LOGINLas piernas de Jasmine se habían dormido para cuando se abrió la puerta trasera. Había visto todo a través de la división: la silueta de Daisy sacudiéndose en el asiento delantero, el vaho en el cristal, los sonidos que llegaban incluso con el motor apagado. Los muslos los tenía tan apretados que le dolían.—Afuera —dijo Nicolas, y la palabra fue como una llave girando.Bajó con las piernas temblando y Tess justo detrás de ella.—Sobre el capó —dijo Nicolas—. Las dos. Manos planas.El auto estaba frío. Presionó las palmas y sintió el calor residual del motor a través de la pintura, y oyó a Tess acomodarse a su lado. Nicolas caminó alrededor detrás de ellas y ella contuvo la respiración, esperando.Sus manos aterrizaron primero en las caderas de ella. Le subió la falda alrededor de la cintura y el aire golpeó la parte de atrás de los muslos. La palma le bajó sobre el culo una vez y ella jadeó y empujó hacia atrás contra el capó.—Demasiados secretos esta noche —dijo con voz baja—. Cree
Daisy se estremeció cuando se abrió la puerta trasera. Nicolas se sentó en el asiento del conductor sin mirar atrás. Ajustó el espejo retrovisor hasta que pudo verla claramente y ella se vio a sí misma mirándolo. Las manos le temblaban y las presionó planas contra los muslos para que no lo notara.—¿Abrochada? —preguntó.Los dedos no cooperaban con el cinturón y cuanto más forcejeaba peor se ponía. Él se giró entonces con un brazo colgado sobre el respaldo y la observó forcejear. La paciencia en su cara era peor que la ira.—Daisy. —Su nombre en su boca le hizo la cabeza pesada.—Estás temblando como una hoja —dijo—. ¿Por qué es eso? No estás en problemas… todavía.¿Todavía? Logró meter el cinturón en el seguro y él pareció satisfecho con eso. No sabía qué le había hecho a Jasmine. Jasmine había regresado al auto con una expresión un poco rara. Simplemente le dijo que el oficial quería verla. Cuando le preguntó si le había hecho daño o algo malo, Jasmine solo negó con la cabeza y le d
Cerró la puerta de la patrulla, cortando el ruido fuerte de la carretera. El corazón de Jasmine latía rápido en el pecho. Realmente no podía ver afuera por las ventanas polarizadas. La puerta delantera se abrió de pronto y el oficial Nicolas metió su gran cuerpo en el asiento del conductor.No se giró a mirarla de inmediato. Ajustó el espejo retrovisor en su lugar y la miró fijo a los ojos a través del cristal. El auto era pequeño y él ocupaba mucho espacio.—¿Sabes qué les pasa a las chicas de universidad que terminan encerradas en la cárcel del condado un viernes por la noche, Jasmine? —preguntó Nicolas con voz suave. Su voz profunda sonó fuerte dentro del auto oscuro.Jasmine tragó saliva con fuerza. Se subió el top escotado y se inclinó cerca de la reja de metal que dividía los asientos.—Estoy segura de que puede ser amable y dejarnos ir solo con una advertencia severa, oficial.—¿Eso es lo que crees? —respondió Nicolas. Se giró en el asiento para enfrentarla. Apoyó el brazo gran
La aguja del velocímetro marcó ochenta y cinco, y Jasmine empujó el pie un poco más fuerte sobre el acelerador.En el asiento del acompañante, Daisy se inclinó y subió la música a todo volumen. La música alta llenó el auto y las chicas cantaron junto con ella. En el asiento trasero, Tess apoyó la cabeza contra el vidrio frío. Se sentía muy aburrida y solo quería que llegaran a su destino.—Jasmine, baja la velocidad —Tess alzó la voz por la música—. Esta carretera es famosa por los patrulleros estatales.—No hay nadie aquí a las dos de la mañana, Tess —se rió Jasmine, echándose el cabello oscuro sobre el hombro y mirándola por el espejo retrovisor—. Relájate y disfruta el viaje.—Déjala manejar, Tess —Daisy se giró en el asiento, sosteniendo un vaso de plástico rojo a medio vaciar con una sonrisa—. Nos quedan dos horas para llegar al campus. No quiero pasarme toda la noche en esta carretera aburrida.—Hablo en serio, chicas —insistió Tess, inclinándose entre los asientos delanteros—.
Antes de que pudiera ni siquiera recuperar el aliento, Leo se inclinó y me besó. Sabía a menta caliente y me sujetó la barbilla con fuerza para que no pudiera apartarme. Al mismo tiempo, Julian me bajó la ropa interior por las rodillas y me la quitó de los pies.La diferencia era salvaje. Julian solo trazaba los pulgares por el interior de mis muslos, mientras Leo se apoderaba de mi boca de forma brusca y me hacía gemir directo contra sus labios. Julian metió dos dedos gruesos dentro de mí sin aviso. Arqueé la espalda fuera de la cama con un jadeo ahogado; los dedos se me clavaron en las sábanas.—Quédate quieta, Maya —murmuró Julian cerca de mi oído y movió los dedos dentro de mí a un ritmo constante que hizo que las piernas me temblaran sin control—. Querías mirarnos, así que ahora te toca sentir todo.Leo se apartó del beso, respirando con dificultad mientras me miraba desde arriba.—Mi turno. —Cambió de posición, me agarró las caderas y me levantó un poco mientras se alineaba conm
—Mira quién nos estaba mirando —se rió Leo. Se apoyó contra la puerta cerrada.—Yo… solo iba por agua —balbuceé; la cara me ardía de rojo—. Lo juro.Julian no soltó mi brazo. Se acercó mucho y me torció por encima.—Eres una mentirosa de mierda, Maya. Has estado mirando la puerta durante cinco minutos. Vimos tu reflejo en el espejo de la pared.Los ojos se me abrieron de par en par.—¿Sabían?—Dejamos la puerta abierta a propósito —susurró Julian, deslizando la mano hasta la nuca—. Queríamos ver qué harías.No podía ni hablar; la mente se me quedó en blanco total. La habitación estaba caliente y olía a su colonia y al sudor de su piel.—Julian, suéltala —dijo Leo, caminando desde la puerta. Pero no lo decía en serio. Estaba sonriendo—. Mira qué roja tiene la cara. Se ve aterrorizada.—No está aterrorizada —murmuró Julian suavemente. El pulgar le frotó con suavidad el costado del cuello, enviando un escalofrío directo por mi columna—. Ha estado esperando esto todo el verano. ¿Verdad, M







