LOGINValentina permaneció inmóvil frente al escritorio. La pregunta de Damiano seguía flotando entre ambos. —¿Qué fue exactamente lo que ocurrió aquella noche en que nacieron Donovan y la bebé? Ella bajó la mirada. Durante unos segundos pareció debatirse entre responder o levantarse y marcharse. Pero finalmente respiró profundamente y tomó valor para contar lo que recordaba de aquella terrible noche. —No sé cuánto sabes. —Por eso te estoy preguntando. Valentina levantó los ojos hacia él. —Entonces te lo diré. Damiano asintió. Ella tomó asiento frente a su escritorio. —Aquella noche... nacieron dos bebés. La voz se le quebró. —Yo no había tenido un embarazo bueno, no podía cuidarme como era debido. Damiano sintió un nudo en el pecho al escuchar eso. El no había estado ahí para ella. Valentina continuó. —Yo estaba muy débil. El parto había sido complicado. Recuerdo haber escuchado llorar a mis bebés. Recuerdo que estaban vivos. Cerró los ojos. Y por un instante pareció re
Damiano Ferrer permaneció frente a Sofía sin apartar la mirada. Se preguntaba que le había visto a esa mujer falsa y malvada. Ya no quedaba ni siquiera un solo rastro del amor que un día le tuvo. Tampoco le quedaba paciencia para ella. —Descubrí todas tus mentiras, Sofía. Ella negó con la cabeza. —¡Me estás incriminado, soy inocente de lo que me acusas! —¿Inocente? Tú si que tienes la cara dura. —Sé que fingiste haber perdido la memoria. Sé también que Emma no es tu hija, que la robaste de un hospital. Sofía comenzó a temblar. —Damiano, yo... —¿Qué pasa? Lo del.robo de la niña me lo vas a explicar. La mujer se quedó paralizada. El silencio fue inmediato. Damiano entrecerró los ojos. —Emma es mi hija. Sofía abrió los labios, pero no consiguió pronunciar una sola palabra. —¿Creíste que jamás iba a descubrirlo? Qué nunca estuviste embarazada y que sembraste una hija entre nosotros. —No... —¿Pensaste que podías mantenerme engañado para siempre? —
—¿Te divierte tanto verme la cara de estúpido? La pregunta de Damiano Ferrer, cayó sobre la mujer pelirroja como una cubetada de agua fría. Sofía Lares se quedó inmóvil. Durante unos segundos no supo qué responder. Nada de lo que estaba ocurriendo con el CEO, era algo que habría esperado. Ni su reacción. Ni su frialdad. — Damiano... ¿Qué es lo que dices...? — No. No intentes enredarme más en tus mentiras, Sofía. El CEO levantó una mano. —No vuelvas a decir mi nombre con esa expresión de inocente. Ya no funciona conmigo. Sofía tragó saliva. — No sé de qué estás hablando, ¿Cuáles mentiras? Acabo de regresar después de estar años perdida, ¿Y es así como me recibes? Damiano soltó una sonrisa fría. — Eso es precisamente lo que más me molesta. Caminó lentamente hacia ella. — Que todavía tengas el descaro de seguir mintiéndome después de que descubrí toda la verdad. — Yo nunca quise engañarte... — ¿Nunca? Una risa amarga escapó de los labios del CEO. —
Emma seguía llorando. El CEO que siempre la había consentido en todo, no le gustaba para nada verla así. El CEO se agachó frente a ella y la tomó suavemente de los hombros. — Mírame, princesa. La niña levantó sus ojos azules llenos de lágrimas. — Papá, ¿De verdad es mamá? Él respiró profundamente. Por primera vez en mucho tiempo, aquel hombre acostumbrado a controlar empresas, negociaciones y situaciones imposibles no encontraba las palabras adecuadas para tranquilizar a su propia hija. — Las cosas son complicadas, pero tienes que preocuparte por nada de esto ahora. Deja que papá se haga cargo. — !Pero ella, él dijo que es mi mamá…! El CEO la abrazó contra su pecho. — Quiero verla, papá, ella vino por mi. Emma escondió el rostro en su camisa. — ¿Vas a dejar que se vaya? El CEO cerró los ojos durante un instante. — No voy a permitir que nadie te haga daño. — Se apartó ligeramente para mirarla. — Además, tengo una gran sorpresa para ti. Si eres buena, s
Sofía había llegado al límite. Durante años había intentado mantenerse lejos, convencida de que podía empezar una nueva vida junto al hombre que había elegido como amante. Pero el dinero no dura para siempre, y comenzó a desaparecer con una rapidez alarmante. Los lujos terminaron por mermar la fortuna que se había llevado para vivir libre, tal como le gustaba. Más ahora los restaurantes exclusivos habían quedado atrás. Los hoteles donde alguna vez había dormido rodeada de comodidades dejaron de ser una opción. Además su amante no trabajaba, no te iba ningún oficio y no aportaba dinero a la relación. Su única función era mantenerla satisfecha y hacerla feliz. Entonces comprendió algo que se negaba a aceptar: Sin el dinero del CEO Ferrer, su nueva vida no podía ser costeada. Una noche, sentada frente a una ventana del pequeño departamento donde se había refugiado con su amante, Sofía miró su teléfono. Había una fotografía de Emma. La niña sonreía. Sofía apretó
El aroma de la salsa de tomate y las especias llenaba la cocina. Damiano Ferrer, uno de los hombres más temidos del mundo empresarial, tenía las mangas de la camisa remangadas y una expresión de absoluta concentración mientras intentaba cortar unos champiñones. A su lado, Donovan lo observaba con detenimiento. — Los estás cortando demasiado gruesos, papá. Damiano levantó una ceja. — ¿Ahora también eres chef? — No. Pero sé usar un cuchillo. ¿Tú no sabes? ¿Tú madre no te enseñó? Damiano soltó una pequeña carcajada. — Eso sí lo heredaste de mí. Lo directo y claro. Donovan lo miró de inmediato. Aquella frase quedó suspendida en el aire. Damiano también se quedó quieto. Había algo extraño en convivir con aquel niño tan diferente en muchos aspectos. Cada gesto, cada mirada, incluso aquella manera seria de responderle, le provocaban una sensación que no podía explicar. Era como mirarse a sí mismo muchos años atrás. Cuando era un niño y era criado y cuidado por







