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C33-Una llama encendida.

Author: Andry07
last update publish date: 2026-10-30 09:49:11

No sé cuánto tiempo pasó antes de que mis sollozos comenzaran a disminuir.

Quizá fueron cinco minutos. Quizá veinte.

Cuando finalmente pude respirar sin sentir que el pecho se me partía, me fui al baño para enjuagarme el rostro.

Regresé y me senté de nuevo junto a él.

—¿Te sientes mejor? —preguntó en un tono apacible.

Asentí para afirmar.

No estaba acostumbrada a que me tratara de esa forma. La verdad es que no sabía qué hacer con eso.

Y, de la nada, mi cerebro me recordó quién era él y quién e
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    Desperté con la sensación de no haber dormido absolutamente nada...Y lo primero que recordé fue lo que sucedió con Ramsés.Me cubrí el rostro con ambas manos y dejé escapar un suspiro.—¿En qué estabas pensando, Anarela?La respuesta era sencilla: no estaba pensando.Había permitido que el deseo actuara por mí, y ahora debía enfrentarme a Ramsés como si nada hubiera pasado.Me levanté y me duché con la esperanza de que el agua fría y una buena taza de café me ayudaran a recuperar la cordura.Mientras me maquillaba frente al espejo, mi teléfono vibró sobre el escritorio.Era un mensaje de Samantha. Le respondí, sin mencionar nada de lo ocurrido el día anterior.Todavía no sabía cómo explicarme a mí misma lo que había sucedido, mucho menos cómo contárselo a alguien más.Cuando salí de mi habitación, Ramsés estaba esperándome al final del pasillo.Impoluto.El mismo hombre de siempre: serio, impecable y dueño de una seguridad que me resultaba envidiable en ese momento.Y cuando sus ojos

  • Edificando nuestro amor.   C33-Una llama encendida.

    No sé cuánto tiempo pasó antes de que mis sollozos comenzaran a disminuir.Quizá fueron cinco minutos. Quizá veinte.Cuando finalmente pude respirar sin sentir que el pecho se me partía, me fui al baño para enjuagarme el rostro.Regresé y me senté de nuevo junto a él.—¿Te sientes mejor? —preguntó en un tono apacible.Asentí para afirmar.No estaba acostumbrada a que me tratara de esa forma. La verdad es que no sabía qué hacer con eso.Y, de la nada, mi cerebro me recordó quién era él y quién era yo. Me llevó a una realidad que intenté olvidar por un instante.Me levanté de golpe, buscando mi teléfono sobre la mesita de noche.—Tengo que llamar a la empresa.Ramsés se puso de pie.—¿Para qué?—Para explicar lo que ocurrió. Antes de que Raúl se me adelante.—No tienes nada que explicar.—¡Claro que sí!Mi voz salió mucho más alta de lo que pretendía. Me llevé una mano a la frente y comencé a caminar de un lado a otro de la habitación.—Raúl es uno de los socios de la empresa. ¿Qué cree

  • Edificando nuestro amor.   C32-Por favor, perdóname.

    La expresión de Ramsés era tan oscura que, por un instante, no lo reconocí. Sus ojos pasaron de Raúl a mí, se detuvieron en mi rostro y después descendieron hasta mi brazo, que yo sostenía contra mi pecho semidesnudo. No tuve que decir nada. No pude. La tensión que había mantenido en el cuerpo durante los últimos minutos comenzó a desmoronarse ahora que había alguien más en la habitación. —Ramsés... —murmuró Raúl, intentando recuperar la compostura—. Esto no es lo que parece. Sus ojos azules no se apartaron de mí. —Anarela, ¿estás bien? La pregunta me tomó por sorpresa y, de alguna manera, logró que salieran las primeras lágrimas de mis ojos. Tragué saliva antes de responder. —Solo quiero que este hombre se vaya de mi habitación. Mi voz tembló, pero conseguí decirlo. Ramsés volvió lentamente la cabeza hacia su amigo. —Creo que has oído lo que ha dicho. Raúl levantó las manos. —Estábamos hablando. Ella ha malinterpretado... —No me interesa lo que estaba haciendo antes de

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    La cena terminó cerca de las diez.Raúl propuso que nos quedáramos un rato más para tomar algo y conversar antes de regresar a nuestras habitaciones.Víctor estuvo de acuerdo inmediatamente.Ramsés también aceptó, aunque seguía revisando algunos mensajes en su teléfono.Yo, en cambio, sentía que el cansancio comenzaba a vencerme.—Creo que voy a retirarme —les dije—. Mañana tenemos un día bastante ocupado.—¿Ya te vas? —preguntó Víctor—. ¡Pero si apenas estamos empezando!Sonreí.—Disfruten la velada. Nos vemos mañana.Raúl me dedicó una sonrisa que no le fue correspondida.—Descansa, Anarela.—Gracias. Buenas noches.Ramsés levantó la mirada del teléfono.—Buenas noches.Su saludo fue breve, pero aquella vez no me sorprendió.Regresé a mi habitación y lo primero que hice al entrar fue quitarme los zapatos y dejar el bolso sobre el escritorio. Después me senté en la cama, saqué el teléfono y llamé a Samantha.Contestó casi inmediatamente.Hablé un buen rato con ella, después con mi hi

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