LOGINGracias por su apoyo
A la mañana siguiente, Valentina despertó antes de la alarma que no recordaba haber puesto. Por un momento no recordó dónde estaba, hasta que el dolor de cabeza le devolvió de golpe la noche anterior. —Ay, no... que me tomé. Se levantó enseguida y se sentó en la cama. La entrevista. Se bañó rápido, eligió una de las blusas nuevas y el pantalón oscuro, se acomodó el cabello y volvió a ponerse los lentes. Cuando bajó, Alessandra ya estaba desayunando con Olivia Bentancor ,su madre. —Mirá quién sobrevivió —dijo Alessandra. Valentina la miró con los ojos enormes. —No se de que hablas,si estoy perfecta. —¿Dolor de cabeza? —Un poco. —Eso se llama resaca. Sonrió Alessandra. —No exageres. Olivia acercó una taza hacia ella. —Café. Valentina se sentó. —Buen día, señora. Disculpe que aparezca así en su casa. Olivia la miró con mucha ternura. —Alessandra ya me contó que venías. No tenés que explicarme nada; aquí sos bienvenida.Estás en tu casa . —No por f
Alessandra insistió en acompañarla hasta el apart hotel. Valentina protestó durante casi todo el trayecto, aunque apenas tenían una cuadra por delante. —Puedo ir sola. —Sí. —Entonces, ¿por qué venís? —Porque dijiste que era tu primera vez medio borracha y no pienso dejar que termines durmiendo en una plaza por equivocarte de esquina. Valentina la miró de costado. —No estoy tan mal. —Claro.Por eso le pedía permiso a un pie para dar el otro paso. Valentina soltó una risa y siguió caminando tambaleándose a veces. El aire fresco de la calle y el café habían despejado un poco a Valentina, aunque todavía tenía las mejillas coloradas y caminaba tomada del brazo de Alessandra con una confianza que habría parecido imposible apenas unas horas antes. El apart hotel estaba realmente cerca. Cuando entraron, la recepcionista levantó la cabeza, reconoció a Valentina y después observó a Alessandra con más atención. Alessandra sonrió. —Buenas noches. La mujer respondió el s
La risa de Valentina fue desapareciendo poco a poco hasta que solo quedó una pequeña sonrisa en sus labios.Alessandra lo notó.Había algo detrás de aquellos ojos cansados que el vino había conseguido aflojar, pero no borrar.—¿Qué pasó de verdad? —preguntó.Valentina sostuvo el vaso de agua entre las manos.Durante unos segundos pareció decidir cuánto podía contarle.—Mi mamá murió.Alessandra dejó de moverse.—Oh...Valentina tragó saliva.—Hace pocos días.—Valentina, lo siento mucho.Ella asintió.—Estuve muchos años esperando que despertara y no despertó. Se me fue. Alessandra no buscó una frase para arreglarlo.La palabra mamá había adquirido otro peso después de lo que Valentina acababa de decirle unos minutos antes sobre escuchar a la propia mientras todavía estaba.Extendió la mano y tomó la de Valentina con firmeza.Ella no la retiró.—Yo perdí a mi madre biológica cuando nací —dijo Alessandra después de unos segundos—. Sé que no es lo mismo que lo tuyo.Valentina levantó l
Valentina salió del estudio de Milagros Saavedra con la sensación de haber dejado una parte de su vida sobre aquel escritorio.Caminó varias cuadras sin prestar demasiada atención a las calles. Había entrado decidida a pedir el divorcio y había salido con la misma intención, pero también con demasiadas preguntas que todavía no sabía responder.Seguía queriendo a Damián.Y las palabras de Milagros no dejaban de repetirse en su cabeza.A veces ser libre también significa poder elegir quedarse.—Qué fácil lo decís —murmuró.Se acomodó los lentes y continuó caminando.No quería regresar todavía al apart hotel. La habitación era demasiado silenciosa y, después de hablar durante más de una hora sobre Damián, el contrato, su mamá y todo lo que había cambiado, necesitaba estar rodeada de gente.Entró en un lugar que encontró de casualidad unas cuadras más adelante cerca de su hospedaje.No era exactamente un bar ni tampoco un restaurante. Había música suave, algunas mesas ocupadas, una barra
Valentina llegó a Montevideo poco después del mediodía y, apenas salió de la terminal, tuvo que detenerse unos segundos para acostumbrarse al movimiento.Punta del Este había quedado atrás con sus playas, el mar y aquella despedida que todavía llevaba demasiado cerca del pecho. Montevideo era diferente: había gente apurada, ómnibus que entraban y salían, taxis, edificios, comercios y oficinas por todas partes.Aquello era precisamente lo que necesitaba: movimiento, ruido y la sensación de que allí siempre estaba pasando algo.Había revisado suficientes portales de empleo para saber que allí tendría más posibilidades de conseguir algún trabajo. No pretendía encontrar de inmediato el puesto perfecto; le alcanzaba con algo relacionado con lo que sabía hacer.Podía trabajar en administración, contaduría, facturación, control de proveedores o empezar en una cadena de supermercados, una distribuidora o cualquier empresa donde pudiera demostrar lo que sabía, aunque tuviera que comenzar desde
Isadora se acomodó en el sillón y respiró hondo antes de responderle a su hija. —Hay muchas cosas que ustedes no saben, Bianca. Yo quería recuperar lo que era nuestro, el hotel que tu padre había levantado con tanto esfuerzo. —Y yo me encargué de hacerlo —intervino Damián—. Durante años creí que Félix había sido el responsable de nuestra desgracia. Isadora se secó las lágrimas con los dedos. —Pero nunca pensé que Damián iba a enamorarse de Valentina. Y me equivoqué. Alimenté durante años el odio de Damián hacia Félix porque estaba convencida de que él había destruido nuestra vida. Bianca permaneció callada. —Y mucho menos imaginé que terminaríamos haciéndole daño a una chica tan buena. Damián observó a su madre. —Valentina nunca tuvo la culpa de nada. La frase cayó con fuerza. —Mamá quería que yo recuperara el hotel de Félix porque pensaba que él también era responsable de lo que había pasado. Ahora supe que Félix también había sido manipulado por Daniela. Bianca levantó los







