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Capítulo 110

Author: Svaqq16
last update publish date: 2026-10-18 14:27:44

De nuevo lo mismo. Ella se recostó en el sillón de al lado con los ojos fijos en la pantalla luminosa de su móvil.

Cuando su teléfono timbró, el sonido rompió el silencio de la estancia. Rebeca no fue capaz de cortar la llamada entrante; en el identificador se podía ver el nombre de Alfonso. Pensó que lo había preocupado demasiado el día anterior. Tenía la opción de levantarse y responder en la cocina o en la sala. Gael descansaba en el sofá contiguo con los ojos cerrados, la figura rígida y l
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  • Divorciada del CEO mujeriego   Capítulo 110

    De nuevo lo mismo. Ella se recostó en el sillón de al lado con los ojos fijos en la pantalla luminosa de su móvil. Cuando su teléfono timbró, el sonido rompió el silencio de la estancia. Rebeca no fue capaz de cortar la llamada entrante; en el identificador se podía ver el nombre de Alfonso. Pensó que lo había preocupado demasiado el día anterior. Tenía la opción de levantarse y responder en la cocina o en la sala. Gael descansaba en el sofá contiguo con los ojos cerrados, la figura rígida y los párpados pesados por la fatiga acumulada. Ella se aclaró la garganta y contestó sin más. —Hola. —Rebeca, qué alivio me da escuchar tu voz. —Alfon… —bajó el tono de su voz hasta casi convertirla en un susurro tenue—. Alfonso, estoy bien. Lamento tanto preocuparte. —No, no lo lamentes. Me alegra que estés bien. —Sí. —Me gustaría verte. Estoy cerca de tu casa, ¿puedo pasar? No te quitaré mucho tiempo. Rebeca apretó los labios hasta formar una fina línea. Alfonso le confesó sus sentimient

  • Divorciada del CEO mujeriego   Capítulo 109

    Rebeca cruzó la puerta de la habitación de su pequeña Regina, tras colocar sobre su cuerpo el traje esterilizado, el cubrebocas y los guantes de protección. De no ser por la frágil existencia de la niña, ya habría caído en las garras de la locura. Cada vez que evocaba su rostro angelical, se repetía en silencio que debía mantenerse fuerte. —Te amo —le susurró con la mirada anegada en lágrimas—. Vas a salir de aquí. Yo sé que sí. Yo confío en que sí. Transcurridos cinco minutos, la enfermera le recordó en voz baja que el tiempo de visita había concluido. Ella asintió en silencio con una mueca de pesar. Al salir al pasillo en busca de Gael, la enfermera le informó que el hombre se hallaba en consulta. Ella intentó convencerse de que solo discutía asuntos médicos sobre Regina. Sin embargo, cinco minutos más tarde, la misma mujer le aclaró que el personal de guardia le aplicaba un suero vitaminado, que el procedimiento no tardaría demasiado y que él solicitó que lo aguardara allí. —S

  • Divorciada del CEO mujeriego   Capítulo 108

    Rebeca pasó la yema de sus dedos por la frente de Gael, perlada de sudor. En su mente se repetía una y otra vez el rostro lleno de pánico, el latir fuerte de su corazón sobre la palma de su mano. Esto de verdad los sobrepasaba a ambos. Ver a Regina inconsciente en una cama de hospital, ¿qué tan contraproducente sería contarle a un hombre así de devastado que su propia madre fue la causante de destruir a su familia? —Está dormido —le confirmó a Zully en un susurro. La enfermera asintió en silencio y Rebeca le hizo una seña sutil para que la siguiera hacia la cocina. —¿Qué pasa? ¿Estoy despedida? —preguntó Zully con las manos inquietas y el cabello sujeto en un chongo mal hecho. —No —le dijo Rebeca; apretó los labios un instante y luego prosiguió—: Zully, no podemos decirle nada a Gael sobre esto. —Tiene razón, así es mejor —la enfermera afirmó el comentario y soltó un largo suspiro de alivio. —Él… está muy cansado, muy ansioso por el estado de salud de nuestra Regina. Si le di

  • Divorciada del CEO mujeriego   Capítulo 107

    —Tengo mucho sueño —le dijo Rebeca entre bostezos, con la voz apagada por el cansancio. Gael la guio con cautela hasta su habitación. —Me quedaré en la sala —le anunció al quedar frente a la puerta de la recámara. Rebeca asintió en silencio, entró al cuarto, pero apenas cinco minutos después se levantó del colchón y salió de nuevo en busca de Gael, empujada por una necesidad inconsciente de refugio. Lo vio sentado en la penumbra, con la espalda recargada en el respaldo del sillón y los ojos cerrados. Ella se acomodó en el sofá más pequeño que quedaba a un lado y, al cerrar los ojos, vencida por la fatiga física y emocional, cayó en un sueño profundo. Transcurrieron minutos o quizás horas; Rebeca abrió los ojos de golpe al sentir la firmeza de un contacto suave sobre sus hombros. Era Gael, quien cubría su cuerpo con una cálida frazada. —Tenías frío —le explicó él con voz baja al notar su mirada desconcertada. En el fondo, imaginó que ella le soltaría algún comentario hostil. Aun

  • Divorciada del CEO mujeriego   Capítulo 106

    —Cuando algo se rompe… ya no se puede reparar —repitió Rebeca en voz alta en la soledad de la penumbra. Entonces más recuerdos crueles emergieron en su mente en una ráfaga despiadada. Gritos, reclamos, dolor contenido. —Cuando algo se rompe… Cerró los ojos y buscó refugio en el descanso, pero el sueño le fue imposible. Salió hacia la cocina en busca de otro vaso de agua. ¿Acaso transcurrió una hora o dos desde la partida de Ana Miller? No lo sabía; la noción del tiempo se le había extraviado por completo. Avanzó descalza sobre la baldosa fría. Bebió el agua con lentitud, trago a trago. Soltó un suspiro pesado que le quemó la garganta. —Ya no se puede reparar —se dijo en un susurro, con una resignación que le oprimió el pecho. —Qué bueno que estás despierta. Rebeca giró hacia el punto exacto de donde provino esa voz profunda. Era Gael. ¿De verdad se trataba de él o solo era otro fantasma de su memoria que venía a atormentarla? Ella lo vio avanzar a paso firme por el pasi

  • Divorciada del CEO mujeriego   Capítulo 105

    Alfonso cruzó la entrada de la residencia con la única intención de verificar que Rebeca estuviera bien. La preocupación le contraía las facciones del rostro. —Rebeca, ¿qué pasó? —Hola, Alfonso —lo saludó ella con un hilo de voz cansado—. Bueno, mi bebé sigue en el hospital, pero yo confío en que estará bien… —Sí, verás que sí. Alfonso dirigió la mirada hacia la enfermera; en sus ojos había una muda exigencia de respuestas. La llamada que recibió de Rebeca minutos atrás le dejó un amargo sabor en la boca. Ella le preguntó si cuando algo se rompe resulta imposible de reparar, y después confesó que sentía un enorme hueco en el pecho, aunque intentó convencerse de que aquello debía ser normal. —Sí, bueno, tengo mucho sueño. Debo descansar porque el doctor me dijo que si quería que todo el proceso fuera bien, tenía que tener mucho reposo y estar tranquila. Así que me voy a dormir —Rebeca se levantó del sofá con lentitud; su piel lucía de un tono cetrino por la fatiga. Le extendió

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