claridad.—Papá, Ana ha cambiado otra vez. Antes, estaba empezando a ser amable conmigo, empezando a aceptarme. Pero ahora, está fría y distante otra vez. No sé qué pasó.Leon suspiró.—Ana está pasando por un momento difícil. Ese video trajo de vuelta todas las heridas antiguas. Necesita tiempo.—Lo entiendo, pero también me preocupa su estado mental. Ha pasado por tanto sufrimiento—perder a Ethan, el cáncer, un embarazo riesgoso, y ahora este video. Creo que necesita ayuda profesional. Quizás una psicóloga o terapeuta.Leon quedó en silencio por un momento.—Ya la llevé a una psicóloga. Pero esto no es algo que pueda sanar de la noche a la mañana.—Lo sé, pero
Unos días después de que Julian fuera despedido, Clara vino a la mansión. Escuché el sonido de su auto en el garaje, luego sus ligeros pasos en el pasillo. Estaba sentada en la sala, leyendo un libro, pero cuando escuché su voz, mi cuerpo inmediatamente se tensó.—¡Ana! —saludó Clara, entrando con una amplia sonrisa—. ¡Vine a visitarte! ¡Te extrañé!No la miré. Solo seguí leyendo mi libro, fingiendo no escucharla.Clara se acercó, sentándose en la silla frente a mí.—Ana, ¿no vas a saludarme?Suspiré, cerrando mi libro.—¿Qué quieres, Clara?Clara sonrió, pero su sonrisa se veía un poco incómoda.—Solo quiero pasar tiempo contigo. Rara vez nos vemos estos días.—Hay una razón para eso. Nunca nos hemos llevado bien, nunca nos llevaremos bien.Clara miró hacia abajo, lágrimas comenzando a brotar en sus ojos.—Ana, me he disculpado. Me he disculpado por lo que hice en el pasado. He cambiado. ¿Por qué no puedes perdonarme?La miré, sintiendo el dolor que todavía permanecía en mi corazón.






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