LOGIN—Vanessa.Al pasar a su lado, Alexis le tomó la muñeca.—¿Podemos hablar?La entrada del ascensor quedó bloqueada. Los de adentro no podían salir; los de afuera no podían entrar.—Vanessa... —Itzel, atrapada adentro, habló con un tono inseguro y culpable.Vanessa volteó y la miró de reojo, indiferente. Entendió que había sido ella quien le había dicho a Alexis sus planes, y apartó la mirada.—Suéltame.Forcejeó, mirando a Alexis con frialdad y distancia.Él apretó más su mano, sin intención de soltarla.—Diez minutos. Solo te pido diez minutos.Vanessa sabía que si no aceptaba, no iba a ningún lado.—Bien. Diez minutos.Al escucharla, Alexis sonrió.Ella no quería bloquear el ascensor ni convertirse en un espectáculo, así que lo siguió al café de al lado.A esa hora había poca gente; el lugar estaba casi vacío.Encontró un lugar cerca de la ventana y se sentó frente a él.Miró su reloj. Se veía seria.—Habla. ¿Qué quieres?Alexis arrugó la frente. Notó que su actitud era muy distinta a
—Son para ti. Dijiste que te gustaban las rosas rojas, así que las compré.Alexis, con cara de enamorado, le ofreció el ramo con las dos manos. Su cara atractiva atrajo las miradas de varios oficinistas que pasaban por ahí.Era temprano. Pasadas las nueve de la mañana.No podía ser casualidad que apareciera ahí.Vanessa lo miró con el ceño fruncido y la mirada fría.—¿Cómo sabías que vendría a la empresa esta mañana?Que Alexis supiera que ella trabajaba ahí como guionista no era raro. Lo raro era que ella no iba a reuniones todos los días. Y aunque fuera ese día, poca gente lo sabía.—Eso no importa —dijo Alexis con cara de enamorado—. Lo que importa es que te amo. Quiero volver a conquistarte. Espero que me des otra oportunidad.Vanessa lo miró a los ojos y por un instante sintió un nudo en la garganta.Era la mirada que más había deseado ver. Una que nunca le dio, y que ahora, al fin, veía.Pero ya no la necesitaba.Vanessa extendió la mano y tomó las flores. Alexis se alegró.—Vane
Ese dinero era una compensación por la inquietud que cargaba por dentro.—Para nada. Aunque seas de una familia con dinero, el dinero no cae del cielo. Si me lo prestaste, te lo devuelvo. Además, por más apuros que tenga, no voy a perder mi dignidad.No importaba lo que dijera Vanessa, Itzel le estaba agradecida, y la invitó a comer y salir de compras al día siguiente. Como de todas formas Vanessa tenía que ir a la empresa, aceptó.A la mañana siguiente, Vanessa se alistó para salir. Vestía como siempre, con esa elegancia clásica que la caracterizaba: un vestido floral de tirantes en blanco rosado, entallado, que resaltaba su figura esbelta.Su piel era clara y sus facciones delicadas, luminosas en esa cara pequeña. Bonita y llamativa.Rafael estaba sentado en el comedor. La miró con el ceño fruncido.—¿Tan temprano a la empresa?Vanessa se detuvo en la escalera y volteó a verlo.—Sí, tengo una junta. En la tarde voy a comer con Itzel y salimos de compras.—Ven.Rafael golpeó la mesa c
—¿Por qué me miras tanto?Rafael notó su mirada. Terminó de secarle el cabello y la miró con una sonrisa, sus ojos oscuros fijos en ella.Vanessa había estado tan absorta mirándolo que ni siquiera se dio cuenta de que su cabello ya estaba listo.Al escuchar su voz, lo miró agitada.—N-nada, no es nada.Rafael guardó la secadora con una sonrisa a medias.—Me pregunto si la señora Cisneros está satisfecha con mi aspecto.Su tono era burlón. Bajo la luz, sus rasgos se veían más nítidos, sus ojos profundos e imposibles de leer.Sus pensamientos eran aún más difíciles de descifrar para Vanessa.Por suerte ella sabía cuándo no pensar de más. Siguió la corriente con una risita.—Es un hecho. Siempre has sido famoso por tu físico; el tipo que a todas les gusta.Rafael era egresado de la Universidad de Cartaluz.El año en que Vanessa entró a la universidad, él regresó a dar una conferencia y volvió locas a todas las chicas. Lo estuvieron comentando durante cuatro años.Aunque había egresado muc
