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capítulo 43

Author: A.R.B.F
last update publish date: 2026-10-22 03:56:18

El taxi de la madrugada dio un frenazo seco frente a la fachada del edificio residencial donde vivía Mauricio. Sin perder ni un segundo, Camila abrió la puerta antes de que el vehículo terminara de detenerse del todo, le extendió un billete al conductor sin importarle el cambio y bajó de un salto, seguida de cerca por Lili.

—¡Vamos! —urgió Camila, echando a correr hacia la entrada principal con el corazón latiéndole en la garganta.

Ambas atravesaron las puertas de cristal del vestíbulo a zancad
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  • El Adorno de los Sotomayor    capítulo 43

    El taxi de la madrugada dio un frenazo seco frente a la fachada del edificio residencial donde vivía Mauricio. Sin perder ni un segundo, Camila abrió la puerta antes de que el vehículo terminara de detenerse del todo, le extendió un billete al conductor sin importarle el cambio y bajó de un salto, seguida de cerca por Lili.—¡Vamos! —urgió Camila, echando a correr hacia la entrada principal con el corazón latiéndole en la garganta.Ambas atravesaron las puertas de cristal del vestíbulo a zancadas aceleradas, dispuestas a tomar el primer ascensor. Sin embargo, en el mostrador de la entrada, la recepcionista nocturna, una mujer de mirada aguda y gestos calculadores levantó la vista de inmediato al escuchar el revuelo.En cuanto las reconoció, sus ojos se abrieron con sorpresa contenida. La imagen de ambas mujeres estaba grabada a fuego en su memoria; pocas horas antes, Elsa Smith le había pagado una jugosa suma de dinero en efectivo bajo una sola y estricta condición: "Si estas dos muje

  • El Adorno de los Sotomayor    capítulo 42

    La madrugada se cernía pesada sobre el departamento de Lili. En la habitación, Camila dormía profundamente, envuelta en el cansancio acumulado del viaje y el peso emocional de las últimas semanas. Su respiración era pausada y el silencio reinaba en el recinto, hasta que un zumbido seco y repetitivo sobre la mesa de noche rompió la quietud.En su propia habitación, Lili sintió vibrar su teléfono. Al desbloquear la pantalla y leer el mensaje enviado desde el número de Mauricio, el aviso de que Elsa se había presentado de imprevisto y exigía su presencia urgente, un escalofrío le recorrió la espalda. Las piezas del plan se habían precipitado de la forma más peligrosa posible.Sin perder un solo segundo, Lili se levantó de la cama, cruzó descalza la habitación a zancadas y se acercó a Camila de tapando la de par en par. Se acercó a la cama y comenzó a sacudir el hombro de su amiga con fuerza y desesperación.—¡Camila! ¡Camila, despierta! ¡Despierta ahora mismo! —exclamó Lili con la voz al

  • El Adorno de los Sotomayor    capítulo 41

    La noche era tranquila en la ciudad. En su departamento, Mauricio caminaba de un lado a otro por la sala, repasando mentalmente cada detalle del plan para el día siguiente. Había cuadrado todo con Lili y Camila para el mediodía, convencido de que tenía la situación bajo absoluto control y que esa jugada maestra le devolvería la confianza que tanto anhelaba.De pronto, tres golpes secos y firmes en la puerta principal rompieron el silencio de la estancia.Mauricio se detuvo en seco, frunciendo el ceño con extrañeza. Miró el reloj de pared: era demasiado tarde para recibir visitas inesperadas y faltaban muchas horas para la cita acordada con la fugitiva. Desconfiado, avanzó con pasos cautelosos hacia la entrada y se asomó por la mirilla.El corazón le dio un vuelco violento en el pecho.Del otro lado del umbral, luciendo un elegante vestido oscuro y con los labios pintados de un rojo provocativo, estaba Elsa Smith.Sorprendido y sin margen de maniobra, Mauricio giró la cerradura y abrió

  • El Adorno de los Sotomayor    capítulo 40

    El jet privado tocó tierra suavemente en la pista de aterrizaje de la ciudad. Apenas Camila y Lili descendieron por la escalerilla y cruzaron las puertas de la terminal privada, se encontraron con una sorpresa que les arrancó una sonrisa inmediata.Junto a un elegante sedán negro de cristales oscuros, un chofer con impecable traje formal sostenía un cartel con sus nombres. Al verlas acercarse, el hombre se inclinó con absoluta discreción, les abrió las puertas traseras del vehículo y acomodó su equipaje en el maletero con precisión milimétrica.Una vez que el auto se incorporó al tráfico fluido de la ciudad, Camila no pudo evitar soltar una risita divertida, negando con la cabeza mientras observaba por la ventanilla el nivel de detalle con el que Gabriel se había encargado de su bienestar.—De verdad que este hombre no deja de sorprenderme... —comentó Camila, girándose hacia su amiga con una mezcla de ternura e incredulidad—. ¿Viste esto? Nos envió chofer privado y todo. Es increíblem

  • El Adorno de los Sotomayor    capítulo 39

    Minutos después de tramar la coartada, Camila y Lili se reunieron con Gabriel en la sala de estar de la mansión. Con el pulso ligeramente acelerado, Camila respiró hondo y dio el paso al frente para ejecutar el plan.—Gabriel, amor... necesito hablar contigo de algo urgente —comenzó Camila, adoptando una expresión de sincera preocupación —Me acaba de marcar el equipo legal. Surgió una auditoría imprevista y un problema con la firma de unos títulos notariales de los bienes secundarios que dejó mi abuelo en la otra ciudad. Requieren nuestra presencia inmediata y directa.Gabriel frunció el ceño, dejando a un lado la tableta que revisaba.—¿Una auditoría de última hora? Qué oportuno —comentó él, con un tono ligeramente escéptico—. ¿Por qué no pueden encargarse los abogados de eso?Lili, interviniendo de inmediato para respaldar a su amiga y cubrir cualquier flanco débil, se adelantó con total naturalidad. —Es un requisito estrictamente notarial y personal, Gabriel. Por ley, los document

  • El Adorno de los Sotomayor    capítulo 38

    De regreso en su despacho corporativo, la urgencia se había convertido en una obsesión para Mauricio. Tras el compromiso tácito que había asumido con Lili y por ende con Camila, sabía que necesitaba localizar a Elsa a como fuera lugar. Durante horas, intentó por todos los medios posibles comunicarse con ella: le dejó mensajes de texto cargados de una falsa y calculada preocupación, llamadas insistentes que caían directo al buzón y correos electrónicos sondeando su paradero. Hacía de todo, moviendo cielo y tierra, desesperado por conseguir una sola pista que le permitiera volver a ver el brillo de la aprobación en los ojos de Camila.Sin embargo, a miles de kilómetros de distancia, en la absoluta seguridad de su nuevo escondite extranjero, la pantalla del teléfono personal de Elsa iluminó la oscuridad de la habitación con la cascada incesante de notificaciones firmadas por Mauricio.Elsa se detuvo a observar los mensajes. Una sonrisa lenta, helada y repleta de pura malicia se dibujó en

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