Inicio / Romance / EL ÚLTIMO BESO... ANTES DEL DIVORCIO / CAPÍTULO 1: Un corazón que se rompe en silencio

Compartir

EL ÚLTIMO BESO... ANTES DEL DIVORCIO
EL ÚLTIMO BESO... ANTES DEL DIVORCIO
Autor: Day Torres

CAPÍTULO 1: Un corazón que se rompe en silencio

Autor: Day Torres
last update Última actualización: 2025-08-10 16:47:59

CAPÍTULO 1: Un corazón que se rompe en silencio

—Henry, hay algo que tienes que saber —empezó Julie Ann con esa sonrisa nerviosa, mordiendo su labio inferior mientras se acercaba a él.

Henry la miró, entre curioso y preocupado mientras tomaba sus manos con un gesto de profundo cariño.

—¿Qué pasa? —preguntó con calma, aunque algo en su voz mostraba tensión.

—Es que… ¡Estoy embarazada!

La frase estalló como un globo y Henry se quedó quieto, sorprendido. Sus ojos se abrieron como platos y luego, sin poder evitarlo, una sonrisa enorme apareció en su rostro.

—¿En serio? —preguntó con voz temblorosa, casi como si tuviera miedo de creérselo.

—¡Sí, amor! —replicó Julie, con una mezcla de orgullo y nerviosismo—. Mañana voy al médico, pero las pruebas de embarazo que me hice en casa dicen que sí. ¡Estoy esperando a nuestro bebé!

Henry la levantó por la cintura y le dio una vuelta en el aire que los hizo reír a los dos.

“¡Estoy esperando a nuestro bebé!” Esa era la frase más hermosa que una mujer podía decirle a su esposo… excepto que Julie Ann Short no era la esposa… ¡era la amante!

La verdadera esposa de Henry Sheppard, Rebecca Callaway, se apretaba el pecho con una mano en aquel momento, camuflada tras la puerta del gran salón, intentando que aquel dolor de saberse traicionada no la matara allí mismo.

Rebecca siempre había sabido que Henry no se había casado con ella por amor, siempre había sabido que conquistarlo no sería fácil, y mucho menos vencer la frialdad que siempre le mostraba. Pero ser frío y distante era una cosa… y tener un hijo con otra era algo muy diferente.

—Dios, Julie, ¿te imaginas? —decía él emocionado—. ¡Un bebé nuestro! ¡No puedo esperar para decírselo a…!

Y ese era el momento en que la burbuja se rompía, porque un bastardo no era algo que se gritara a los cuatro vientos con orgullo. Julie Ann lo miró a los ojos y sabía que no podía bajar la guardia, que Henry tenía una vida en la que necesitaba ser la protagonista de una vez por todas.

—No podemos decirlo por culpa de ella —murmuró por fin con una expresión de tristeza que hizo que Henry la abrazara—. ¡Por culpa de Rebecca no podemos estar juntos ni celebrar a nuestro hijo! ¿Hasta cuándo va a ser esto, Henry?

Él hizo un gesto de impotencia y negó con fuerza.

—Va a terminar pronto, te lo aseguro —sentenció, mirándola intensamente—. Nunca sentí nada por Rebecca, su padre me obligó a casarme con ella para proteger mi empresa, lo sabes bien; ¡pero ni siquiera me he molestado en fingir que la quiero!

Julie Ann apretó los puños sin que él lo viera, porque esa historia ya se había extendido por dos años y la empresa ya estaba más que salvada.

—¿Entonces por qué no te divorcias?

—Porque no es tan simple, el divorcio tiene que pedirlo ella, y está encaprichada conmigo desde siempre pero… ¡pero te juro que lo voy a resolver pronto! Todos saben que yo te amo a ti, Julie. Yo lo sé, tú lo sabes, toda mi maldit@ familia lo sabe…

—¡Exacto! ¡Y todos están de nuestro lado, Henry! ¡Tu familia sabe que Rebecca solo es una intrusa, interesada, que complicó las cosas entre nosotros!

Henry se pasó una mano por el cabello con un gesto de impotencia. Rebecca jamás le había parecido una mala persona mientras su padre y él eran socios, pero cuando aquella acusación por fraude había llegado y Curtis Callaway había asumido la culpa a cambio de aquel matrimonio… Henry se había dado cuenta de que Rebecca era capaz de cualquier cosa con tal de casarse con él.

—Todo va a terminar pronto, te lo prometo. Ella y yo tenemos un acuerdo —aseguró acariciando la mejilla de Julie Ann.

—Eso espero, Henry, porque no puedo tener a nuestro hijo como un bastardo, yo no me merezco eso y nuestro bebé no se lo merece, ¡no después de todo lo que esa mujer nos ha robado! —le suplicó Julie Ann con la voz rota por las lágrimas y Henry volvió a abrazarla—. Por favor, dime que no irás con ella hoy —suplicó y lo vio pasar saliva.

—Es nuestro segundo aniversario de bodas. Tengo que ir…

—¡Sabes que tratará de tenderte una trampa! —insistió Julie Ann—. ¡Por favor, no vayas!

