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Author: Valkyria Wolf
last update Petsa ng paglalathala: 2026-05-30 18:57:55

Savana fue literal, arrastrada al interior de aquel lugar hasta abrir una puerta grande. El olor a sudor y gruñidos golpeó su rostro apenas cruzar, teniendo que apretar más el pañuelo en su nariz.

Había ecos de golpe y gritos de entrenamiento que retumbaban en las paredes, gruñidos por muchos lados. Savana miró de un lado a otro. Al menos había unas 15 personas dentro de aquel recinto y… unos 10 lobos, un gimnasio con dos ring de pelea, sacos para golpes, equipos para entrenamiento y más allá había una habitación más con equipos para ejercicios de fuerza.

No había entrado a un spa, a una tienda o a un centro de estética, aquello era un gimnasio de Batalla Lunar: el deporte más famoso en ese momento, donde lobos luchaban por ver quien era el más fuerte. Un lugar lleno de testosterona, sudor varonil y muchos, pero muchos hombres

Savana se detuvo en seco y su espalda se tensó. ¿Cómo demonios había llegado allí? No importaba, tenía que irse, su instinto se lo decía. No estaba segura. Se estremeció e intentó darse la vuelta y soltarse, pero fue como si sus pensamientos fueran escuchados.

Los dedos de aquel hombre se habían desplazado en dirección a su muñeca y la aferraban con fuerza donde estaba segura que dejaría marcas en su piel. Y aun cuando se sacudió no pudo soltarse.

-Chicos tenemos nuevo empleado y de paso puede calmar a nuestro Alfa- gritó con una notable sonrisa.

Al momento todos los presentes giraron su cabeza hacia donde estaban ellos y fue como si sus ojos brillaran con un brillo dorado que hizo que Savana sudara frío.

Rápidamente fueron rodeados y la miraban u olfateaban con sonrisas ansiosas, que Savana no comprendió en medio de su miedo. Estaba tan tiesa con por nervios que le dolía. Ellos eran tan grandes tan intimidantes, y sus espaldas tan anchas y brazos muy fuertes que podrían quebrar el cuerpo pequeño y delgado de ella con solo tocarla. Y el pelaje de algunas de las colas que la rozaban le erizaban todo el cuerpo. Incluso en sus formas de lobos le llegaban por encima de la cintura. Un paso en falso y no saldría viva de allí.

Se tensó aún más y quiso huir cada sonrisa a su alrededor contenía un matiz extraño. Su instinto de supervivencia le decía que corriera, más no podía. Si lo hacía era capaz de verse como una presa para una manada hambrienta.

-Vamos, tranquila, no te van a comer- el hombre que la sostenía sintió su temblor- Son grandes pero torpes. Incluso en su forma lobuna son unas masitas de pelos- sonrió mostrando sus largos colmillos que casi la hicieron gemir.

Era más fácil decirlo para él, que calmarse ella. Se sentía como un cervatillo en medio de una enorme manada de lobos hambrientos, y ella era la cena.

-¿Qué m****a es todo este escándalo?

De repente, un gruñido profundo y grave resonó haciendo que todo el lugar se estremeciera y los chicos fueran ahora los que se quedaran tiesos, y miraran por encima del hombro. Incluso los lobos escondieron su cola entre las patas traseras. Savana por un ligero espacio que dejaron pudo ver el cuerpo de alguien que emergía por la puerta de lo que parecía una oficina. Con un porte imponente, y una expresión seria, incluso colérica, que hacía que el aire pareciera volverse aún más denso.

-Uy, creo que estamos en problemas- uno de los chicos comentó cerca de Savana.

-Está más molesto que otros días- otro tragó en seco- ¿Qué m****a le habrán dicho ahora? La terminará agarrando con nosotros- casi lloriqueó- No quiero perder mi cuello hoy bajo sus colmillos.

Savana miró al que la sujetaba y este notó su pregunta en su mirada. Se inclinó para comentarle.

-Él… es la bestia que te estaba comentando. Es el lobo Alfa de todo este gimnasio y el actual campeón nacional del Batalla Lunar y aspirante al campeonato mundial, tiene un carácter un poquitín demasiado explosivo, y un temperamento que deja mucho que desear ya que tiene cierto problemita con sus feromonas, es por eso que buscábamos a alguien que pudiera hacer su magia con él. Y como eres humana no te verás afectada sus feromonas.

¿Y acaso esa persona era ella? Savana casi abrió su boca girando su rostro tembloroso hacia el recién llegado que había posado su mirada sobre ella, de una forma tan intensa que un escalofrío recorrió toda su espalda. Demasiada información para una persona que ya de por si tenía su cabeza que le explotaba con todas las preocupaciones que tenía.

Ella solo quería un trabajo de limpieza o dependienta, no uno donde tenía que cuidar su cuello.

