LOGINFernanda quiso detenerlos, pero un guardaespaldas la tiró al suelo de un empujón. Ximena le pisó el dorso de la mano.—No te metas en lo que no te importa. Hace rato te metiste sin medir hasta dónde alcanzas, pero por esta vez te lo voy a dejar pasar.A Fernanda le corría el sudor por la frente del dolor. El tacón parecía a punto de atravesarle los huesos, y el dolor la hacía temblar sin parar. Solo cuando Andrea se acercó a convencerla, Ximena desistió.Después, el grupo se llevó a Bianca a la fuerza y se fue con descaro. Los empleados de la tienda estaban aterrados. Cuando ellas se fueron, ninguno se atrevió a acercarse a ayudar a Fernanda.Llegó Leonardo, que había visto el mensaje, y se quedó atónito ante la escena. Corrió a levantar a Fernanda y vio de inmediato que tenía el dorso de la mano rojo e hinchado.—¿Quién te hizo esto? —preguntó, furioso.Fernanda levantó la cabeza despacio para mirarlo, y se le escaparon las lágrimas de miedo.—Fue ella, fue... la chica que sale contig
Ximena se acercó, levantó la mano bien alto y estaba a punto de darle una cachetada a Bianca.—¡No!Fernanda acababa de enviar un mensaje. Al levantar la cabeza y ver lo que pasaba, se puso delante de Bianca sin pensarlo. Recibió la cachetada de lleno. Se escuchó un chasquido seco que resonó en toda la tienda. A Fernanda le ardía la mejilla; el dolor intenso no la dejaba en paz.—¿Estás bien? —le preguntó Bianca, preocupada, cuando reaccionó y se apresuró a ponerse frente a ella.Al ver los cinco dedos marcados en la cara de Fernanda, se enfureció. Fernanda la sujetó enseguida.—Estoy bien, no te enojes. Olvídate de los tacones, vamos. Es Año Nuevo, no dejes que otras cosas te arruinen el ánimo. Vamos a pasear a otra parte, ¿sí? —le pidió Fernanda, nerviosa.Al verla tan cautelosa, a Bianca se le partió el corazón. Antes de que pudiera decir algo, escuchó la burla de Ximena:—Dios los cría y ellos se juntan. Las amigas de una corriente son tan corrientes como ella.A Ximena le molestab
Al día siguiente, Bianca despertó con el corazón acelerado y una sensación de vacío. Se obligó a no pensar demasiado en eso. Apenas terminó de arreglarse, recibió una llamada de Fernanda, que la invitaba a ir de compras. Como no tenía nada que hacer, aceptó. Se citaron en el centro comercial. Había mucha gente, y encontró a Fernanda en una cafetería.—No pensé que llegarías tan puntual, hoy hay muchísima gente.Fernanda se levantó a recibirla con una sonrisa, pero la observaba como si tratara de averiguar algo. Bianca respondió:—Salí temprano y me libré de la hora pico. ¿Vamos a dar una vuelta?—Claro. —Fernanda se adelantó a tomarla del brazo.Era primero de enero y muchas familias habían salido a pasear juntas. El ambiente estaba más animado que de costumbre, y también más festivo. Ya en la zapatería, Fernanda se fijó en unos tacones de suela roja.Pero costaban más de dos mil dólares, le dolía gastar tanto y seguía dudando sin decidirse. Bianca se dio cuenta de lo que pensaba y le
—Señorita Villalobos, no diga eso. Fue Sergio quien me invitó a tomar; yo solo vine a acompañarlo. ¿Cómo es que ahora yo soy el que lo lleva por mal camino?Leonardo recorrió con la mirada las botellas casi vacías de la mesa y luego volvió a fijarse en Sergio, que tenía los ojos enrojecidos, aunque su mirada seguía siendo severa. Habló con burla.—Además, Sergio no es cualquiera. ¿Quién es usted para venir a decirle qué hacer? Si quiere tomar, si quiere sufrir por alguien, es asunto suyo.Ximena no supo qué decir y se puso roja. Con lo consentida que era, enseguida quiso replicar, pero Sergio la hizo callar con una mirada tajante.—Basta.Sergio no alzó la voz, pero su tono no admitía réplica. Se masajeó el entrecejo. El alcohol se le agitaba por dentro, pero seguía lúcido, y miró a Ximena con impaciencia.—Mis asuntos no son de tu incumbencia, y mucho menos tienes por qué hablar de otros a sus espaldas.—¡Sergio! —Ximena hizo un puchero, dolida, con los ojos rojos de enojo—. Lo digo p
Ximena llegó molesta al privado de Sergio y, al ver la mesa llena de botellas, se le detuvo el corazón.—¡Sergio!Al escucharla, Sergio se detuvo, se inclinó un poco hacia adelante y su cara quedó a la luz. Tenía facciones marcadas y los ojos enrojecidos, pero se veía muy lúcido y distante.—¿Qué haces aquí?Ximena se le acercó, le quitó la copa y se le notaba el enojo.—Si no estuviera aquí, no te habría visto beber así. Tú antes nunca bebías así. Eras muy buena persona, amable y mesurado. ¿Cómo terminaste así?¿Se estaba emborrachando por una mujer?¡Y para acabarla por una modelo cualquiera!Ximena tenía una cara dulce y encantadora, pero una mirada filosa. Tenía la altivez escrita en la cara. Sergio levantó un poco el mentón.—¿Me estás regañando?Su mirada era tan tranquila como su tono. Pero bastó que la mirara una sola vez para intimidar un poco a Ximena. Se contuvo enseguida.—Solo me preocupo por ti. ¿Qué te pasa? ¿Por qué bebes tanto?Se sentó junto a él y se le abrazó del br
—Tómatelo todo.Sergio sirvió más y señaló con el mentón las botellas de cerveza clara que había sobre la mesa. Junto a las cervezas había varias botellas vacías tiradas. Vino tinto, whisky... había mezclado todo tipo de alcohol. Si decía que no tenía el corazón roto, nadie le habría creído.Leonardo estaba a punto de suplicarle.—No, espera, ¿vas a seguir tomando?No había terminado de hablar cuando sonó la notificación en su celular. Como no lograba convencer a Sergio, sacó el celular y revisó sus mensajes. Era Fernanda, que le mandaba sus felicitaciones de Año Nuevo. Le respondió:“Feliz Año Nuevo. Que vengan muchos éxitos”.Al recibir la respuesta, Fernanda se mostró sorprendida y encantada. No esperaba que, tan tarde, él siguiera despierto. Le temblaban las manos al escribir y no podía dejar de sonreír.“¡Gracias, jefe! Que este Año Nuevo traiga dinero a montones y mucha alegría”.Leonardo le respondió con un GIF y no dijo nada más. Dejó el celular, alzó la mirada, vio que Sergio