—No pasaré más de diez minutos en esa casa y volveré contigo, te lo prometo —le dijo Henry, sellando aquella promesa con un beso que hizo que Rebecca retrocediera como si le hubieran disparado.

Las lágrimas caían silenciosas de sus ojos, y no podía respirar. Todo le dolía, como si alguien la estuviera asfixiando y su corazón amenazara con dejar de latir de un momento a otro.

Recordó por qué había ido allí, a casa de su suegra. No había visto a Henry en días y ella se había esmerado preparando una cena especial por su segundo aniversario de bodas.

¡Dos años! ¡Dos años de arrastrar su amor detrás de él, rogándole que la quisiera! Dos años dando lo mejor de sí misma para hacerlo feliz, para conquistarlo.

Y el problema era ella, lo sabía. Ella que siempre había sabido que Henry no la amaba, y aun así había aceptado aquel matrimonio creyendo que su amor era tan fuerte que podía vencerlo todo.

Bueno… él acababa de demostrarle que eso no era cierto.

Rebecca escuchaba todo como un eco lejano, pero cada palabra era como una cuchillada en el alma. Sentía que el mundo se le derrumbaba, pero aquellas últimas palabras fueron su mayor sentencia.

—Rebeca desaparecerá pronto de mi vida. Solo un par de semanas más y te juro que nadie podrá separarnos, Julie. ¡Nadie!

Y ese fue el momento justo en que Rebecca supo que ya no podía quedarse allí. Sin hacer ruido se dio la vuelta y salió de la casa. Su corazón latía con tanta fuerza que le dolía, pero no miró atrás.

El camino a su casa, esa donde debía haber sido feliz con Henry, fue un tormento. Él iba a tener un hijo con otra, con su amante… y ella solo era un obstáculo del que se libraría pronto. Y Rebecca sabía por qué:

Con independencia del trato que Henry había hecho con su padre, ella había tenido suficiente dignidad para darle una salida.

—Cien besos —le había dicho el día de su boda—. Si después de cien besos aún no logro que te enamores de mí, yo misma te pediré el divorcio.

Desde entonces le había exigido un beso cada semana. Henry la había besado noventa y ocho veces, todas con rabia, todas con desprecio, mientras Rebecca intentaba construir una vida a su alrededor, amarlo, ayudarlo, hacerse notar al menos…

Lo había apostado todo por ese amor: cien besos para ganarse a su esposo, cien besos para ganarse el amor de Henry.

Pero ahora sabía que había perdido. El dolor la ahogaba, la paralizaba. Y quizás habría terminado haciendo cualquier tontería si en ese momento no hubiera sonado su teléfono, con un pitido frío y cortante que hizo temblar a Rebecca.

—Señora Callaway, tiene una llamada por cobrar de la Prisión Maplewood de Seguridad Mínima. ¿La acepta?

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App
Comentarios (7)
goodnovel comment avatar
Elda Marquez
y ahora que va hacer?...
goodnovel comment avatar
Mary Santos Lopez
es normal que me caiga más mal Rebecca que Henry? valorate mujer, que horror
goodnovel comment avatar
LULÚ y BETY Cardozo
Rebecca déja a Henry se feliz con otro el no te merece ama a otra
VER TODOS LOS COMENTARIOS

Último capítulo

  • EL ÚLTIMO BESO... ANTES DEL DIVORCIO   MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 49. Una trampa perfecta

    MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 49. Una trampa perfectaSeija lo miró durante unos segundos que parecieron eternos antes de hablar. Su expresión era tranquila, casi fría, pero en sus ojos había una claridad que Camilo no había visto nunca.—Cásate con Stacy —dijo al fin y las palabras le golpearon en el pecho como un puñetazo seco.Camilo retrocedió un paso, incapaz de ocultar el dolor que le cruzó el rostro, y por primera vez comprendió que ella ya no estaba discutiendo… estaba cerrando una puerta.—¿Es mucho pedir que confíes en mí una última vez? —preguntó con la voz baja, ronca, y Seija asintió despacio.—Sí. Es mucho pedir —respondió apoyándose en el borde del escritorio y cruzándose de brazos—. Las pendejadas son para los adolescentes, Camilo. Después de los treinta nadie tiene derecho a pedir segundas oportunidades. Tú eres muy inteligente para aconsejar a otros, para decirle a todo el mundo qué debería hacer… pero en tu propia vida ni siquiera sabes a quién tienes que proteger.Cam

  • EL ÚLTIMO BESO... ANTES DEL DIVORCIO   MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 48. Un hombre cómodo

    MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 48. Un hombre cómodoCamilo salió de la recepción con el corazón latiéndole tan fuerte que apenas podía escuchar el ruido de la calle. No podía creer que todo hubiera terminado en esa escena absurda, en ese brindis ridículo donde parecía que lo estaban empujando a casarse con Stacy como si fuera un premio de consolación.—No puede estar pasando esto —murmuró, más para sí mismo que para nadie.Pero Henry, a su lado, era el encargado de mantener la cabeza fría.—¿Vas a huir así nada más? —preguntó con tono serio.—Me largo a mi departamento —respondió Camilo, sin mirarlo—. Ya veré cómo arreglo este desastre.—Arrastrándote —suspiró Henry—. Esa es la única manera, porque te guste o no, Seija tiene razón en algo. A tu madre no le importa lo que tú quieres… Brenda solo quiere casarte con Stacy. Y más vale que empieces a preguntarte por qué está tan terca justo con eso, porque la rodean decenas de mujeres mejores que esa muchachita descerebrada, y aun así esa es

