LOGINHabían pasado tres años desde aquel día. Estaba de pie en la terraza de nuestra casa, contemplando el vasto jardín detrás de la mansión. Tres niños pequeños—Aiden, Leo y Sophie—corrían entre las flores, riendo y jugando juntos.A su lado, Clara, que ahora estaba libre de la prisión, estaba sentada en un banco del jardín con un libro en las manos, mirando de vez en cuando a sus hermanos menores con una sonrisa gentil.Sonreí al ver esa escena. Se sentía como un sueño. Hace tres años, nunca imaginé que estaría aquí, feliz, amada y rodeada de las personas que amo.León apareció a mi lado, con su brazo rodeando mi cintura. —¿Qué haces aquí sola?Me giré y miré a mi esposo. —Solo disfrutando de la vista. Míralos. Son tan felices.León siguió mi mirada, observando a nuestros hijos jugar. —Son felices porque tienen una madre increíble.Reí y le di una palmada juguetona en el pecho. —Siempre sabes cómo hacerme sonrojar.—Porque es verdad —dijo León, besando mi frente—. Eres la mejor madre que
POV de Ana.Unos meses después, yacía en la cama del hospital con mi vientre ya no redondo. Tres bebés diminutos, dos niños y una niña, yacían plácidamente en la incubadora junto a mi cama. Eran los herederos Harrington, tres niños nacidos a través de una cesárea larga y agotadora.Los miré con ojos llenos de amor, sintiendo un agotamiento inmenso pero también una felicidad indescriptible. León estaba sentado a mi lado, con su mano sosteniendo la mía, y sus ojos nunca se apartaban de nuestros bebés.—Eres increíble —dijo León, besando mi frente.Sonreí débilmente, sintiendo mi cuerpo todavía cansado después de la cirugía. Estaban sanos. Tres bebés diminutos con cabello fino y ojos aún cerrados. Eran el fruto de nuestro amor, la prueba de que después de cada tormenta, siempre hay un arcoíris.Pero había una cosa que me hacía sentir un poco incómoda: mi cuerpo. Después de dar a luz a tres bebés a la vez, mi cuerpo se había expandido de nuevo. Mi barriga todavía parecía como si estuviera
POV de Ana.Miré a León sentado a mi lado en la fría sala de espera de la prisión. Su mano apretaba la mía con fuerza, y podía sentir el leve temblor de su cuerpo. León intentaba parecer fuerte, pero sabía lo destrozado que estaba por dentro. Clara se había negado a verlo, y esa era una herida que no podía sanar fácilmente.—¿Estás seguro de que esa carta es suficiente? —pregunté suavemente, acariciando el dorso de su mano.—No lo sé. Solo puedo esperar. He dicho todo lo que tenía en mi corazón. Ahora depende de ella.Apreté su mano con más fuerza. —Clara puede ser testaruda, pero no es mala persona. Solo está perdida.León no respondió. Solo miró al frente, hacia la puerta de hierro que lo separaba de su hija.Esperamos. Podía sentir a los bebés moverse dentro de mi vientre, como si ellos también sintieran la tensión que nos envolvía. Acaricié suavemente mi barriga, susurrándoles que todo estaría bien.Entonces, la puerta de hierro se abrió.Clara salió con pasos inseguros, con los o
En la mansión de León y Ana, el ambiente se sentía cálido y lleno de amor. Ana, que ahora estaba muy avanzada en su embarazo con una barriga redonda que llevaba a tres bebés, estaba de pie en la cocina con León. Estaban cocinando juntos, una actividad sencilla que siempre disfrutaban.León estaba cortando verduras con cuidado, y de vez en cuando miraba a Ana, que removía la sopa en la estufa. Sus ojos no se apartaban de su esposa, viendo lo hermosa que era Ana incluso en su avanzado estado de gestación.—No dejas de mirarme —dijo Ana.—Porque eres muy hermosa —respondió León, acercándose a Ana por detrás y abrazándola. Sus brazos rodearon la barriga crecida de Ana, sintiendo pequeños movimientos en su interior.Ana rió, sintiendo el calor del abrazo de León. —Vas a hacer que se me olvide cocinar si sigues así.—Déjalo —dijo León, besando suavemente el cuello de Ana—. Prefiero abrazarte.Ana se giró en el abrazo de León y miró a los ojos amorosos de su esposo. —Quiero preguntarte algo.
Al día siguiente, la noticia del nacimiento de la bebé de Rena y el éxito de su cirugía se difundió rápidamente. La familia de Rena, que se había reconciliado con ella unos meses antes, llegó de inmediato a visitarla. Su padre y su madre vinieron con sus dos hermanas mayores, trayendo ramos de flores y pequeños regalos para la bebé.Rena yacía en la cama con una sonrisa feliz al ver entrar a su familia. Aunque su cuerpo todavía estaba débil y su tratamiento contra el cáncer debía comenzar pronto, se sentía agradecida por tener todavía la oportunidad de ver a las personas que amaba.—Mamá, Papá. Vinieron.Su madre abrazó a Rena con cuidado, llorando de alegría. —Claro que vinimos. Acabas de dar a luz. No podíamos perdernos este momento.El padre de Rena también se acercó y miró a su nieta. —Es hermosa. Se parece mucho a ti.Rena sonrió, y las lágrimas de felicidad rodaron por sus mejillas. —Gracias, Papá.Las hermanas de Rena también se acercaron, trayendo regalos para la bebé. Aunque
Tres horas después.Sebastián seguía sentado en el pasillo del hospital, con el cuerpo rígido y la mirada fija en las puertas del quirófano. León y Adrián estaban sentados a su lado, dándole palmaditas en el hombro de vez en cuando para ofrecerle apoyo. Ana y Christy también habían llegado, aunque tuvieron que sentarse en otras sillas debido a sus embarazos.—Necesitas comer algo. No puedes seguir así.—No tengo hambre —respondió Sebastián con tono monótono. Sus ojos seguían clavados en las puertas del quirófano.—No estás ayudando a Rena haciendo que te enfermes. Ella te necesita sano —dijo Adrián.Sebastián suspiró, tomó el pan y le dio un mordisco sin realmente saborearlo. Su mente seguía divagando hacia Rena—la mujer a la que había descuidado, la mujer a la que había lastimado, la mujer que ahora luchaba por su vida.—Debería habérselo dicho antes. Debería haberle dicho que la amo. Que no quiero divorciarme de ella. Que quiero pasar el resto de mi vida con ella —dijo Sebastián.—T







