Inicio / Mafia / EL VICIO DE GRECO / 🦁 LEÓN Y SANGRE🩸

Compartir

🦁 LEÓN Y SANGRE🩸

last update Fecha de publicación: 2025-06-12 05:23:32

(Perspectiva de Greco Leone)

La primera regla era no sentir, Greco la había repetido toda su vida como un mantra. Desde los diecisiete años, cuando vio morir a su padre en los brazos de un traidor, supo que el corazón era un lujo. Uno que no se podía permitir pero ahora… ahora algo tambaleaba en su interior. Estaba sentado en su despacho, el humo del habano dibujando espirales lentas en el aire. La oficina era silenciosa, con paredes cubiertas de madera y una ventana que daba al Duomo. Milán estaba tranquila esa noche. Pero él no lo estaba.

—¿Y bien? —preguntó una voz al otro lado de la habitación.

Greco giró la cabeza. Dante su mano derecha desde hacía una década, lo observaba con una ceja arqueada y los brazos cruzados.

—Llevas estos días raros, todo después de ese Ballet —dijo el hombre, directo—. No es por negocios. No es por la policía. Es otra cosa. ¿Es ella?

Greco lo miró en silencio. Luego dio una calada al habano.

—No es asunto tuyo.

—Cuando tu distracción pone en riesgo todo lo que construimos, sí es asunto mío —gruñó Dante acercándose un paso más.

Greco se tensó.

—Mide tus palabras.

—¡Mido mis lealtades, Greco! —estalló Dante—. Hay rumores. Los Serrano están moviéndose en el sur. Gente de Ruggiero ha desaparecido. Y tú andas de sombra detrás de una bailarina como si fueras un adolescente enamorado. ¡Despierta, maldita sea!

El golpe fue rápido y seco. Greco se levantó y lo estrelló contra la pared con una fuerza brutal.

—No la menciones. Nunca. ¿Me oyes?

Dante lo empujó con el antebrazo, sin miedo.

—¿Qué pasa contigo? ¿Desde cuándo te afectan los ojos de una mujer?

Greco lo soltó.

Se alejó hacia la ventana, respirando con dificultad.

—No es solo ella —dijo, finalmente—. Es lo que representa. Una vida fuera de esto. De nosotros. De la sangre.

—¿Y crees que tienes derecho a eso?

—No lo sé —admitió, con los ojos perdidos en la ciudad.

Dante guardó silencio. Luego se volvió hacia el escritorio.

—Los Serrano están cerrando tratos con los napolitanos. Alguien les dio información de nuestras rutas. O tenemos una fuga… o un traidor.

Greco giró lentamente. Su rostro era de piedra otra vez.

—¿Y tú qué opinas?

—Opino que si no empezamos a movernos, el próximo cadáver será uno de los nuestros. O peor… tú.

Un silencio pesado se instaló entre ambos Greco apagó el habano y se sirvió un whisky.

—Convoca a los capitanes. Esta noche. En la cava.

—¿Y ella?

—Ella no esta involucrada. Aún no.

Dante asintió y salió del despacho. Pero su mirada, antes de irse, lo dijo todo: desconfianza. Temor. Y algo más… una grieta que empezaba a abrirse entre ambos.

La cava estaba llena de humo y tensión. Una decena de hombres, todos leales a Greco, lo miraban en silencio mientras él les explicaba la situación: los movimientos de los Serrano, la posibilidad de un traidor, y la necesidad de cortar el problema de raíz.

—No hay espacio para vacilar —dijo—. Si hay que derramar sangre, será la de ellos. Pero si descubro que alguien de esta mesa nos vendió… lo enterraré con mis propias manos.

Todos asintieron.

Menos uno.

Gianni, uno de los más antiguos, evitaba su mirada. Greco lo notó. También lo notó Dante esa noche, cuando todos se retiraron, Greco y su mano derecha se quedaron en la cava, en silencio.

—¿Gianni? —preguntó Dante.

—Míralo de cerca. No actúes todavía. Quiero pruebas.

—¿Y si la guerra empieza esta semana?

Greco se sirvió otro trago.

—Entonces haremos lo que siempre hacemos.

—¿Qué?

—Sobrevivir. Y matar a quien se interponga.

Más tarde esa noche, cuando todo estaba en calma, Greco condujo solo por las calles de Milán. Aparcó frente a un edificio discreto y se quedó dentro del coche, mirando una ventana iluminada del segundo piso Sabía que ella estaba ahí. Bailando. O llorando. O soñando.No bajó solo se permitió observar. Por un momento, el león dejó de rugir Y recordó cómo se sentía ser humano.

