—¡Randall, voy a llegar tarde! —exclamé mientras miraba el reloj por tercera vez. Las diez y veinte. La entrevista era a las once. —¡Randall! Mi hijo estaba sentado en el suelo de la sala, completamente concentrado en una pista improvisada con sus pequeños carritos, ajeno a la prisa que me consumía. —¡Mamá, mira! —Hizo correr uno de ellos por el suelo—. ¡Vrum, vrum! —¡TE DIJE QUE VAMOS TARDE! —grité, perdiendo la paciencia. La expresión de miedo que apareció en el rostro de mi hijo me encogió el corazón. Me quedé paralizada por un instante. ¿Qué acababa de hacer? Respiré profundamente, intentando calmarme. Nunca le había hablado así a mi bebé, y mucho menos había querido que me tuviera miedo. Me agaché hasta quedar a su altura y le acaricié la mejilla. —Perdóname, mi amor. Mamá no debió gritarte. Randal me observó con sus ojitos inquietos y, después de unos segundos, levantó una manita para acariciarme la mejilla. —Tranquila, mami. —Su vocecita consiguió desa
Last Updated : 2026-10-17 Read more