INICIAR SESIÓN—¡No puedo estar embarazada! —Los exámenes son claros, señora Ferrer. Está de seis semanas —el médico levantó la mirada de los resultados, esbozando una gran sonrisa. —¿Está… completamente seguro, doctor? —la voz de Margaret se quebró y parpadeó incrédula. —Sí, señora. ¿Tiene alguna duda? Ella llevó una mano temblorosa a su boca, como si necesitara comprobar que aún podía respirar. El silencio se prolongó hasta volverse incómodo, y cuando al fin logró articular palabra, su voz salió cargada de incredulidad. —Mi esposo y yo estábamos planificando… esto no era parte de nuestros planes. ¿Cómo pudo suceder? —Los métodos de planificación no son cien por ciento confiables. Lo importante es que comience con sus controles prenatales. Le recetaré las vitaminas necesarias… La voz del médico se desdibujó en un murmullo lejano. Margaret apenas escuchaba, ni siquiera sabía cómo un embarazo cambiaria su vida en ese momento se sentía tan confundida, que no comprendía como había pasado todo, Lucien lo controlaba todo, inclusive, él era quien controlaba la planificación para no tener hijos, de repente, una punzada en el pecho la atravesó y sonrió. «Estoy embarazada… vamos a ser padres» pensó con los ojos cerrados, permitiéndose unos segundos de ilusión antes de enfrentarse al mundo. Margaret, acorralada por la indiferencia de su esposo, decide huir, aun sabiendo que está embarazada, pero él, no va a dejárselo tan fácil. ¿podrá su ex esposo arrepentido curarle el corazón?
Ver másLa voz de Margaret terminó de quebrarse en medio de la frase, como si todo lo que había contenido durante días finalmente la sobrepasara.—…porque no pienso darle explicaciones por ti —murmuró, pero ya no había firmeza en su tono, solo cansancio y miedo.Su frente seguía apoyada contra la mano de Lucien cuando sintió el cambio.Fue un breve movimiento, y luego, un suspiro largo. Margaret se quedó completamente inmóvil.El corazón comenzó a latirle con fuerza mientras levantaba apenas la cabeza, observándolo esperanzada.—…Lucien —susurró, sin atreverse a moverse demasiado.Entonces lo escuchó.—De mí… no te vas a deshacer tan rápido…La voz era débil, rasgada, pero completamente real.Margaret reaccionó de inmediato. Levantó la cabeza de golpe, sus ojos se llenaron de lágrimas en cuestión de segundos y lo miró como si necesitara asegurarse de que no estaba soñando.—Lucien… —repitió, esta vez sin poder controlar el temblor en su voz.Él tenía los ojos entreabiertos, cansados, pero con
El ruido de los disparos todavía retumbaba en el aire cuando el cuerpo de Lucien se desplomó frente a ella.Margaret apenas tuvo tiempo de reaccionar. Sus manos lo sujetaron por instinto, intentando sostenerlo, pero el peso de él la obligó a ceder hasta quedar de rodillas en la cubierta.—Lucien… —murmuró, con la respiración entrecortada.Él tenía los ojos entreabiertos, pero la mirada ya no estaba firme. Su pecho subía y bajaba con dificultad, y la sangre seguía extendiéndose por su camisa sin detenerse.Margaret sintió cómo el miedo le cerraba la garganta.—No… no —negó de inmediato, llevando ambas manos a la herida—. No me hagas esto… ¡Lucien!Presionó con fuerza, sin importarle mancharse, sin importarle nada más que detener esa sangre que no dejaba de salir.—¡Gael! —gritó, con la voz rota—. ¡Necesito un médico, ahora!A su alrededor, los hombres seguían moviéndose, asegurando el área, pero todo le parecía lejano. Como si el mundo se hubiera reducido únicamente a ese momento.Luci
El tiroteo no había cesado. Las balas seguían atravesando el aire en ráfagas desordenadas.Adrien, agachado detrás de una de las estructuras, observó la escena con el rostro tenso. Sus hombres retrocedían, algunos heridos, otros buscando refugio sin saber desde dónde vendría el siguiente disparo. Del otro lado, los hombres de Lucien avanzaban con una coordinación que él no había previsto.Adrien estaba perdiendo el control, y lo sabía.Apretó la mandíbula con fuerza. No iba a permitir que lo capturaran, ni que todo terminara de esa forma. Si tenía que abandonar el yate, lo haría. Aún tenía una oportunidad de huir en una de las lanchas traseras.Pero no se iría solo.Se levantó con rapidez y corrió hacia el interior del yate, esquivando las balas que silbaban a su alrededor. Hasta que llegó frente a la puerta del camarote donde Margaret estaba encerrada.Giró la cerradura de golpe y abrió.Margaret estaba sentada en el suelo, con la espalda apoyada contra la pared, los ojos hinchados y
Mientras tanto en el YateEl agarre en su brazo fue tan brusco que Margaret apenas tuvo tiempo de reaccionar.—¡Suéltame! —protestó, intentando zafarse mientras el hombre de Adrien la arrastraba por el pasillo del yate.Las contemplaciones que se había ganado durante los días anteriores desaparecieron, Adrien estaba ofendido por su traición, sería algo que no le perdonaría tan fácil, por más amor que sintiera por ella. Él estaba de pie cerca de la barandilla, con los brazos cruzados y la mirada fija en el horizonte, pero en cuanto escuchó el alboroto, giró la cabeza.Sus ojos se clavaron en Margaret, la miró con desprecio, decepcionado. Y la rabia crecía en su interior como el mismo amor que sentía.—Adrien, por favor… —dijo ella, forzándose a sonar tranquila mientras el hombre la seguía empujando—. No vuelvas a encerrarme. Todo fue una equivocación, ¡escúchame! no es lo que estás pensando.Adrien no respondió de inmediato. La observó durante unos segundos, como si estuviera viendo a
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