LOGINDerek compró una cabaña pequeña en lo profundo del bosque, en los límites de Fesmington. El lugar era sencillo, solo tenía lo indispensable. Pero desde ahí podía ver el Santuario Lunar abajo en el valle.Ese era el refugio para cachorros que yo había fundado. Ya se había vuelto bastante conocido. Derek se convirtió en guardabosques. Su trabajo diario consistía en recorrer las montañas, proteger el bosque y, de vez en cuando, ayudar a excursionistas perdidos.Se cortó el cabello y se dejó crecer la barba. Usaba ropa de trabajo común y corriente. No quedaba ni rastro del Alfa que alguna vez fue.Durante cinco años, nunca se acercó al santuario. Solo observaba desde lejos y se enteraba de cosas sobre mí por los que pasaban. Y yo nunca me encontré con él. No tenía idea de que estaba ahí.Una tarde, tres lobos errantes atacaron mi santuario. Mis guardias y yo luchamos con desesperación para contenerlos, pero nos superaban en número y fuerza.Derek no lo pensó dos veces. Se transformó en lob
Derek despertó tres días después. Vio al Gran Fenrir sabio sentado junto a la cama; su cara envejecida reflejaba un agotamiento profundo y mucha preocupación.—¿Por qué lloras?Derek luchó para incorporarse.—Me comuniqué con Katherine —dijo el Gran Fenrir sabio sin rodeos—. Se negó a verte.Derek se quedó helado y luego negó.—No puede ser. Solo está molesta. Iré a buscarla. Yo mismo le explicaré todo.—¡Escucha lo que dijo! —lo detuvo el Gran Fenrir sabio con brusquedad.Reprodujo la grabación de la llamada. Mi voz, tranquila y firme, llenó la habitación del hospital. Cuando Derek me escuchó decir que sus sentimientos por mí no eran más que una obsesión de Alfa, se puso pálido.—Ella está bien —dijo el Gran Fenrir sabio con tristeza—. Ya tiene su propia vida. Déjala ir.Derek guardó silencio un largo rato. Aventó las cobijas y caminó a tropezones hacia la puerta.—¡Tengo que encontrarla! ¡Necesito decírselo cara a cara! ¡Tengo que decirle que en serio cambié!Sin embargo, su cuerpo e
En el gran salón de la mansión Blackwood, el Gran Fenrir sabio, de ochenta años, estaba sentado en una silla de respaldo alto. Su imponente presencia llenaba la habitación de una atmósfera opresiva.—Derek —la voz del Gran Fenrir sabio sonaba envejecida, pero aún autoritaria—. De rodillas.Derek se hincó sobre una rodilla sin dudarlo.—¿Sabes cuál fue tu error?—Yo...—Profanaste un vínculo de pareja sagrado y trajiste la vergüenza a toda la manada. Tu estupidez y tu debilidad nos han costado muy caro. —El Gran Fenrir sabio se puso de pie, alzando la voz con severidad… Y lo más importante: lastimaste a Katherine. Esa loba tan dulce no se merecía nada de esto.Derek bajó la cabeza, sin atreverse a responder.—William —llamó al mayordomo—. Trae el látigo.William se acercó con las manos temblorosas, cargando una caja de madera negra. Adentro descansaba un látigo empapado en agua de plata, brillando con un tono siniestro bajo la luz de la luna. El agua de plata era un veneno mortal para l
—¡Alfa, tienes que regresar!A las tres de la mañana, el sonido insistente del teléfono despertó a Derek.—Sheila filtró nuestros secretos clave a las manadas rivales —la voz de Roy transmitía su pánico—. ¡Las acciones de la empresa ya se cayeron un sesenta por ciento!Derek se sentó en la cama, con el sueño borrado de su sistema.—¿Qué? ¿Qué está pasando?—¡Vendió todo! Tu lista de socios, los planos de defensa de la manada y hasta tu agenda privada.A Roy le temblaba la voz.—La Manada Ironblood ya está moviendo fuerzas en la frontera. ¡El Consorcio Dark Night lanzó una oferta hostil para tomar nuestras acciones! ¡La junta exige que regreses para arreglar esto!Derek apretó el celular con fuerza. Se le marcaron las venas. Jamás imaginó que Sheila, estando exiliada, recurriría a una venganza tan demente.Esa necia había traicionado a toda la manada solo para desquitarse con él.—Reserva el primer vuelo que encuentres.Derek se levantó y empezó a empacar.—También activa los protocolos
—Este es el número de teléfono que ella usó al registrarse en el hotel.Un empleado del hotel le deslizó discretamente una nota en la mano a Derek, con la avaricia brillando en su mirada por los cincuenta mil dólares ofrecidos.Derek recibió el papel con las manos temblorosas y marcó. Sin embargo, solo escuchó una grabación impersonal.—El número que usted marcó ha sido desconectado o ya no existe.Derek se negó a rendirse. Llamó una y otra vez, pero siempre obtuvo el mismo resultado. En su desesperación, se le ocurrió otra estrategia.Derek comenzó a publicar en internet un “Diario de confesiones del Alfa” todos los días.—Día uno. Katherine, sé que puedes ver esto. Todos los días me arrepiento de no haberte valorado.—Día diez. Ya resolví lo de Sheila. No volverá a aparecer nunca. Quiero que sepas cuánto me desprecio a mí mismo.Sus escritos causaron un gran revuelo en la red. Muchos usuarios empezaron a simpatizar con él, creyendo que su arrepentimiento era genuino.—Se ve que este
—Alfa, revisamos más de diez mil pistas, pero la mayoría es información falsa.El investigador privado reportó los últimos avances con obvio cansancio. El escritorio estaba repleto de reportes de testigos oculares provenientes de todo el mundo.Derek se veía pálido y tenía los ojos enrojecidos. Parecía no haber dormido en días.—¡Sigan buscando! —Su voz sonaba ronca—. ¡Aumenten la recompensa! ¡Que sean cien millones!—Si sigue así su salud...—¡Dije que sigan buscando! —rugió Derek mientras agarraba un montón de documentos del escritorio y los aventaba contra la pared.En ese momento, Roy entró apresurado.—¡Noticias importantes! —dijo casi sin aliento—. ¡Alguien vio a su Luna en una vieja iglesia en Bellin City, en Arcanum!Derek se levantó de la silla de un salto. La esperanza se encendió de nuevo en su mirada.—¿Estás seguro?—Ya mandaron fotos. ¡Sin duda es su Luna!Derek revisó las imágenes. En la foto, yo llevaba una gabardina beige sencilla y estaba parada frente a una antigua i