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Capítulo 2

Author: Lía Vallejo
Nadie se atrevió a decir ni una palabra. La habitación quedó en un silencio sepulcral.

No lo repetí. Simplemente me di la vuelta para irme.

Cesare me sujetó por la espalda, rodeándome con fuerza.

—No te vayas, Giulia. Es mi culpa, pero voy a cambiar. Dame una oportunidad y te juro que todo será diferente.

Sus hombres se interpusieron en mi camino, bloqueando la salida.

—Donna, ¿qué está haciendo? —dijo uno de ellos—. El Don ha estado con usted desde la preparatoria y la universidad. Son diez años de matrimonio. No puede echarlo todo a perder así nada más.

—Él la ama con locura, ¿y así es como le paga? Además, usted está esperando un hijo suyo. ¿Quiere que el niño crezca sin un padre?

Al oír eso, Mamma abrió los ojos como platos. Me agarró del brazo, clavándome las uñas con fuerza.

—¿Qué acaba de decir? Giulia, ¿estás embarazada? ¿Y aun con esas pides el divorcio? ¿Perdiste la cabeza? ¿A dónde piensas irte con un bebé?

Fui apartando sus dedos, uno por uno.

—Es mi hijo. Y lo voy a criar yo sola. Me voy a divorciar.

A Mamma se le cortó la voz.

—¿No era esto lo que más querías en la vida? Esperaste desde los veinte hasta los treinta años por este milagro. Ahora que por fin se te dio, ¿vas a destruir tu matrimonio?

No dije nada. Hubo un tiempo en que deseaba un hijo con toda mi alma, pero hace tres años perdí mi único embarazo. Y ahora que por fin volvía a estar esperando, él prefería volcar todo su cariño en el hijo de Bianca.

Lo único que quería era romper cualquier vínculo con Cesare.

En ese momento, la puerta se abrió. Bianca, mi hermanastra, entró con el bebé en brazos. Ignoró por completo a los demás y clavó la mirada directamente en Cesare.

—Don Ferrante, espero no llegar tarde.

En cuanto la vio, Cesare me soltó y fue hacia ella para cargar al niño. Lo miró con una ternura tal, que parecía estar viendo a su propia sangre.

Se me revolvió el estómago. Me cubrí la boca de inmediato, luchando para que nadie notara que me temblaba todo el cuerpo.

—Giulia, escuché la discusión... No tenía idea de que te pusiera así que el Don me diera una mano con el bebé —bajó la vista, haciéndose la víctima—. Me voy a buscar otro lugar ahora mismo. Mañana mismo saco mis cosas, pero por favor, no la agarres con él por mi culpa.

Cesare frunció el ceño con desaprobación.

—¿Por qué habrías de mudarte? Solo te estoy ayudando con el bebé. No es para tanto.

Luego se volvió hacia mí.

—Giulia, nuestros problemas son cosa nuestra. No metas a gente inocente en esto. Dijiste que alguien te sacó de la carretera, pero las cámaras muestran que el otro auto iba tranquilo a tu lado.

—Dime la verdad. ¿Tú provocaste el accidente? ¿Querías deshacerte del bebé a propósito para escaparte con tu amante?

Todos contuvieron el aliento. Hasta los guardias se quedaron tiesos.

Papa, fuera de sí, agarró una copa de vino de la mesa y me la lanzó a la cara.

—¡Es el heredero de esta familia y te atreves a decidir por tu cuenta! ¡Has manchado nuestro apellido! ¡Como vuelvas a mencionar el divorcio, olvídate de que tienes Papa!

Cesare me clavó una mirada llena de odio mientras lanzaba su última amenaza:

—Giulia, puedo perdonarte esta locura. Pero si nos divorciamos, olvida la protección de los Ferrante.

Me aparté el cabello empapado de la cara. El vino frío me corría por el cuello, pero no bajé la cabeza. Mi voz salió firme y constante:

—Aunque deje de ser la hija de Dante Rossi y la Donna... me voy a divorciar de ti.

Me di la vuelta y me alejé sin mirar atrás.
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