  • EL ÚLTIMO BESO... ANTES DEL DIVORCIO   MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 47. Solo una boda

    MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 47. Solo una bodaCuando Seija levantó la copa y brindó con aquella sonrisa implacable, el salón entero reaccionó como si hubiera recibido una orden silenciosa. Las copas tintinearon, la gente aplaudió y los murmullos emocionados llenaron el aire. Pero lo que sin dudas sorprendió a Camilo fue que su madre fue la primera en alzar su copa con entusiasmo, visiblemente conmovida, y hasta dio un pequeño aplauso que resonó más alto de lo esperado.—¡Por los novios! —exclamó con brillo en los ojos, mirando a Stacy con aprobación.El aturdimiento lo hizo tardar un segundo en reaccionar. Bajó la copa de su madre con rapidez, sujetándole la muñeca con cuidado pero con firmeza.—¿Qué haces? —preguntó, confundido—. ¿Cómo puedes brindar por esto?Brenda parpadeó, como si la pregunta le resultara absurda.—No te pongas así, hijo —dijo con suavidad—. Solo estoy feliz de que Seija entendiera las cosas. Al final todos queremos lo mejor para ti… y aunque siempre te has negado

  • EL ÚLTIMO BESO... ANTES DEL DIVORCIO   MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 46. Frases devueltas

    Camilo se quedó paralizado en medio del salón, con la rodilla aún apoyada en el suelo y el anillo brillando entre sus dedos. Durante unos segundos no reaccionó; solo abrió la boca y dejó escapar un balbuceo ininteligible, incapaz de procesar el rechazo que acababa de escuchar. El silencio alrededor se volvió incómodo, pesado, como si las paredes mismas estuvieran esperando una respuesta que él no lograba dar.—¿Que… que no.. cómo.. por…? —murmuró, sin lograr formar una frase completa. Sus ojos buscaban algo en el rostro de Seija, una duda, una grieta, cualquier señal de que aquello era solo una broma.Pero la mujer frente a él respiraba despacio, sin perder el control, como si solo estuviera explicándole a un ejecutivo por qué sería despedido. Sus hombros estaban rectos, su postura firme, y aunque sus manos permanecían tranquilas a los lados del vestido, había una tensión apenas perceptible en sus dedos.—Por favor, levántate —dijo con calma—. Lo siento, Camilo, pero no quiero casarme

  • EL ÚLTIMO BESO... ANTES DEL DIVORCIO   MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 45. Una fiesta de compromiso

    MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 45. Una fiesta de compromisoDOS DÍAS ANTESCamilo llegó a la casa de su madre con una energía que no había tenido en semanas. Entró sin tocar, como hacía siempre, y dejó las llaves sobre la mesa del recibidor mientras Brenda lo observaba desde el sofá, con una mirada curiosa que mezclaba sospecha y alivio.—Te ves… animado —dijo ella, entrecerrando los ojos, evaluándolo—. Casi diría que feliz, y últimamente eso no ha sido muy usual.Camilo dejó escapar una pequeña sonrisa ladeada y se aflojó la corbata mientras pensaba en cómo suavizar toda la situación.—Podría estar más feliz —respondió—, pero supongo que trabajaré con lo que tengo.—¿Y eso qué significa? —preguntó ella, inclinándose hacia adelante.Camilo se acercó y se sentó frente a su madre, apoyando los codos en las rodillas.—Significa que Seija volvió, mamá. Por fin volvió.El rostro de Brenda se tensó de inmediato. Por un segundo su expresión quedó completamente inmóvil, como si no hubiera esperad

  • EL ÚLTIMO BESO... ANTES DEL DIVORCIO   MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 44. Una idea peligrosa

    MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 44. Una idea peligrosaAsí, “Hola, Camilo”, como si nada hubiera pasado. Eso era peor que cualquier bofetada y los dos lo sabía, porque con el odio al menos venía sentimientos sin resolver pero aquello, aquello era indiferencia, señores y señoras, pura y dura.Él respondió con un gesto torpe de cabeza y las siguientes horas pasaron entre idas y venidas de enfermeras, susurros nerviosos y bromas tensas para aliviar la espera. Cada vez que Camilo intentaba acercarse a Seija, ella encontraba una excusa para moverse, para hablar con alguien más, para revisar el teléfono.No era grosera, solo mantenía una distancia firme.Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, anunciaron que Rebecca y el bebé estaban bien y los dejaron entrar a su habitación a visitarla y a conocer al nuevo chillón de la familia.Seija fue de las primeras en acercarse, y tomó al bebé con una delicadeza que dejó a Camilo sin aire. Su expresión cambió por completo: una mezcla de ternu

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status