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La Verga de al Lado(6)

Penulis: WriterDee
last update Tanggal publikasi: 2026-08-07 17:19:43

Nos separamos y nos miramos a los ojos. Él me acarició las mejillas.

—Eres tan hermosa.

—No tienes idea de los sueños que he tenido contigo.

—¿Qué tipo de sueños? —reí, mordiéndome el labio.

—Malos —susurró, trazando besos por mis hombros y mi espalda—. Del tipo en el que gritas mi nombre mientras te penetro por detrás.

Me levantó en brazos.

—Vamos a limpiarte —dijo mientras se dirigía a su baño. Me bajó y abrió la ducha. El agua se llevó el sudor y el semen.

Nos besamos de nuevo y pasé los dedos por su cabello mojado. Luego se arrodilló detrás de mí, separó mis nalgas y se lanzó con la lengua. Gemí y casi me resbalo, pero por suerte me sostuvo firme.

Se levantó y presionó su polla contra mi culo otra vez, entrando fácilmente ahora. Me folló despacio al principio, sus manos recorriendo mi piel mojada, besando suavemente mis omóplatos. Después agarró la ducha, la colocó contra mi clítoris mientras embestía mi culo con fuerza. La presión me hizo gritar. El placer era abrumador.

—¡Sí, fóllame el culo así! —grité, el agua intensificando cada sensación. Él soltó la ducha y rodeó mi cintura con un brazo para sostenerme.

Perdí la cuenta de cuántas veces me corrí.

Nuestro beso fue desesperado mientras me follaba de pie, luego nos bajó a ambos al suelo de la ducha. De rodillas bajo el vapor, lo tomé en mi boca mientras el agua me caía por la cara.

Se retiró y me jaló hacia arriba.

—Córrete conmigo —exigió, y los dos lo hicimos.

Nos desplomamos juntos bajo el agua, besándonos con pereza mientras sus manos trazaban patrones suaves en mi espalda. En ese momento me sentía en el paraíso.

El agua seguía cayendo sobre nosotros. Los ojos de Nick todavía brillaban de lujuria mientras me abrazaba. No parecía satisfecho.

—¿Quieres otra vez? —pregunté, con los ojos abiertos de par en par.

—Me pones tan caliente. Tu olor, tu cuerpo… todo de ti me encanta —dijo con voz ronca.

Me besó otra vez, pero esta vez se sintió posesivo. Pasé las manos por su cabello, amando su aroma.

Me mordió el labio inferior con fuerza suficiente para arrancarme un jadeo, luego se apartó sonriendo de lado.

—Nos llevamos esto al dormitorio. ¿Estás lista?

Asentí con anticipación. Mi coño latía, pero quería más. No podía hartarme de este hombre.

Apagó el agua y agarró una toalla, secándome con suavidad. Temblé cuando se envolvió la toalla en la cintura; su polla ya se estaba endureciendo otra vez debajo.

Me levantó de nuevo y me llevó a su habitación.

Su cuarto estaba limpio y muy ordenado. Mis ojos se abrieron de sorpresa al ver la mesita de noche llena de botellas de lubricante, un vibrador y un par de esposas de cuero sujetas a cadenas que colgaban del cabecero.

Me depositó en el colchón.

—De rodillas, cara abajo —ordenó, quitándose la toalla para revelar su polla completamente erecta.

Obedecí con ganas y levanté el culo, exponiendo mi coño que goteaba. Sin previo aviso, me dio una palmada fuerte en una nalga.

Chillé por el ardor. Me sorprendió que mi coño respondiera de forma diferente. *Qué coño tan sucio.*

—Te encanta esto, ¿verdad? Ser mi putita sucia.

—Sí —gemí. Más. Más. Ya sentía otro orgasmo.

Se rió y luego alcanzó el lubricante de la mesita, echándose una generosa cantidad en los dedos. Primero jugueteó con mi culo antes de meter dos dedos.

Gimoteé mientras añadía un tercero, retorciéndolos y empujándolos hasta que estaba suplicando.

—Te necesito —dije. Necesitaba su polla en mi coño.

Él accedió con gusto y grité contra la almohada. El placer era abrumador, pero empujé hacia atrás encontrando su ritmo brutal.

