LOGINEl silencio se apoderó del corredor.Las palabras de Clara seguían resonando en la mente de todos.> "Solo me contó la mitad de la verdad."Helena no podía apartar la vista de su hermana.Había esperado ese momento durante años sin saberlo.Y, sin embargo, el reencuentro estaba ocurriendo entre armas, humo y paredes que temblaban por las explosiones.Nada era como debía haber sido.---—¿Qué mitad? —preguntó Helena con la voz entrecortada.Clara respiró hondo.Su mirada iba de Helena a Lucien, como si aún no supiera en quién confiar.—Hace seis meses... alguien comenzó a enviarme cartas.Gabriel frunció el ceño.—¿Cartas?Ella asintió.—No tenían remitente.Solo una frase escrita en todas ellas.Cerró los ojos un instante y la repitió de memoria.> **"La verdad nunca murió. Solo espera que la encuentres."**Kessler sintió un escalofrío.—Esa frase...Tomás lo miró.—¿La conoces?El anciano asintió lentamente.—Era el lema del Proyecto Aurora.Todos quedaron inmóviles.Helena volvió a
La puerta blindada descendía lentamente.El metal chirriaba bajo la fuerza con la que Samuel intentaba mantenerla abierta.Del otro lado, Lucien levantó el arma.Su mirada era fría.Calculadora.—Siempre fuiste el más obstinado —dijo con una calma inquietante.Samuel no respondió.Apretó los dientes y empujó con todas sus fuerzas.La puerta apenas se detuvo unos centímetros.Era suficiente.Clara, todavía sentada en la silla de ruedas, observaba la escena completamente confundida.Sus recuerdos aparecían y desaparecían como destellos.Un jardín.Una canción.Una niña riendo.Una voz llamándola.*"Clara..."**"Lena..."*Se llevó las manos a la cabeza.—¡Basta...!Lucien la miró sin una pizca de compasión.—No luches contra ello. Los recuerdos incompletos solo traen dolor.Samuel gritó desde el otro lado.—¡No lo escuches!Ella levantó la vista.Algo en aquella voz le resultaba familiar.No recordaba su nombre.Pero sí la sensación.Era la misma persona que, cuando ambos eran niños, una
El sonido de la explosión todavía retumbaba en el observatorio.El polvo cubría el vestíbulo.Las alarmas no dejaban de sonar.**—Tiempo restante para la autodestrucción: treinta y ocho minutos.**Helena sostenía a Adrián entre sus brazos.La sangre seguía manando de la herida en su costado.—¡Gabriel! —gritó desesperada—. ¡Haz algo!Gabriel cayó de rodillas junto a ellos y rasgó la camisa de Adrián.Observó la herida apenas unos segundos.—La bala entró de lado...Tomó una gasa de emergencia y presionó con fuerza.Adrián apretó los dientes para no gritar.—No atravesó el pulmón... pero está perdiendo mucha sangre.Helena respiró aliviada por un instante.—¿Va a vivir?Gabriel la miró con seriedad.—Si lo sacamos de aquí rápido... sí.Pero si seguimos perdiendo tiempo...No terminó la frase.No hacía falta.---—¡Movimiento arriba! —gritó Tomás.Una lluvia de disparos descendió desde los balcones.Los hombres de Lucien habían recuperado posiciones.Las balas impactaban contra las colu
Las compuertas de acero descendieron con un estruendo ensordecedor.**¡Boom!**El sonido retumbó por todo el observatorio.Las luces blancas desaparecieron y fueron sustituidas por destellos rojos de emergencia.La voz electrónica volvió a resonar.—**Protocolo Épsilon activado. Instalación sellada. Tiempo estimado para autodestrucción: cuarenta y cinco minutos.**Helena sintió que el aire abandonaba sus pulmones.—¿Autodestrucción?Nicolás levantó inmediatamente su computadora portátil.—Está bloqueando todas las salidas...Tomás tomó el comunicador.—¡Equipo Bravo, informen!Solo recibió interferencias.Un segundo después, una explosión sacudió el ala oeste del edificio.El suelo vibró bajo sus pies.Gabriel perdió el equilibrio.Adrián sujetó a Helena antes de que cayera.—¡Todos atrás!El humo comenzó a invadir el vestíbulo.---Lucien permanecía inmóvil.Observando el caos con una serenidad perturbadora.Como si todo hubiera sido cuidadosamente ensayado.—Siempre me fascinó un de
A las cuatro y treinta de la madrugada, el convoy abandonó la cabaña.Las luces permanecían apagadas.Solo la luna iluminaba el estrecho camino que atravesaba el bosque.Dentro del vehículo principal reinaba un silencio absoluto.Helena observaba por la ventana.Sentía un nudo en el estómago.Después de tantos meses buscando respuestas, estaba a punto de enfrentarse al hombre que había destruido a su familia... y quizá reencontrarse con la hermana que apenas comenzaba a recordar.Adrián, sentado a su lado, percibió su tensión.Sin decir una palabra, buscó su mano.Helena entrelazó sus dedos con los de él.No necesitaban hablar.Aquel gesto era suficiente.---Tomás tomó el comunicador.—Todos atentos.En diez minutos tendremos contacto visual con el objetivo.Las pantallas mostraban imágenes enviadas por dos drones.El Observatorio Saint-Michel aparecía sobre la cima de una montaña.Desde lejos parecía un antiguo edificio científico abandonado.Pero las cámaras térmicas contaban otra
El reloj marcaba las dos de la madrugada. La operación comenzaría al amanecer. Tomás y Nicolás seguían ultimando los detalles del asalto al Observatorio Saint-Michel. Gabriel revisaba por última vez los expedientes recuperados y Kessler intentaba reconstruir, de memoria, la distribución del complejo. Nadie tenía intención de dormir. Sabían que aquella misión podía cambiarlo todo. O acabar con todo. --- Helena permanecía frente a la ventana de la habitación que le habían asignado. La lluvia había desaparecido por completo. La luna iluminaba el bosque con una tranquilidad que contrastaba con el caos que llevaba dentro. Escuchó tres golpes suaves en la puerta. No preguntó quién era. Sabía que era Adrián. —¿Puedo pasar? Ella sonrió con discreción. —Nunca has necesitado permiso. Adrián entró despacio y cerró la puerta sin hacer ruido. Durante unos segundos ninguno habló. Solo se observaron. Después de tantas semanas de persecuciones, mentiras y heridas,







