LOGINEstoy mojada, temblando de frío, pero estoy segura en sus brazos.—¿Será que alguno de los hombres muertos en el mar es Leandro? —pregunta Sérgio.—No, en el momento en que estábamos en el agua, él pasó en moto acuática y no nos vio —respondo.—Mucha mierda, carajo —dice Marcos, con rabia.—Vamos, vamos —dice Dominic, llevándome a la moto acuática.Sérgio y Marcos van en otra moto acuática. Me agarro a la cintura de Dominic, y apoyo mi cabeza en su espalda. Él pilota con velocidad, rasgando las aguas agitadas en dirección a la costa. El alivio de estar de vuelta en tierra firme es inexplicable. Dominic toma mi mano, y caminamos en dirección a los otros empleados de la holding. Camila está llorando mucho, y cuando me ve, corre en mi dirección y me da un abrazo apretado.—Stella, ¿estás bien? —pregunta Camila.—Sí —respondo.—¿Y Felipe? —pregunta Rafael, con la voz preocupada.—Está gravemente herido —responde Sérgio.—Menos charla y más acción. Sérgio y Marcos van delante y resuelven t
Felipe está muriendo, y no puedo hacer nada.—¿Por qué todo esto me está pasando a mí? —susurré, con la voz temblorosa.De repente, oí una voz llamándome.—¡Stella!Es la voz de Dominic. Sabía que no me dejaría atrás. Vino a salvarme.—¡DOMINIC, AQUÍ! VEN RÁPIDO, POR FAVOR.El sonido del motor de la moto acuática cortó el silencio de la isla, y mi corazón comienza a latir más fuerte. ¡Dominic está llegando! ¡Me oyó!—¡DOMINIC! —grito con todas las fuerzas que me quedan, mientras me levanto y corro a la orilla de la playa, moviendo los brazos y tirando de mi cuerpo hacia arriba y hacia abajo, como si estuviera bailando una danza frenética de alivio y desesperación.—¡AQUÍ! ¡AQUÍ! ¡AQUÍ! —grito con la garganta rasgada, mientras las motos acuáticas se acercan, y Felipe se pone cada vez más débil, comienza a temblar de frío.Llegan, bajan de las motos acuáticas y corren en mi dirección. Dominic me abraza con fuerza, apretándome contra su cuerpo fuerte, y siento una ola de alivio invadirme
Él abrió los ojos, y me miró con una sonrisa débil.—Vas a conseguirlo —dice, con la voz ronca.Y sé que él tiene razón. Tenía que conseguirlo. Tenía que llegar a la isla. Tenía que salvar a Felipe. La isla está allí, tan cerca que consigo sentir la arena caliente bajo mis pies. Pero el mar no está dispuesto a dejarnos en paz. De repente, una caja brillante aparece en las olas, flotando cerca de mí. Con dificultad, conseguí agarrarla. Tal vez fuera un botiquín de primeros auxilios, tal vez una señal de esperanza. Continúo nadando, con Felipe en mis brazos, y la caja sujeta a mi otra mano. El mar se agita nuevamente, las olas golpeando con fuerza, intentando arrastrarnos de vuelta al abismo. Pero soy más fuerte. Nado extenuantemente, lucho contra las olas... Después de cierta lucha, consigo llegar a la isla. La arena caliente bajo mis pies me dio una sensación de alivio. Lo conseguí. Lo conseguimos.—¡LO CONSEGUIMOS! —grito, con la voz ronca y débil, pero llena de alegría.Arrastrar a
El mar está agitado, pero no puedo rendirme. Tengo que llevar a Felipe a la seguridad. El agua helada me envuelve, e intento nadar con todas mis fuerzas, pero las aguas están furiosas, las olas golpeando con fuerza contra nosotros.—¡Tenemos que llegar a la isla! —digo, con la voz ronca, mientras intentaba mantener la cabeza por encima del agua.La fuerza de la corriente nos arrastra lejos, y las olas parecen querer engullirnos. Una ola gigante se alza, y nos hunde de repente. El agua helada llena mis pulmones, y siento el miedo.—¡FELIPE! —grito con desesperación, mientras intento mantenerme cerca de él.No lo suelto. Tengo que salvarlo. La lucha es dura, y me esfuerzo con todas mis fuerzas para volver a la superficie. El agua helada me envuelve nuevamente, pero esta vez, la sensación de desesperación es mayor. Vuelvo a la superficie, pero el mar parece querer engullirme de nuevo. Felipe está débil, y lo sujeto con todas mis fuerzas, intentando mantener su cabeza por encima del agua.
Tengo certeza de que estará allí para protegerme. De repente, vi un haz de luz a lo lejos. Los hombres en las motos acuáticas están cada vez más cerca, y empiezan a disparar con más intensidad. Felipe esquiva con habilidad.—CUIDADO —grita, mientras esquiva una ráfaga de disparos.El mar está agitado, las olas golpeando con fuerza la lancha. El cielo se abrió de repente, y un helicóptero de Scott Holding aparece en el horizonte. Viene en nuestra dirección, disparando ráfagas sobre los hombres en sus motos acuáticas. La esperanza renace dentro de mí. ¡El socorro había llegado!—Están cubriéndonos —dice con la voz llena de alivio.Los disparos del helicóptero son precisos y potentes, y los hombres en sus motos acuáticas comienzan a alejarse.—¡VAMOS A LA ISLA! —grita, mientras esquivaba un disparo que pasó rozando su cabeza.Dirige la lancha con habilidad, esquivando las rocas que emergen del mar, mientras el helicóptero continúa disparando. El mar parece querer engullir la lancha, las
La adrenalina bombea en mis venas, y corro con todas las fuerzas que tengo. Los disparos tienen como objetivo nosotras, pero ninguno nos alcanza.—Vamos Stella, más rápido.Tengo miedo, pero Felipe me da fuerza. La adrenalina me impulsa, corremos en dirección al muelle, con Felipe guiándome, los disparos resonando detrás de nosotros. La brisa fría del mar golpea mi rostro, mezclada con el olor a pólvora y miedo. Cada paso es un grito de desesperación. El sonido de nuestros pies golpeando el asfalto es la única música que acompaña nuestra huida.—¡Vamos a entrar al muelle y subir a las embarcaciones! —grita, esquivando dos disparos.Corremos con todas las fuerzas, los hombres persiguiéndonos, con el ruido de los disparos intensificándose. El muelle es un laberinto de embarcaciones, y sigo a Felipe sin vacilar. Entramos en una lancha, y él empieza a manipular algo en la parte de atrás, mientras yo intento controlar la respiración y el miedo que me paraliza.—¿Qué estás haciendo? —pregun