Si antes tenía miedo ahora estaba aterrada. A comparación de él, los lobos que la rodeaban eran cachorros. Era mucho más alto, tanto que estaba segura que le llegaba a mitad del pecho a lo mucho, con el cabello lacio de un color oscuro con algunos reflejos rojizos, donde algunos mechones rebeldes caían sobre su frente húmeda, sus ojos dorados casi parecían querer traspasarla y verle el alma, incluso su iris tenía una forma alargada antinatural, signo que su parte salvaje estaba más presente que la racional. Vaya, para empeorar las cosas.

Savana intentó huir nuevamente retrocediendo, pero sus hombros fueron sujetados impidiéndoselo.

-Contra eso no sirve ni una poción mágica, así que por favor déjenme ir.. -intentó girarse para lograr escaparse pero no fue soltada. Era casi un grillete lo que agarraba su mano

-Lo siento pequeña, pero te necesitamos, o seremos nosotros los que colapsaremos- otra vez aquello- con unos pocos humitos nos vale. Si le bajas solo una rayita a su malestar somos felices todos. Además, que no le hayas saltado encima nada más verlo nos confirma más que eres la adecuada.

Savana abrió grande los ojos. ¿Por qué le saltaría encima? Si lo que quería era saltar, pero por la ventana. Si apenas la conocían y ya le habían puesto la capa de heroína

-Saltarle sobre el pene- el hombre le murmuró al oído para que ella tuviera una idea final haciéndola estremecer- no hay mujer o loba que no se derrita con él y no quiera abrirle las piernas para que las folle. Hasta las humanas se ponen en celo cuando lo ven.

Definitivamente, demasiada información. Savana sentía que se desmayaría en cualquier momento. Ya de por si estaba incómoda con tantos hombres alrededor. En el poco tiempo que estuvo recluida en aquel bar-burdel, aunque no se habían propasado con ella siempre había una que otra mano suelta con la que había que lidiar y que la repugnaba, haciendo que siempre estuviese alerta. Ahora no era la excepción.

Se sacudió intentando soltarse con más fuerza, pero no lo logró. Entonces lo sintió. La mirada fija de ese lobo sobre ella. El más fuerte de allí que le asignaban el título de Alfa de aquel lugar, con una mayor repercusión que solo su asignación de género. El lobo con mayor status y donde todos los demás le obedecían. Algo que solían hacer en la actualidad.

-Bueno, para que vamos a retrasar más el momento. Sino rompemos el hielo no se te quitará ese miedo. No te preocupes, gruñe pero no te morderá. Al menos no a ti- el hombre que la sostenía la comenzó a arrastrar hasta donde estaba el Alfa. Y aunque Savana quiso posicionar duro sus pies en el suelo, la diferencia de fuerza era abismal.

Todas las miradas se posaron sobre ella siendo el centro de atención. La chica tragó saliva con el corazón latiéndole casi en la boca, junto con sus nervios a flor de piel y el agotamiento que tenía, apenas podía pensar. Literal, se había metido en la boca del lobo.

-Vamos, no te preocupes. El salario será bueno. Todas las partes saldrán ganando, lo prometo- la arrastró hasta casi dejarla frente al Alfa. Y al dejarla frente a él, la soltó.

-Es toda tuya, será tu nuevo calmante a partir de ahora- y salió corriendo, como si el lobo pudiera morderlo por estar otro segundo más delante de él.

El Alfa gruñó apretando los dientes pasando su mirada del hombre, que se alejaba, a ella sin comprender bien de qué carajos estaban hablando. Había una pizca de obstinación, como algo de curiosidad. Incluso inclinó la cabeza en torno a ella. Acto seguido frunció su ceño haciendo que sus cejas casi se unieran.

Savana se sintió pequeña e insignificante junto a él. Y no se había equivocado. Apenas le llegaba a mitad del pecho. Y su cuerpo era norme en comparación con el suyo. Hasta su bíceps era más grueso que su cintura.

-¿Quién eres- le preguntó él mostrando a consecuencia sus colmillos como advertencia que hablara- ¿Por qué estás aquí?

Savana le hubiera respondido sino fuera porque sentía que su garganta estaba cerrada y que la sangre volvía a acumularse en su nariz. Miedo, nerviosismo, agotamiento. Un cóctel lo bastante fuerte para provocar que la vista de ella se fuera poniendo borrosa. La cabeza le comenzó a dar cuenta. Demasiada adrenalina para un solo día. Su cabeza casi había hecho puff.

Un intento mareo la hizo tambalear a la vez que su cerebro se desconectaba de la realidad y nuevas gotas de sangre caían al suelo. Y sin nada a lo que sostenerse, no pudo mantenerse erguida al momento que su mundo se oscureció, perdiendo por completo el conocimiento.

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