Ningún sexo que tuviera en el futuro iba a superar esto. Era un sexo de una vez en la vida. Podría follar con este hombre todos los días. Haría lo que me pidiera con tal de que me prometiera follarme bien así.

Su mano bajó una y otra vez sobre mi culo hasta que las nalgas me ardían de rojo.

—Joder, tu agujero me aprieta tan fuerte —gimió, luego se inclinó a morder mi hombro. Sentí cada centímetro de él mientras besaba suavemente la mordida—. Dime qué quieres después.

—Todo —jadeé. Él podía hacerme lo que quisiera—. Úsame. Toda yo.

—Ten cuidado con lo que pides, bebé. Podrías volverte adicta.

Me volteó, agarró las esposas y me aseguró las muñecas al cabecero. Lo observé mientras tomaba el vibrador y lo encendía.

Se bajó y me lo metió en el coño sin piedad. Me estiró y zumbó contra mis paredes, golpeando mi punto G sin descanso.

Grité cuando el primer orgasmo me aplastó, pero él no paró. Inmovilizó mis muslos abiertos con sus rodillas y embistió su polla en mi culo.

La doble penetración me hizo ver estrellas: su polla destrozando mi agujero mientras el juguete devastaba mi coño. Se inclinó y me dio un beso desordenado, tragándose mis gritos mientras me follaba sin sentido.

—Córrete otra vez para mí, aprieta ese culo alrededor de mi polla —exigió entre besos, mordisqueándome los labios.

Estaba hecha un desastre. Él soltó un gemido fuerte y se retiró. Semen caliente salpicó mi vientre y mis pechos. Tiró el juguete a un lado, me volteó de costado y me desató una muñeca solo para volver a atarla al poste de la cama en un nuevo ángulo, dejándome medio enroscada, con una pierna enganchada sobre su hombro.

Entró en mi coño y esta vez fue lento y profundo. Si en ese exacto momento me hubiera preguntado si lo amaba, habría dicho que sí sin dudar.

Nuestros ojos se encontraron y me besó con ternura. Aumentó el ritmo; la cadena de las esposas tintineaba con cada embestida.

—Tómalo, bebé —susurró contra mi oreja y la mordió antes de calmarla con un lengüetazo. Sus dedos encontraron mi clítoris, frotando círculos mientras embestía, cambiando a mi culo a mitad de embestida. El cambio repentino me hizo gritar y tirar de las sábanas. Se rió y luego me dio una nalgada en el muslo antes de besar la marca roja.

—No puedo controlarme contigo —dijo.

Rodamos otra vez y ahora él quedó de espaldas. Yo montaba a horcajadas. Mi mano atada me limitaba, pero lo cabalgué salvajemente, rebotando sobre su polla dentro de mi coño, mis pechos saltando mientras él chupaba un pezón. Sus manos agarraron mi culo.

—Monta más fuerte, haz que ese coño se corra sobre mí.

Hice lo que dijo. Mis jugos empapaban sus huevos. Él me agarró la cintura mientras gemía profundamente. Me encantaba la forma en que gemía.

Se incorporó y me rodeó con los brazos. Nuestro beso fue feroz y nos volteó para que yo quedara debajo, con las piernas envueltas alrededor de su cintura. Me folló en posición del misionero, besándome toda la cara, el cuello y luego el pecho. Me sentía caliente por todas partes.

Por la expresión de su rostro supe que estaba a punto de soltarse.

—No puedo aguantar mucho más. Necesito correrme. —Me miró y asentí sin dudar.

Sentí cómo se corría dentro de mí mientras nos aferrábamos el uno al otro, jadeando como si hubiéramos corrido un maratón. Me desató por completo, frotándome las muñecas con suavidad, luego me atrajo a su regazo para un largo beso, con las manos recorriendo suavemente mis curvas.

—¿Cómo te sientes? —preguntó mientras yo descansaba sobre su pecho. Me sentía segura en su abrazo y no quería irme.

—Eso fue increíble —reí.

Luego me detuve.  

¡Oh, m****a! ¡No usamos condón y yo no estoy tomando ningún anticonceptivo!

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