FAZER LOGINLa voz de Adrian estaba cargada de frustración mientras miraba a Lopez de pies a cabeza.Lopez dudó, sintiendo un nudo en el estómago.—A la fiesta —respondió en voz baja—. Como me pediste.La mandíbula de Adrian se tensó.—¿Esto es lo mejor que pudiste hacer? —preguntó, con una voz cargada de decepción.—Eh... —Lopez tuvo dificultades para encontrar las palabras adecuadas. El calor subió por sus mejillas mientras la humillación la invadía—. Lo siento... No tuve mucho tiempo para prepararme.—¿En serio? —La voz de Adrian se elevó—. ¿Se supone que eso es una excusa? Te hablé de esta fiesta hace días. Fuiste de compras para esta fiesta, ¿y esto fue lo que elegiste?Respiró profundamente y bajó la voz, aunque no sonó menos duro.—¿Eres mala para todo? ¿De verdad eres así de poco refinada?Lopez no dijo nada.Cada palabra dolía más que la anterior.Adrian sacó su teléfono y revisó sus contactos. Después de encontrar el número que buscaba, hizo la llamada. Mientras esperaba que la persona
—¿No te gusta? —preguntó Lopez, confundida.—¿Qué es todo esto? —exigió Adrian, con un tono cortante mientras observaba la sala recién decorada.El corazón de Lopez se hundió. Inmediatamente se dio cuenta de que sus esfuerzos habían salido mal.—Pensé... Pensé que estaría bien darle un poco de vida a la casa —respondió con cautela, intentando leer la expresión de Adrian.—¿Y pensaste que esto era necesario? —La voz de Adrian se volvió más cortante con cada palabra.Lopez se mordió el labio, mientras la decepción se apoderaba de ella. Solo quería hacer que la casa se sintiera más cálida, pero en cambio, solo había conseguido hacerlo enojar más.—Lo siento —dijo en voz baja—. Yo solo quería...—No me importa lo que querías —la interrumpió Adrian—. Esta es mi casa y no aprecio que hagas cambios sin mi permiso.Lopez bajó la cabeza, sintiendo el peso de sus palabras en el pecho.—Señor Adrian, yo...—Espera.Sus ojos se posaron de repente en una fotografía enmarcada que estaba sobre la re
—Eh... yo... déjeme...Toria tartamudeó, con la mente completamente en blanco.El guardia de seguridad frunció el ceño.—¿Qué? ¿Hay algún problema?—No... ninguno.Forzó una sonrisa.—Se lo diré.Sin esperar otro segundo, Toria se apresuró de regreso hacia los probadores, con el pánico escrito en todo el rostro.Esto es malo.¿Qué hago ahora?Caminó de un lado a otro, tratando desesperadamente de pensar en algo que le diera más tiempo a Lopez antes de que Adrian descubriera que se había ido.Justo cuando estaba a punto de perder la esperanza, una voz familiar sonó detrás de ella.—¿Me estás buscando?Toria se dio la vuelta rápidamente.Lopez estaba allí como si nada hubiera pasado.El alivio en el rostro de Toria fue casi cómico.—Sí, señora —respondió el guardia—. El jefe quiere hablar con usted.Le tendió el teléfono.—Le diré que está aquí.—Espera.Una de las empleadas frunció el ceño.—Pensé que todavía estaba en el probador.Lopez se quedó inmóvil por una fracción de segundo.—¿
A la mañana siguiente, Lopez estaba tan emocionada por ver a su familia y encontrar una solución a su problema inmediato que se olvidó por completo del desayuno.No esperaba que Adrian comiera en casa de todos modos, pero después de que él aceptara el desayuno que ella había preparado el día anterior, se dio cuenta de que había sido descuidada.—¿No hay desayuno hoy?La voz de Adrian tomó por sorpresa tanto a Lopez como a Toria.—Buenos días, señor —saludó Toria inmediatamente, enderezando la postura.—Buenos días... señor —repitió Lopez, sin saber qué más decir.Adrian levantó una ceja.¿Desde cuándo empezó a llamarme señor?Cuando ninguna de las dos volvió a hablar, Lopez asumió que estaba esperando una explicación.—Yo... lo siento, señor Adrian —tartamudeó, sintiendo cómo sus mejillas se calentaban—. Me ocupé con algo y lo olvidé por completo.Adrian soltó un resoplido.—¿Te ocupaste con algo?—Prepararé algo rápidamente ahora —añadió Lopez, esperando aliviar la creciente tensión.
Al llegar a la oficina, Adrian se encontró inmediatamente con mucha actividad mientras sus empleados se apresuraban a lidiar con un inversionista problemático.—¿Qué está pasando exactamente? —preguntó Adrian, recorriendo con la mirada los rostros tensos a su alrededor.Clementina se aclaró la garganta antes de hablar.—El señor Gesa exige una revisión de su contrato debido a la reciente caída del mercado de valores y los problemas con el tipo de cambio.La expresión de Adrian se oscureció de inmediato.—¿Y cómo consiguió esa información? Esto sucedió ayer y ordené específicamente que no se hiciera ningún anuncio hasta que todo estuviera resuelto, ¿no es así? —Su voz se volvió más fría—. He estado fuera un día y ¿ya tenemos un inversionista insatisfecho?La habitación quedó en silencio.Nadie se atrevió a responder.—Volveremos a eso después —dijo Adrian—. ¿Dónde está el señor Gesa ahora?—En la sala de conferencias con el señor Lucas, señor.Adrian no esperó a escuchar otra palabra.
—Deja las tonterías, hombre. No me gusta —protestó Adrian.—No suenas tan convincente como tus palabras, joven —sonrió Joey con picardía—. Vamos, no hay nada de malo en que te guste alguien.El rostro de Adrian se sonrojó ligeramente. La simple idea de admitir que se sentía atraído por Lopez le parecía una traición a sí mismo, especialmente después de todo lo que había pasado entre ellos.—Dije que no, Joey —insistió Adrian con firmeza—. Lopez es solo un medio para conseguir un fin. Nada más.Joey levantó una ceja, claramente no convencido.—Claro, amigo. Lo que tú digas.Adrian suspiró y se pasó una mano por el cabello.—¿Podemos dejar el tema, de acuerdo? —dijo, esperando desviar la conversación de su vida amorosa.Joey se encogió de hombros, aunque la mirada de quien sabía algo que él no permaneció en sus ojos.—Por mí está bien. Solo recuerda que la negación no es solo un río en Egipto.Adrian puso los ojos en blanco, pero no pudo evitar la pequeña sonrisa que apareció en sus labi







