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Aún su recuerdo duele (2da. Parte)

last update publish date: 2026-08-01 21:27:41

El mismo día

Texas, Austin

Ethan Carter

Aún recuerdo las sirenas, el ir y venir de los oficiales. El rastro de sangre junto al catre. Los gritos ahogados de Olivia mientras nos arrancaban el corazón. Cada palabra que salía de la boca de los policías se convertía en un zumbido lejano. Mi mirada seguía clavada en aquel pequeño zapato de Noah, abandonado sobre el suelo, mientras una y otra vez me negaba a aceptar que ya no estaba con nosotros.

Lo peor llegaba al despertar. Juraba escuchar su risa recorriendo la casa, como si el tiempo se hubiera empeñado en regresar y dejar a Noah escondido en cada rincón. Su sombra aparecía en el pasillo, en las escaleras, detrás de cada puerta que abría. Podía verlo corriendo hacia mí con esa sonrisa capaz de desarmarme, estirando los brazos para que lo cargara.

Las noches me envolvían con su frío y la mitad vacía de la cama terminaba por dolerme hasta el alma. Más de una vez le hablé en voz baja, aunque supiera que no podía escucharme. Le prometía que iba a encontrarlo, que no dejaría de buscarlo hasta traerlo de regreso a casa. Y quizá por eso tampoco soportaba ver a Olivia acurrucada en la habitación de Noah, aferrándose a sus juguetes mientras el llanto terminaba por consumirla.

La culpa me devoraba por dentro. ¿Cómo no iba a hacerlo? Olivia había confiado en mí para proteger a nuestra familia y le fallé. Le fallé a ella. Le fallé a nuestro hijo.

Pero hubo un momento en que comprendí que quedarme de brazos cruzados no iba a devolverme la paz. Cada minuto que pasaba alimentaba una pregunta que me perseguía incluso cuando cerraba los ojos: ¿y si Noah seguía ahí afuera?

No podía seguir viviendo con esa duda.

Mientras todos intentaban convencerme de aceptar su muerte, algo dentro de mí se negaba a rendirse. No encontraba respuestas, pero tampoco podía conformarme con las que los demás estaban dispuestos a darme.

Fue entonces cuando tomé la decisión más difícil de mi vida.

Iba a buscar a mi hijo.

Y no volvería a casa hasta encontrar a mi hijo... o una verdad capaz de obligarme a dejar de buscarlo.

No era una obsesión. Era una necesidad.

Puse mi vida en pausa, aunque nadie entendiera mi decisión. Pero no tuve el valor para despedirme de Olivia. Si la miraba una vez más a los ojos, jamás habría encontrado las fuerzas para marcharme. Así que me fui en silencio, siguiendo cada rastro que aparecía frente a mí.

Día tras día recorrí ciudades enteras persiguiendo un cabo suelto, un testimonio, una cámara de seguridad olvidada o el recuerdo borroso de algún desconocido. Más de una vez crucé cientos de kilómetros para descubrir que la pista pertenecía a otro niño o que alguien había confundido un rostro con otro. Dormí en moteles baratos, aprendí a vivir con una maleta siempre lista para partir y pasé noches enteras revisando expedientes. Cada decepción me golpeaba con más fuerza que la anterior, pero nunca la suficiente para obligarme a renunciar a Noah.

Y cuando ya estaba a punto de aceptar que quizá jamás encontraría una respuesta... todo cambió.

Una mañana recogía mis pocas cosas del motel dispuesto a seguir el camino cuando el teléfono comenzó a sonar.

La pantalla mostró el nombre de mi hermano. Hacía semanas que no hablaba con él.

Deslicé el dedo sobre la pantalla.

—Hola.

—Ethan... —Steve rompió el silencio con una voz más tensa de lo habitual—. Olivia volvió a enviar los papeles del divorcio.

Cerré la mochila de un tirón y apoyé una mano sobre la mesa.

—Retrásalo como has hecho las otras veces. Dile que no sabes dónde encontrarme.

Steve dejó escapar un suspiro cargado de frustración.

—No puedes seguir haciendo esto. Tarde o temprano un juez le concederá el divorcio... además, Olivia va a casarse otra vez.

Apreté la mandíbula. Durante unos segundos fui incapaz de responder.

—Encontré una pista... esta vez es real.

Del otro lado de la línea no se escuchó más que el sonido de su respiración.

—¿De qué estás hablando?

Bajé la mirada hacia la fotografía que llevaba días estudiando.

—Encontré a Noah. Está vivo.

Steve tardó varios segundos en reaccionar. Cuando volvió a hablar, su voz ya no sonaba incrédula, sino conmocionada.

—Entonces... Olivia merece saberlo.

Apenas puse un pie en la ciudad, averigüé dónde podía encontrar a mi esposa. Lo que jamás imaginé fue encontrarla luciendo un vestido de novia.

Durante cuatro años imaginé una y otra vez cómo sería volver a verla. Pensé que el dolor terminaría por robarle esa luz que siempre encontraba en sus ojos. Me equivoqué.

Olivia estaba allí... tan hermosa como la recordaba. Quizá más. Bastó un solo instante para comprender que seguía teniendo el mismo poder de hechizarme, de dejarme sin aliento con apenas una mirada.

Pero ya no me contemplaba con amor.

En sus ojos solo encontré rabia, desprecio y el profundo dolor que yo mismo había sembrado. Seguía siendo la misma mujer de la que me enamoré. Lo único que había desaparecido era la forma en que me miraba.

Me tragué la amargura. Me tragué su rabia, su odio por haberla abandonado y cada palabra que me destrozó por dentro con tal de que me escuchara. Porque, aunque ella todavía no lo supiera, había regresado para decirle que nuestro hijo estaba vivo.

Ahora contemplo su mirada incrédula, mezclada con la rabia. Veo cómo aprieta los labios, cómo lucha por contener las lágrimas y evitar volver a quebrarse frente a mí. La conozco demasiado bien. Sé que está a punto de echarme una vez más.

No se lo permito.

—Me conoces, Olivia... —mi voz sale antes de que pueda contenerla—. Jamás jugaría con algo tan sagrado como Noah.

Ella niega con lentitud. La garganta parece cerrársele mientras sostiene mi mirada.

—El hombre que conocí alguna vez ya no existe. —Su voz apenas se sostiene—. El que tengo frente a mí es alguien a quien no reconozco.

Cada palabra me golpea con la fuerza de una condena, pero no bajo la mirada. No después de todo lo que me ha costado llegar hasta aquí.

—No te pido que me perdones, Olivia. Ni siquiera que entiendas por qué me fui. Solo te pido que me escuches. Después podrás volver a tu vida... continuar con tu boda.

Olivia deja escapar una risa amarga.

—Habla... pero cuando termines, desaparece de mi vida para siempre.

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Comments (8)
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Petit
Es comprensible la actitud de Olivia. Menos mal que le dió la oportunidad de hablar.
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Petit
Hay demasiado sufrimiento en ambos..
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Sara Aguilar
Muero por saber qué pistas encontró
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