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Un hijo perdido.

Penulis: Pandora
last update Tanggal publikasi: 2026-09-09 14:34:34

El automóvil avanzaba por las calles mientras Valentina miraba por la ventana.

Dentro, reinaba un silencio extraño. El aire parecía faltarle a la arquitecta.

Vale, permanecía sentada junto al CEO con la espalda recta y las manos apretadas sobre su bolso.

No sabía qué pensar.

Desde que el CEO había insistido en llevarla personalmente a la oficina, algo en él había cambiado.

Damiano ya no parecía simplemente el hombre frío y autoritario que conocía.

Parecía... distraído.

Incluso preocupado.

Y eso la inquietaba mucho más.

Ella miró discretamente hacia él.

Se dió cuenta de que tenía la mandíbula tensa.

Sus ojos permanecían fijos en el camino, pero su mente estaba muy lejos de aquella carretera.

Estaba con Donovan.

Con el niño hijo de la jefa de arquitectos que acababa de contratar y que acababa de conocer.

Con aquellos ojos grises.

Es imposible, se decía así mismo.

Damiano apretó el volante.

Había visto docenas de niños durante su vida.

Nunca había sentido aquello.

Pero cuando Donovan lo había mirado directamente, había experimentado una sensación inexplicable.

Como si estuviera viendo algo que conocía.

Algo suyo.

¿Por qué sus ojos son iguales a los míos?

La pregunta volvió a aparecer.

Y después otra.

¿Por qué tiene esa forma de responder?

¿Por qué es tan orgulloso?

¿Por qué me miró como si pudiera leerme?

Damiano cerró los ojos durante un instante.

Aquello era ridículo.

Los niños podían parecerse a personas que no tenían ninguna relación con ellos.

Pero entonces recordó algo que Donovan había dicho.

Una frase.

Una simple frase que ahora parecía adquirir otro significado.

— No me gustan los hombres que mienten. —había dicho el pequeño.

Damiano tragó saliva.

Él tampoco soportaba las mentiras.

Demasiadas coincidencias.

Demasiadas.

— Señor...

La voz de la arquitecta lo sacó de sus pensamientos.

— ¿Sí?

— ¿Se encuentra bien?

El CEO la miró.

Durante un segundo, quiso preguntarle directamente.

¿Quién es el padre de Donovan?

Pero lo detuvo la manera en que ella había reaccionado cuando él preguntó por el padre.

Su incomodidad.

Su silencio.

Había algo que no quería contar.

— ¿El padre de Donovan está muerto? —Preguntó finalmente.

Ella palideció, ese tema era algo de lo que no le gustaba hablar.

— No lo sé. — Finalmente respondió.

Damiano frunció el ceño.

— ¿Cómo que no sabes?

— Es... Un poco complicado.

—Entonces explícate.

Ella bajó la mirada.

— No puedo.

Aquellas dos palabras hicieron que Damiano se impacientara.

No había dicho no quiero.

Había dicho no puedo.

¿Por qué?

El hombre comenzó a hacer conexiones.

Cinco años.

Un padre ausente.

Una mujer que evitaba hablar del pasado.

Un niño con sus mismos ojos.

Su misma personalidad.

Su misma manera de hablar.

Demasiadas coincidencias para ignorarlas.

— ¿Cuándo nació Donovan? — Preguntó.

Ella respondió con la fecha.

— Nació el 20 de diciembre del dos mil veintiuno.

Damiano se quedó inmóvil.

La fecha golpeó su memoria.

La conocía. Era el mismo dia de nacimiento de Emma.

La recordaba perfectamente.

Porque aquel día...

Damiano dejó de respirar durante unos segundos.

Aquel día había ocurrido algo que llevaba cinco años intentando olvidar.

Una noche.

Una mujer.

Una noche de desenfreno.

No podía ser.

— Señor...

La arquitecta lo observó preocupada.

— ¿Está bien?

El CEO no respondió.

Sus dedos se habían quedado inmóviles sobre el volante.

No.

No puede ser él mi...

Pero ahora la duda ya no era una simple curiosidad.

Era una posibilidad.

Una posibilidad aterradoramente grande.

Cuando llegaron al estacionamiento privado de la empresa, Damiano apagó el motor.

La arquitecta abrió la puerta. El CEO no sabía que a ella le estaba pasando exactamente lo mismo con Emma, su cabello negro, sus ojos azules, su dulzura.

Si no fuera porque lo consideraba imposible, ella diría que también es su hija, al igual que Donovan.

— Gracias por traerme.

— Espera. No te vayas.

Ella se detuvo al instante.

El presidente la miró.

— Subirás conmigo.

— Claro... ¡¿Qué?!

Valentina no tuvo más remedio que subir, después de todo él era el jefe y sus órdenes leyes.