*AL DIA SIGUIENTE*

El teatro amanecía envuelto en un susurro de pétalos.

Arianna había llegado temprano. Aún dolida, aún con el alma hecha jirones, se aferraba a la música como una tabla salvavidas. Al entrar al salón de ensayo, lo vio: un ramo de peonías blancas y lirios rosa, envuelto en papel crema con un lazo de terciopelo borgoña. No había tarjeta. Solo un pequeño mensaje escrito a mano: “Para la mujer que danza incluso cuando todo, dentro de ella duele.”

Sus dedos temblaron al tocar las flores. Miró a su alrededor, buscando una pista, un rostro, una sombra. Nada. Solo el eco de la ciudad y el silencio.

—¿Quién…? —susurró para sí misma.

En un edificio no muy lejos, Greco observaba desde su ventana. Apretaba el cigarro entre los dedos. La vio tomar el ramo. Cerró los ojos. No era cobardía. Era cautela. En su mundo, los gestos gentiles eran armas.

“Que esas flores te digan lo que aún no puedo”, pensó.

---

El segundo acto del ballet se preparaba en silencio. Las bailarinas entraban al teatro con pasos disciplinados. Arianna caminaba un poco más despacio, con los hombros bajos y la mirada nublada por noches sin descanso. Las secuelas de los golpes aún no se iban, pero la vida, como el escenario, no daba tregua.

Cuando abrió la puerta del camerino principal, el aroma la envolvió primero: un perfume dulce, delicado, que parecía no pertenecer a ese mundo gris.

Sobre la mesa, otro ramo de flores reposaba como un secreto recién contado. Rosas blancas, peonías lavanda, y una única flor de magnolia en el centro. No había tarjeta. Pero sí un pequeño sobre de papel grueso. Dentro, una nota:

“El alma más bella es la que sigue danzando aún con las alas rotas. No estás sola.”

Arianna cerró los ojos. Un nudo se formó en su garganta. Por primera vez en semanas, se permitió llorar sin miedo.

—¿Quién hace esto…? —preguntó en voz baja, aunque en su corazón ya lo intuía.

---

Desde un balcón oscuro, Greco observaba. Dante, de pie tras él, cruzó los brazos.

—¿Vas a seguir con este juego de espectador mudo? —preguntó sin rodeos.

—No es un juego, Dante —respondió Greco con la mirada fija en el teatro—. Es lo más real que he sentido en años. Pero si me acerco ahora, la destruyo.

—¿Y si se rompe sin ti?

Greco no contestó. Encendió otro cigarro. El humo cubría su rostro como una máscara.

----

En el teatro, Arianna le mostró las flores a una compañera.

—¿Tienes idea de quién…?

—No —interrumpió la otra con una sonrisa pícara—. Pero si fuera yo, me dejaría encontrar.

Arianna sonrió débilmente. Pero en el fondo, algo despertaba: un consuelo, una intriga, una sensación de ser vista sin ser tocada.

Esa noche, bailó con una ternura que hizo llorar al director. Con la flor de magnolia en el cabello, giró como si danzara para alguien que la miraba desde las sombras.

---

*AL DÍA SIGUIENTE*

El día después del ensayo fue distinto Arianna llegó al teatro con el corazón temblando entre el pecho. Aún no sabía quién le había enviado esas flores, pero desde que las recibió, algo dentro de ella se sentía... menos sola. Una parte mínima, casi imperceptible, sentía que alguien allá afuera entendía su dolor.

Las flores no habían desaparecido las había llevado consigo y guardado una de las magnolias secas en su diario personal. Pero lo que no sabía era que Paolo también lo sabía.

---

—¿Flores? —escupió la palabra Paolo al cerrar la puerta del apartamento con fuerza.

Arianna se volvió, dejando su bolso en el sillón. Su rostro cambió apenas lo vio. Los ojos de Paolo brillaban con una mezcla de celos, rabia y algo aún más oscuro.

—¿Quién te manda flores, Arianna?

Ella tragó saliva.

—No sé… no venía con nombre.

—Intentó sonreír, restarle importancia.

—No sabes —repitió él con ironía, caminando hacia ella—. Claro que no sabes. ¿Y no te parece raro que alguien deje un ramo costoso justo en tu camerino? ¿O es que tú sí sabes muy bien quién fue?

—Te digo que no… Paolo, por favor.

Él le sujetó el brazo de golpe. El gesto fue tan violento que Arianna sintió el tirón directo en el hombro.

—¡Eres una cualquiera! ¡Eso es lo que eres! ¿Crees que no lo notan? ¿Crees que no se dan cuenta de cómo te mueves en ese escenario, como si ofrecieras algo más que baile?

