ВойтиLa vecina europea se vestía de forma provocadora; tenía un cuerpo sensual y unos pechos generosos que resaltaban en su figura delicada. Se llamaba Lía. Una noche vino a pedirle a mi esposo que le arreglara la computadora, pero desde dentro alcancé a escuchar gemidos subidos de tono. —¿Quieres probar mi nuevo piercing en la lengua? Considéralo mi pago por la reparación. Enseguida, Silvestre también empezó a gemir de placer. No pude evitar tenerle celos a Lía; hacía mucho que mi esposo no disfrutaba así conmigo. Mientras escuchaba esos gemidos, me metí despacio la mano en el pantalón, pero no logré quitarme las ganas. Dicen que el esposo de Lía tiene un aro de piercings ahí abajo; se me antojaba probarlo desde hacía rato. Si Lía se atrevió a seducir a mi esposo, entonces yo también voy a probar esos piercings.
Узнайте большеDren me llevó a la fuerza a su casa, sacó unos juguetes sexuales enormes y los colocó uno por uno frente a mí.—¿No te gustan los jueguitos? Pues hoy te voy a dar para que te hartes.—Aquí tengo cuarenta y nueve juguetes, y cada uno se puede usar de ocho formas. Te aseguro que la vas a pasar bien.Yo me resistía con todas mis fuerzas, pero Dren me tenía bien sujeta. Desesperada, lo mordí, y él, por el dolor, me dio una cachetada brutal.—Maldita, ¿cómo te atreves a morderme? Veo que ya te cansaste de vivir.Cuando Dren estaba por estrellarme el puño en la cara, uno de sus secuaces lo detuvo.—Jefe, no. Si le destrozas la cara, ya no se va a ver bien. Mejor deja que los muchachos se den gusto primero.Apenas lo dijo, varios me sonrieron con perversidad. Dren lo pensó un momento y aceptó.—Está bien. A esta mujer le hace falta que alguien la dome. Cuando los muchachos la hagan gozar, va a entender quién manda.Para que no escapara ni pudiera resistirme, me amarraron de pies y manos entre
Creí que venían a salvarme, pero quien apareció fue Dren. Detrás de él venía toda su gente.—Lucía, los tres días se cumplieron. ¿Ya lo pensaste bien?Me invadió el pánico. Miré a mi esposo, pero él seguía indiferente.—¡No acepto! No se pasen de listos, que le voy a llamar a la policía.Dren se reía con burla; me miraba con malicia.—¿Que no aceptas? Entonces no te quejes si subo el video a internet. Yo soy justo con todos. Te di una oportunidad y tú la rechazaste.Ahí mismo, frente a mí, subió a internet la grabación de la cámara del baño. Por más que intenté impedirlo, no sirvió de nada. Y mi esposo, la persona en quien más confiaba, también se convirtió en su cómplice.Lía abrazó a Dren por el cuello y le dio un beso apasionado.—Mi amor, esta noche estaba transmitiendo en vivo y Lucía se metió. La audiencia se disparó. ¿Qué hacemos?Al escuchar eso, Dren se excitó y me miró con deseo.—¿Y qué esperamos? Que su esposo se la coja. Después de todo, es su esposo; no es ningún delito.
Al volver a casa, cuanto más lo pensaba, peor me sentía. ¿Dren iba a cumplir lo que había prometido? ¿Y si se ponía de acuerdo con su gente y volvían a grabarme? Ahí sí nadie me creería.Cada vez me quedaba más claro que seguir en ese país era demasiado peligroso. Le supliqué a mi esposo:—Antes de que esto se nos vaya de las manos, mejor volvamos a casa. Todo esto debería ser ilegal; no tenemos por qué dejar que nos pisoteen así.Él dudó un momento y me dijo:—No, aquí todavía tengo trabajo. Si nos vamos, ¿de qué vamos a vivir allá?Yo sabía que le tenía ganas a Lía, y por eso no quería volver. Por más que insistí, no sirvió de nada; acabé suspirando, con la esperanza de que recapacitara pronto.Por suerte, Dren me había dado tres días para pensarlo. En esos días busqué por todos lados en internet de ese país y no encontré ningún video mío.Como mi esposo no quería volver, tuve que quedarme aquí. Esos días los pasé con el alma en un hilo. Y mi esposo, encima, seguía intentando lavarme
¿Por fin iba a llegar esa sensación?Por fin iba a probar esa sensación de tocar el cielo que mi esposo siempre describía. Al pensar en todos estos años de penurias, por fin pude soltar la tensión que llevaba dentro.Dren me abrazó con fuerza y entró.***—Ah...Un dolor inmenso me hizo sentir virgen otra vez. Por primera vez, me hizo sentir placer como mujer.Esas hileras de bolitas de acero recorrían mi cuerpo de un lado a otro... Una tras otra, me estimulaban los puntos más sensibles. Oleada tras oleada, el placer me arrastraba desde el fondo hasta la cima, como en una montaña rusa.En medio de aquel placer, alcancé a ver un punto rojo en el techo. ¡Ese punto rojo parecía una cámara oculta de las que ponen en los hoteles! El susto me heló por dentro y me sacó un sudor frío. El placer se me apagó de golpe.¿Qué hacía Dren con una cámara en el baño? Lo aparté de un empujón y él puso cara de que no entendía.—¿Qué pasó? ¿Te lastimé?Señalé el punto rojo del techo y lo encaré.—¿Qué es






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