En el ascensor, ninguno habló.

Vale seguía tan nerviosa que mantenía la mirada fija en los números que ascendían.

Damiano, en cambio, observaba el reflejo de la arquitecta, hoy se había presentado tan hermosa a trabajar con ese traje ejecutivo.

Más estaba seguro de que ella le ocultaba algo.

Al llegar a su oficina, él entró y sentó detrás de su escritorio.

— Siéntate. — Le señaló a Valentina, la silla.

Ella obedeció en silencio.

— Necesito que... Me digas todo lo que sea referente a Donovan. El nombre de su padre, a qué se dedica, quiero saber.

— !¿Qué cosa?!

— Quiero toda la información disponible sobre Donovan. Eso dije. — El CEO no se andaba por las ramas era como dice ese dicho, "De tal palo tal astilla"

Ella palideció.

— ¡¿Por qué?!

Damiano sostuvo su mirada.

— Porque quiero saber quién de quién es hijo.

El corazón de la arquitecta pareció detenerse.

Durante unos segundos no pudo responder, ni siquiera respirar.

Damiano lo notó.

Y esa reacción fue suficiente.

— Señor Ferrer... Usted no tiene ningún derecho a meterse en mi vida personal.

— ¿Por qué tienes miedo de lo que descubra?

Ella se levantó de golpe.

— ¡Yo no tengo miedo! Solo... son cosas personales.

Damiano se puso de pié y caminó hacia ella.

No había enojo en sus ojos.

Había algo mucho más peligroso.

Necesidad de saber de donde venía el niño.

— Entonces dime la verdad.

Ella abrió la boca.

Pero no salió ninguna palabra de sus carnosos labios.

Damiano entonces retrocedió.

— Está bien.

— Si tú no quieres hablar, encontraré las respuestas de otra manera.

La arquitecta lo miró aterrorizada.

— ¡No lo haga! — Vale, no quería que se supiera la manera en la que fue concebido su amado hijo.

El presidente se detuvo.

Aquella súplica confirmó sus sospechas.

— ¿Por qué no? ¿Tienes algo que esconder?

Ella tenía los ojos llenos de lágrimas.

— Porque no es asunto de nadie más que mío.

Damiano se quedó observándola detenidamente, sus ojos azules, la pequeña nariz.

Después tomó asiento.

— Entonces quizá sea hora de descubrir qué es lo que tanto quieres proteger.

— No hay nada que a usted le importe.

Dicho eso, ella salió de la oficina de forma apresurada, no podía seguir escuchando a su jefe.

Damiano se quedó solo con las manos sobre el escritorio.

Encendió la pantalla de su computadora.

Abrió el calendario.

Escribió la fecha de nacimiento de Donovan.

Después escribió la fecha que había recordado.

Coincidían.

Su rostro perdió el color.

— No...

Abrió un cajón de su escritorio y sacó una vieja caja que llevaba años sin tocar.

Dentro había fotografías, documentos y recuerdos de una época que había enterrado.

Buscó desesperadamente entre ellos.

Hasta que encontró una fotografía.

La tomó con manos temblorosas.

Era una imagen de aquella noche.

Una mujer estaba a su lado.

Damián la observó.

Después miró nuevamente la fotografía.

Y finalmente recordó su rostro.

El mismo rostro que acababa de ver los últimos dos días en la oficina.

El rostro de la madre de Donovan. "Valentina Rivas"

Damiano dejó caer la fotografía sobre el escritorio.

Su respiración se volvió pesada.

Cinco años sin saberlo.

Cinco años pensando que aquella historia había terminado.

Entonces tomó nuevamente la fotografía. En el reverso había una fecha escrita a mano.

Y debajo de ella, una frase que Damiano jamás había leído.

«Si algún día descubres que tienes un hijo, no intentes buscarlo.»

Damián se quedó completamente inmóvil.

¿Quién había escrito aquella advertencia?

¿Por qué habían querido ocultarle al niño?

Y, sobre todo...

¿Qué había ocurrido realmente aquella noche, cinco años atrás?

Damián levantó lentamente la mirada hacia la puerta por donde había salido la arquitecta.

Ahora ya no tenía dudas de que Donovan estaba relacionado con él.

Lo que todavía no sabía... era quién había hecho que concibieran a Donovan, y quién había decidido separarlos.

Por qué.

La respuesta podía estar mucho más cerca de lo que imaginaba.

Quizá incluso dentro de su propia familia.

De pronto se escuchó una voz llena de furia.

—¡¿Quién carajos ha estado jugando con mi vida y la vida de mi hijo?!

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Komen (2)
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Pandora
Gracias Teresa...
goodnovel comment avatar
Teresa Maldonado
Que interesante.
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