—¡Basta! —Arianna intentó zafarse—. ¡No tienes derecho!

—¡Claro que tengo derecho! ¡Eres mía!

El golpe fue seco. No con el puño cerrado. Fue con el dorso de la mano, justo en la mejilla. Arianna cayó de espaldas, golpeando el suelo con la cadera. El sabor metálico de la sangre le llenó la boca.

—Paolo… —dijo con un hilo de voz.

—¿Te dolió? ¿Eso te dolió? Pues imagina lo que siento yo viendo que me estás traicionando. ¿Es uno del teatro, verdad? ¿Uno de esos maricones que se te quedan mirando como si fueras un trozo de carne?

Arianna lloraba, sin poder levantar la voz. Su cuerpo temblaba, como si no pudiera controlar el miedo. Pero su mirada, entre las lágrimas, ardía con algo más: dignidad.

—Yo no te pertenezco. Nunca lo hice.

—¿Ah no? —Paolo se inclinó sobre ella, respirando cerca de su rostro—. Entonces vete. Sal ahora. Corre a los brazos de quien sea que te manda flores… Pero recuerda esto, Arianna: nadie te va a amar como yo. Nadie va a tolerar lo que yo tolero.

—Eso no es amor… —susurró—. Es prisión.

El silencio se volvió un cuchillo. Paolo se apartó, pateando una silla con rabia. Su respiración era errática, los ojos desorbitados.

—No te quiero ver saliendo de ese teatro otra vez sin que yo lo apruebe —gruñó—. Y si descubro quién fue… le parto la cara.

Luego salió, azotando la puerta. La soledad volvió a caer sobre el apartamento como una sombra.

Arianna, aún en el suelo, llevó una mano al rostro. Le dolía todo. El cuerpo, el orgullo, el alma. Pero algo dentro de ella… esa parte que había recibido las flores… seguía viva. Aunque temblara, seguía viva.

---

Esa noche, desde la distancia, Greco observó una ventana. La luz estaba encendida. No sabía lo que había pasado dentro. Pero algo en su pecho ardió con una urgencia nueva.

Sin saber su nombre, sin haber tocado su piel, sin haber escuchado su voz… Greco ya sabía que tenía que protegerla.Y que alguien más la estaba dañando.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • EL VICIO DE GRECO    👑EL VICIO DE GRECO CAPÍTULO FINAL👑

    El salón principal de la sede Leone Vinicola estaba engalanado para la despedida. Las paredes de vidrio mostraban, detrás de las luces, el viñedo que se hundía en la penumbra; las mesas, dispuestas en semicírculo, hablaban de una casa grande que, esa noche, se reducía a miradas contenidas y a un adiós que nadie quería pronunciar demasiado alto. Había música suave, una colección de amigos y socios, y la familia en primer plano: Greco, Arianna, Dante, Luciana, Ekaterina, Morozov, Ravenna. Los jóvenes conversaban en grupos; Victoria permanecía en un punto intermedio, bella y tranquila, pero con los ojos que delataban una atención a cada movimiento de Dante Jr. La despedida era para él. Para Dante Leone Jr., que había decidido aceptar la responsabilidad de Milán: un salto dentro del mundo legítimo de empresas pantalla y tramas que necesitaban de una mano joven, lista y discreta. Él lo llamaba “ir a aprender”; la familia lo llamaba “una misión”. Para Dante Jr. era, sobre todo, una for

  • EL VICIO DE GRECO    💔LO QUE EL CORAZÓN NO CALLA💔

    El sol apenas comenzaba a filtrarse por los ventanales del viñedo. El aire olía a uva fresca y a café recién hecho; la vida seguía con la misma cadencia perfecta que los años habían construido. Pero dentro de Dante Jr, nada estaba en calma. Se había despertado temprano. No podía quitarse de la mente la imagen de Victoria riendo en la cena, hablando del chico con el que saldría. Recordó las palabras de su padre, “si la amas, díselo”, y supo que no podía seguir callando. Subió los escalones del edificio principal, cada paso pesándole más que el anterior. En el piso superior, donde las oficinas daban al jardín interno, la vio. Victoria estaba frente a un espejo, revisando su reflejo. Llevaba un vestido color lavanda, ligero, que caía como una brisa sobre su piel. Su cabello castaño ondeaba libre, y en el cuello, un pequeño dije con la inicial “V”. Sonreía… pero no del todo. Era esa sonrisa que sólo mostraba cuando intentaba convencerse de algo. Dante Jr se detuvo en la puerta

