INICIAR SESIÓN—Déjalo aquí por ahora. Vamos a comer.—¿Ahora? —preguntó Fernanda, sorprendida.¡Todavía no era hora de comer!Pero Leonardo Soto ya se había levantado de la silla y salía a grandes pasos. A Fernanda no le quedó más remedio que apresurarse a seguirlo.Llegaron al restaurante.Buscaron un rincón junto a una ventana y se sentaron. Después de pedir, Leonardo le devolvió el menú al mesero. Al levantar la mirada, reconoció a dos personas sentadas enfrente, junto a otra ventana.Frunció el ceño.¿Verónica y Rodrigo?¿Desde cuándo tenían tanta confianza como para salir a comer a solas?—Señor Soto, ¿qué pasa?Fernanda miró hacia donde él miraba, pero, antes de que pudiera ver algo, Leonardo le hizo volver la cara hacia él.—Tenías algo en la cara. Ya te lo quité.Fernanda se quedó confundida y se levantó enseguida para ir al baño a revisarse y arreglarse. Leonardo se puso serio y volvió a mirar hacia la mesa de enfrente. Verónica y Rodrigo parecían estar muy a gusto, conversando entre risas.
Durante los tres días siguientes, la tensión se apoderó de los círculos de la élite. Los medios no informaron al respecto. Sin embargo, toda la alta sociedad se enteró de que la policía tenía detenida a Camila.Nadie sabía qué había pasado. Pero el incidente les recordó a todos los escándalos anteriores de Camila. La alta sociedad también tenía sus grupos de chat.En uno de ellos, varios hijos de papi discutían con entusiasmo.“Los Zárate son la familia más poderosa de la capital. Hasta Rafael tiene que andarse con cuidado con ellos. ¿Cómo es que hacen un escándalo tras otro?”“¿Alguien podría hacerme el favor de contarme qué pasó exactamente?”“¿Así que no lo sabes? Pues yo te cuento. Dicen que Camila estaba celosa de que Vanessa se casara con Rafael y mandó a unos tipos a inyectarle el VIH a escondidas. El caso es que esa misma noche la arrestaron”.“¡Mierda! ¿Atreverse a hacer eso en Cartaluz y atacar a alguien cercano a Rafael? ¡Eso es cavar su propia tumba!”“Veo que están muy mal
Vanessa percibió que algo no cuadraba.—Está bien, gracias por la ayuda —dijo, fingiendo no haberse dado cuenta.Vanessa y Rafael subieron al auto uno detrás del otro y se marcharon.—Vanessa no sabe que estás viviendo en mi casa. Con tanto ofrecimiento, vas a hacer que piense lo que no es —le reprochó Bianca a Sergio en cuanto el auto se alejó, mirándolo con fastidio.—Que lo piense. ¿Qué tiene de malo?—Ella no me interesa a mí ni tú le interesas a ella. ¿Por qué te preocupa tanto lo que pueda pensar? —Sergio se inclinó y acercó la cara a la de Bianca hasta que ella pudo sentir su aliento.Bianca no supo qué decir.Suspiró, molesta.Sin decir nada, se metió al auto. Al verla sin saber qué responder, Sergio no pudo contener la risa. A poca distancia había un auto negro.Desde el interior, Rodrigo observó con frialdad cómo los otros dos vehículos se marchaban uno tras otro.Diego lo miró, pero no pudo distinguir su expresión entre las sombras.Empezó a informarle de la situación de Cam
Muy pocas personas sabían que Vanessa estaba embarazada. Y, aun así, Camila ya había empezado a tramar algo contra ella desde el banquete de la familia Heredia.—Basta de estupideces. Hoy volví a perder contra ti porque no estuve a tu altura. ¡Mátame si te atreves!Camila apretó la mandíbula con furia y la miró fijamente con los ojos enrojecidos.—¡De lo contrario, les voy a hacer la vida imposible!Mientras hablaba, recorrió con la mirada a los presentes, con odio.¡No olvidaría a ninguno de los cuatro!¡Todos le habían arruinado la vida!—¡Eso se lo dices a la policía! Vamos.Vanessa dejó de pensar en el asunto y se dispuso a salir. Camila se abalanzó hacia ella como si hubiera perdido la razón.—¡Vanessa, nos iremos juntas al infierno!Corrió hacia Vanessa como una desquiciada. Rafael reaccionó a tiempo y le dio una patada en la cintura. Camila se estrelló contra la pared.La navaja se le cayó al suelo. Vanessa giró la cabeza, vio lo ocurrido y se enfureció. Se acercó y le pisó con
—¿Y el bebé que está esperando? ¿Lo va a tener?Camila sonrió con crueldad.—Que lo tenga. Cuando nazca, tendrá el VIH, igual que su madre. ¡Ja, ja, ja...!La idea la llenaba de emoción.¡Bam!La puerta de la habitación del hospital se abrió de golpe.—Ah, ¿sí? Me temo que te vas a llevar una decepción, Camila.Vanessa entró en la habitación con una sonrisa de desprecio.—¿Es... estás bien?Camila la miró atónita.Buscaba alguna señal de dolor y desesperación en su cara. Pero Vanessa estaba radiante; su expresión solo reflejaba desprecio hacia ella.No había nada más.Rafael apartó bruscamente a Camila y la miró fijamente.—¿Quién te dijo que le pasó algo?Vanessa iba al frente.Detrás de ella entraron Sergio y Bianca. Un segundo después llegaron los guardaespaldas. Traían al pelón sujeto por detrás del cuello de la camisa y lo arrojaron a los pies de Camila.—Camila, lamento decepcionarte. Descubrí tu plan y no conseguiste lo que querías.Camila retrocedió un paso. Al ver al pelón tir
Rafael habló con frialdad. Sus palabras golpearon a Camila como un mazazo. Quedó aturdida y lo miró aterrada, sin saber qué hacer.Solo podía pensar en una cosa.“No puedo dejar que Rafael revise mi celular”.“¡Si lo hace, todo saldrá a la luz!”—¡Devuélveme mi celular!Camila se abalanzó sobre el guardaespaldas e intentó arrebatárselo. Él se hizo a un lado para esquivarla. Ella se lanzó con tanta fuerza que estuvo a punto de estrellarse contra la pared.No se resignaba.Quiso volver a quitárselo. Para entonces, Rafael ya había desbloqueado el celular y se lo mostró. Había una llamada en curso.—¡No!Camila abrió mucho los ojos, aterrada. Al otro lado ya habían contestado.—¿Ahora qué quieres? Te advierto que todo lo que hice contra Vanessa fue por orden tuya. ¡Ni se te ocurra amenazarme!La voz del pelón se escuchó por el celular. Se apresuraba a deslindarse de todo.—¡Cállate! ¡Ni siquiera sé quién eres! —gritó Camila, aturdida.El pelón empezó a insultarla:—¿Por qué te haces la idi