Leonardo no estaba conforme y los miró con fastidio, especialmente a Rafael.¡Por fin le tocó vivir esto, y claro que lo disfrutaba!Sergio dejó su copa y miró a Rafael, pensativo.—Rafael, ya lograste lo que querías.Leonardo sonrió como si tramara algo.—Eso sí lo sé. Ese la ha traído en la cabeza al menos diez años.En la mente de Rafael volvió a aparecer esa cara radiante, con esa sonrisa encantadora e ingenua, y ya no pudo quedarse quieto.Levantó el brazo para ver su reloj y se puso de pie.—Ya es tarde. Me voy. No quiero que ella espere mucho.Leonardo se detuvo en seco.—Si apenas empezamos a beber.Rafael se acomodó el traje, que no tenía nada que acomodar, y arqueó una ceja.—Es la responsabilidad de un hombre casado.Leonardo arrugó la frente, molesto. Tanta cursilería en una sola frase.Sergio se rio brevemente.—Vete. Nosotros nos quedamos otro rato.Rafael asintió y salió del privado con paso firme.En cuanto se fue, Leonardo sacudió la cabeza.—Se acabó. Cambió. Se volvi
—De ahora en adelante, cuando estemos fuera, no digas que eres mi hermano. Eres una vergüenza.Con eso, se dio la vuelta y se fue, con esa presencia dominante que lo hacía ver a todos por encima del hombro.Leonardo se esforzó por aguantarse, pero no pudo: temblaba sin control. Hasta Sergio, siempre tan tranquilo, intentó contener la sonrisa.Los dos miraron a Alexis con indiferencia y se fueron.Alexis quedó humillado en el acto. Se sentía como si le hubieran dado una cachetada tras otra; le ardía.En cuanto escuchó cerrarse la puerta del privado, la rabia lo consumió. Furioso, golpeó la mesa con el puño.La mirada se le volvió oscura y peligrosa. Quería saber, de una vez por todas, qué había entre Rafael y Vanessa.Y que no le diera la oportunidad, porque si encontraba la ocasión, arrastraría a Rafael de ese trono y le patearía sin misericordia.***Los tres fueron al Club Cúspide, al privado de categoría más alta.El mesero, tal como les habían indicado, ya tenía lista una botella d
Una y otra vez, Alexis se había desquitado con ella por culpa de Natalia, llegando incluso a obligarla a arrodillarse para pedir perdón. Cualquiera que no los conociera pensaría que esa supuesta hermana en realidad era su novia.Mientras Vanessa se perdía en sus pensamientos, la voz profunda de Rafa
Vanessa se quedó contemplándolo, perdida en sus pensamientos.Rafael notó que lo observaba, dejó la taza sobre la mesa y alzó una ceja al mirarla.—¿Ya terminaron de hablar?No respondió. Sonrió, se puso de pie y se acercó a ella.—¿En serio soy tan atractivo?Al escuchar su voz, recobró el sentido
—¿Bueno?Vanessa deslizó el dedo por la pantalla para contestar y fingió indiferencia. —Felicidades, Rafael. Dime, ¿cuándo piensas volver para que nos divorciemos?La respiración de él se volvió pesada.¿Le hablaba a mitad de la noche solo para mencionar el divorcio?—Dime la razón —exigió Rafael.
Perdió a su madre a los diez años y, a los dieciocho, también a su padre. Ese año, Alexis le prometió a su papá que la cuidaría y que siempre estaría para ella.Pero solo pasaron unos años... no, eso no era cierto. Poco después de la partida de su padre, Alexis cambió; empezó a despreciarla y a meno