  • EL VICIO DE GRECO    💔 CORAZÓN ROTO💔

    El reloj marcaba las seis de la tarde cuando Dante Jr. salió del edificio principal de Leone Wines. El aire de la Toscana estaba tibio, con aroma a uvas recién cortadas y madera vieja. Pero en su pecho, nada era calma. Había pasado toda la tarde viéndola —Victoria— sonreírle al inversionista francés. Esa sonrisa… la misma que él había soñado tantas veces ver solo para él. Se quitó la chaqueta con fastidio, caminando hasta los jardines. El enojo se mezclaba con tristeza, y la tristeza con un miedo antiguo que no sabía nombrar. No fue al despacho de su padre. Ni al gimnasio donde a veces descargaba su furia. Fue directo a la casa de campo, donde sabía que Luciana estaría preparando té, como siempre hacía al caer la tarde. Cuando ella lo vio entrar, no dijo nada al principio. Solo lo miró… y supo. Las madres Leone no necesitaban palabras. —¿Otra vez por Victoria? —preguntó con suavidad, dejando la taza sobre la mesa. Dante Jr. bajó la mirada, hundiendo las manos

  • EL VICIO DE GRECO    👑EL LEGADO DE LA NUEVA SANGRÉ👑

    El tiempo, que no perdona ni a los dioses ni a los mafiosos, había pasado con la delicadeza de una brisa y la fuerza de una marea. Doscientos cincuenta años de historia familiar habían convertido el nombre Leone en una leyenda que ya no pertenecía solo a Italia, sino al mundo. Las generaciones se sucedían, pero el linaje se mantenía intacto, sostenido por un juramento ancestral: > “La sangre no se olvida. El amor no se niega. El poder no se comparte.” En la villa restaurada —ahora una mezcla de museo y fortaleza moderna— Greco Leone observaba los viñedos desde su despacho. Su cabello completamente blanco, su porte aún imponente. A su lado, Arianna, con su elegancia eterna, revisaba un cuaderno con bocetos del teatro de danza que dirigía junto a su hija, Victoria. Ambos lucían mayores, sí, pero había algo en ellos —una dignidad de hierro, una belleza que no cedía ante el tiempo— que hacía parecer que el mundo envejecía alrededor de ellos, no al revés. En el salón pr

  • EL VICIO DE GRECO    👑 EL DESPERTAR DE LA PRINCESA RUSA👑

    El silencio de la UCI era el único compañero de Alexei Morozov. Dos días se habían convertido en una eternidad. Se negaba a dejar el lado de su esposa, su traje inmaculado ahora arrugado por la falta de sueño. Tomó la mano inerte de Ekaterina y se la llevó a los labios, susurrando con una ternura que solo ella conocía. —Katya, mi amor... ¿Recuerdas cuánto queríamos esto? No puedes abandonarme ahora que la tenemos. Tienes que verla. Acercó a la bebé a la mano de Ekaterina, que reposaba sobre el pecho. —Ella es tu fuerza, mi tsvetok. Nació gritando, como una verdadera guerrera rusa. Tiene tu nariz, Katya, y mira... cuando duerme, se ríe justo como tú lo haces antes de beber vodka y darme un susto de muerte. Morozov tomó un respiro profundo, y su voz se quebró. —La llamaremos Sofiya, si tú quieres. Sofiya Yelena. Significa Sabiduría y Luz. Y ella es ambas cosas. Pero no puedo sellar ese nombre sin tu voz. Necesito que despiertes y me digas que el nombre es perfecto. Mi vida, si me

  • EL VICIO DE GRECO    👑 NACIMIENTO DE LA PEQUEÑA RUSA👑

    La habitación de Greco y Arianna estaba sumida en una penumbra. Arianna se deshizo de la ropa, buscando cerrar el círculo de la noche anterior. —Me carcome, Arianna. —dijo Greco, su voz áspera y llena de miedo—. No quiero ser ese hombre brutal. Te juro que lo de anoche no se repetirá. Arianna lo tomó, acercándose peligrosamente. —No tienes que disculparte más, Leone. Lo quiero de nuevo, sobrios. Quiero sentir todo tu poder sin el filtro del alcohol. —Ella lo provocó directamente, su voz un susurro cargado de intención—. Quiero que me tomes de todas las maneras, mi amo. Demuéstrame que te pertenezco por elección. Es la única forma de borrar tu culpa: transformándola en placer mutuo. Greco se tensó. El miedo a lastimarla luchaba contra el deseo que ella avivaba. —Arianna... sabes que mi fuerza puede ser demasiado. —intentó protestar, su respiración acelerándose—. Si me rindo, iré hasta el final. Ella no se inmutó. Se arrodilló frente a él, sus manos explorando y encendie

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status