LOGINEspero les este gustando como va la historia. Recuerden comentar, dejar sus reseñas y dar like para mas capitulos.
La enfermera cerró la puerta de la habitación con suavidad, dejando un silencio pesado y frío que envolvía a Oliver. Su rostro pálido, los párpados caídos, revelaban el agotamiento de semanas sin dormir, sin comer… había dejado de ser él mismo. Ahora tumbado en aquella cama con una herida a un costado de su cuerpo, gravemente lastimado.— ¿Va a estar bien? — la ahora reconocida voz del hombre del otro lado tomó a la enfermera por sorpresa.— ¿Otra vez usted? No entiendo como no lo han sacado de aquí ya — le respondió la mujer con intriga.— No me moveré de aquí hasta saber cómo esta.— Ya se lo he dicho, está estable.— Entonces… ¿por qué no me permite verlo?— Porque es un recluso que no tiene permitido recibir visitas, y tampoco está en condiciones de hacerlo.— Pero acaba de decir que está estable. ¿Me está mintiendo?La mujer soltó el aire contenido y lo miró directo a los ojos.— Escucha, Hugo, ¿verdad? El hombre que está detrás de esa puerta ha sido herido de gravedad. No fue… un
El sol se filtraba por los grandes ventanales del baño principal, inundando la habitación con una claridad suave, casi dorada. La tina blanca, rebosante de agua tibia y pétalos de rosa, se encontraba en el centro, y Sofía, con el rostro perlado en sudor, respiraba con fuerza, aferrada a las manos de su partera y de Marcus, que no se movía de su lado ni un segundo.— Ya casi, amor. Solo un poco más — murmuró Marcus, besando su frente empapada—. Eres increíble. Lo estás haciendo perfecto.Sofía solo asintió con los ojos entrecerrados, luchando contra el dolor, pero llena de una calma extraña. Afuera, Camila esperaba sentada en la sala, con un peluche entre las manos, mientras Eve la acompañaba y le explicaba con ternura lo que estaba pasando. Camila tenía una mirada ansiosa, pero también emocionada.El ambiente era cálido, contenido, lleno de amor.Un grito breve y fuerte salió de los labios de Sofía, y de pronto el silencio fue roto por un sonido nuevo, puro, hermoso: el primer llanto d
El anillo brillaba bajo la tenue luz de la habitación cuando Alex se arrodilló ante Eve. Estaban en la cima de un rascacielos, en una cena organizada solo para ellos dos, con la ciudad iluminada como testigo. Eve estaba en shock, pero cuando lo miró a los ojos y vio todo el amor contenido en ellos, no dudó un segundo.— Sí — susurró, riendo entre lágrimas —. Claro que sí, Alex. Dios, esto es… maravilloso. ¡Un sueño! Es tan perfecto.Desde ese día, fueron más que una promesa: se convirtieron en un hogar.Durante el embarazo, Alex fue insuperable. Cada día traía algo distinto: jugo natural a las cinco de la mañana, paseos al parque con música clásica en los audífonos de Eve, y hasta un cuaderno donde anotaba cada antojo para intentar replicarlo o encontrarlo. La adoraba. Cada cambio en su cuerpo, cada molestia, la vivía con ella. Si a Eve le dolía la espalda, a Alex le dolía el alma.Pero el pasado… el pasado nunca se iba del todo. Y durante esos meses, tuvieron que afrontarlo.Fue una t
Un mes más tarde.— ¿Tomaste tus vitaminas? —preguntó Alex, asomándose por la puerta del vestidor, con una ceja alzada y los brazos cruzados.Eve giró desde el espejo, ajustándose los aretes. Llevaba un vestido fluido en tonos claros, elegante pero cómodo, con los tacones que había elegido a juego. Sonrió.— Sí, Alex. Las tomé.— ¿Y esos tacones no están muy altos? ¿Llevas el medicamento para las náuseas? Tengo el auto con el tanque lleno por si en medio de la ceremonia se te antoja algo de China, porque no pienso fallarte — dijo él, enumerando con una mezcla de seriedad y ternura desbordante.Eve no pudo evitar reírse y caminar hacia él, tomándole la cara entre las manos.— Estás completamente loco, ¿lo sabías? Pero así te amo.— ¿Qué...? —murmuró él, con los ojos abiertos —. Espera... ¿Escuché bien?Ella retrocedió un paso, apenada.— ¿Qué?— Eso último. ¿Lo puedes repetir?Eve le sostuvo la mirada. Había llegado el momento. Respiró hondo, y lo dijo sin temblores.— Te amo, Alex.Ale
Semanas después…El atardecer bañaba el cielo de tonos dorados y rosados, fundiéndose con la brisa tibia que llegaba desde el jardín trasero de la casa. La ciudad quedaba lejos. Esa noche no existía más que ese instante: la mesa servida bajo guirnaldas de luces, la risa de Camila corriendo descalza sobre el césped, y el corazón liviano de una familia que por fin respiraba en paz.Sofía, con un vestido blanco de algodón que le caía suavemente sobre los hombros, miraba a su hija reír junto a Alex, que hacía trucos con las cartas mientras Eve servía limonada en vasos altos. Todo era armonía.Marcus apareció desde la cocina, con una botella de vino para enfrían en el jardin y una sonrisa que no podía ocultar. Sus ojos encontraron a Sofía, y se detuvieron en ella como si cada paso dado valiera solo por volver a verla feliz. Luego cada uno volvió a lo suyo en aquella preciosa tarde.— Últimamente… noto un brillo extraño en tu mirada — le dijo Sofía a Eve.Su amiga dejó las bebidas sobre la m
El Palacio de Justicia de Nueva York estaba rodeado de cámaras, reporteros y curiosos. Las noticias ya habían recorrido el país: "El caso Blackstone llega a juicio final", "Testimonios, traiciones y verdades ocultas saldrán a la luz". El escándalo había sacudido los cimientos de una de las familias más poderosas y, por primera vez, los protagonistas no eran los empresarios… sino los secretos que los habían marcado.Una camioneta negra se detuvo frente a los escalones principales. Las cámaras giraron al instante. Micrófonos. Gritos. Flashes.Marcus bajó primero.Impecable, imponente, vestido con un traje negro perfectamente ajustado y una mirada que destilaba frialdad y determinación. Extendió la mano de inmediato y ayudó a Sofía a bajar. Ella llevaba un conjunto color crema, elegante pero sobrio. Su cabello recogido, su expresión serena. Hermosa. Firme. Inquebrantable.— ¿Sofía, es cierto que su propia madre está involucrada?— ¿Qué tiene para decir sobre los cargos?— ¿Está preparada







