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cap 5

Author: Pandora
last update publish date: 2026-09-09 17:37:30

Valentina había salido de la oficina de su jefe sin un rumbo fijo.

Jamás había contado como fue que concibió a Donovan, no como fue que vino al mundo, ni cuando su nena murió, la hermanita gemela de su hijo.

— No puedo decir que no siquiera sé quién es el padre de mi hijo, ¿Quién demonios no sabe con quién engendra a su hijo?

La mujer lloraba en la azotea del edificio, tenía sus manos cubriendo su rostro cuando sintió un toque cálido.

Suavemente alguien había descubierto su cara para mirarla a los ojos.

— Señor Ferrer...

— No, llámame Damiano.

Valentina no pudo resistir más y se echó a llorar en los fuertes brazos de su jefe.

El hombre acariciaba sus cabellos oscuros con una ternura que nunca se supo capaz de sentir ni dar a una mujer.

Siempre hermético, siempre inalcanzable, reservado y frío, pero con ella, con Valentina Rivas, sus muros se habían desmoronado desde la primera vez que la vió.

Desde que chocó con el en aquel pasillo, cuando vió sus vivaces ojos azules tan expresivos.

— Llora, saca todo lo que llevas dentro. Estoy aquí, no iré a ningún lado.

Una vez que se desahogó, Valentina sacó el rostro del recoveco del pecho del CEO.

Sus miradas se cruzaron por unos momentos, iban de los labios a los ojos, hasta que no pudieron contenerse más.

Juntaron sus labios para besarse, para probarse y sentirse.

El beso fue suave al principio, pero después el CEO fue dominante, posesivo, la tomo de la cintura y la pegó a su cuerpo para que ella no pudiera irse de sus manos.

Valentina correspondió al hombre que sin proponérselo despertaba intensas emociones en ella.

Una atracción fuera de control, deseo, obsesión.

La arquitecta se olvidó de todo, incluso de ese prometido faltó de convicciones que tenía.

En ese momento solo podía sentir la piel de Damiano Ferrer, tocando la suya. Su beso con sabor a menta y puro.

La mujer aspiraba la exquisita colonia del millonario y se dejaba llevar por el ritmo que el marcaba.

Aunque Damiano Ferrer era un importante y poderoso CEO, el jóven hombre tenía deseos propios a su edad, al igual que Valentina.

Ninguno de los dos quería terminar con esas caricias que ambos se daban.

De pronto los labios del presidente ya recorrían el blanco cuello de la arquitecta.

De pronto ella gemia su nombre, deseando que le diera más de él.

Mientras que Damiano quería mucho más de ella y sus ardientes besos.

Pero el lugar no era el indicado. El atractivo hombre por supuesto que quería tenerla, más no ahí, y muy en contra de su voluntad tuvo que detenerse.

Al separarse pufo ver la mirada de Valentina llena de deseo por él. Y estaba seguro de que ella podía ver en su mirada lo mucho que la deseaba.

Deseaba tocarla.

Desnudarla.

Hacerla que gimiera su nombre.

Damiano se daba cuenta de que nunca en su vida había deseado a una mujer tanto como la quería a ella.

— Damiano... Yo...

La ojiazul se acomodaba la ropa que el CEO le había desacomodado mientras le dejaba besos húmedos.

Las mejillas de Valentina estaban sonrojadas, sentía su cuerpo arder, pero no había manera de que siguiera con lo que estaban haciendo en ese lugar.

— Valentina. Está bien, los dos lo quisimos, los dos lo sentimos, no hay nada de que avergonzarse.

— Eres mi jefe, Damiano, esto no está bien, estamos borrando la linea de lo profesional con lo personal.

Vale negaba con la cabeza, quería recuperar la cordura, quería decir que eso no iba a volver a pasar. Pero le estaba costando soltar al hombre que se le había metido en lao pensamientos en tan poco tiempo.

— Está bien, está bien, estamos en la compañía, no estuvo bien. No volverá a pasar... Aquí, en nuestro lugar de trabajo.

— ¿Qué...? ¿Qué quieres decir?

Lo que quiero decir es que no te tocaré aquí, respetaré tu espacio, pero fuera de aquí ya no seré tu jefe, sino Damiano Ferrer, el hombre, el hombre al que le gustas y te desea, al que le has puesto la vida de cabeza.

— ¡No! Yo... ¿Qué pasa si me niego?

— Puedes negarte si quieres, pero eso me impedirá que te persiga, que te conquiste, que te haga mía.

Valentina no podía pensar con la cabeza. Ese hombre era realmente directo con lo que quería.

Si carácter dominante quedaba más que demostrado, pero las cosas no eran tan sencillas.

Cuando estaba a punto de hablar, el asistente Patricio llegaba a buscar a su jefe.

La puerta de la azotea se abrió y apareció el hombre de traje y gafas.

— Señor Ferrer, disculpe que los interrumpa, pero hay un asunto muy importante que tiene que atender de inmediato.

El CEO nunca quito la mirada de Valentina, pero sabía que tenía que retirarse.

— Escucha, debo ocuparme, pero quiero una cita contigo está noche, no acepto que te niegues.

— No puedes obligarme a salir contigo. — Peleo Valentina.

— No, pero si te niegas te volveré a subir aquí, y está vez no voy a detenerme...

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Teresa Maldonado
Así si x las buenas vamos
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