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Capítulo 794

Author: Ámbar O.
A Vanessa aún le daba miedo recordar las heridas que había sufrido. Asintió sin protestar y respondió:

—Lo tendré en mente. Mírate, ya te pusiste a darme sermones.

Rafael la miró desde el otro lado de la mesa y le sonrió con ternura, sin ofenderse.

—Para mí, no hay nada más importante que mantenerte a salvo.

Las palabras de Rafael reconfortaron a Vanessa. La conmovía saber que Rafael se preocupaba tanto por ella. Entonces recordó que aún no le había contado el contenido de la grabadora de voz.

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    Ni Sergio ni Bianca habían notado a Vanessa.—¿Te divierte hablar así? —preguntó Sergio con el ceño fruncido; por fin había perdido su calma habitual.—¿Y qué quieres que diga? ¿Que acepte tu compensación? —Bianca soltó una risa indignada.Un rato antes, Sergio había insistido en llevarla a un restaurante para comer y hablar de lo ocurrido la noche anterior.Bianca no recordaba bien lo que había pasado. Cuando despertó, ambos estaban acostados y desnudos. Bianca seguía aturdida y solo quería volver a casa a dormir. Sin embargo, Sergio le había entregado un cheque por quinientos mil dólares como compensación.Ambos eran adultos; no se podía decir que uno de los dos hubiera salido perdiendo. Sergio no tenía por qué compensarla.Aunque Sergio le gustaba, Bianca no pensaba aprovecharse de la situación ni aceptar el cheque de quinientos mil dólares.—Sergio, solo fue una aventura de una noche. ¿Tienes miedo de que me aferre a ti? Tranquilo, no lo haré.Bianca solo quería volver a casa cuant

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    Rafael la mantuvo entre sus brazos un rato, hasta que ella acabó por levantarse para asearse. Cuando terminaron de comer, salieron juntos.En el auto, Rafael le tomó la mano y entrelazó firmemente sus dedos con los de ella. A pesar de haber bebido la noche anterior, se veía bastante animado.El auto se detuvo frente al edificio del Grupo León. Antes de bajar del auto, Vanessa le advirtió:—Toma mucha agua hoy y no bebas alcohol, aunque tengas alguna reunión.—Lo que mi esposa diga. —Rafael sonrió y la miró con ternura.En apenas un día, ya le había dado varios apelativos cariñosos.Vanessa miró a Ricardo, que conducía.—Hazme el favor de vigilar a tu jefe.—Claro, señora —respondió Ricardo de buena gana.—Me voy.—Está bien.Rafael se acercó, la rodeó por la cintura y la besó en los labios.—Sube.Vanessa se sonrojó. Respondió en voz baja que sí, bajó del auto y caminó hasta la entrada del edificio, donde Daniel la esperaba.En cuanto Daniel la vio, se acercó para repasar con ella la a

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    Para Bianca, era como si la otra persona perdiera todo su encanto y dejara de interesarle. Sin embargo, con Sergio no le pasaba eso y, en el fondo, le resultaba irónico.Sergio apenas mostró desagrado.—¿Y eso qué importa?A Bianca le pareció gracioso, se recostó en el asiento y no volvió a hablar.Hasta donde recordaba, Sergio era el único con quien había coqueteado por iniciativa propia y el único que había logrado frustrarla.No le atraían los retos demasiado difíciles. Ante las dificultades no había que tener miedo; bastaba con saber cuándo rendirse. Bianca decidió rendirse.El trayecto duró veinte minutos, pero a Bianca se le hizo eterno. El auto era estrecho, y el tenue aroma de Sergio llegaba hasta ella. Optó por cerrar los ojos y concentrarse en el movimiento del auto.Sergio permanecía en silencio a su lado. Bianca percibía que Sergio la miraba de vez en cuando, pero tenía los párpados pesados y la cabeza nublada, así que no abrió los ojos para comprobarlo. Sergio contempló su

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    Acto seguido, una mano grande le rodeó la cintura. Rafael la levantó con un solo brazo, volvió a recostarla en la cama y enseguida se inclinó sobre ella hasta cubrirla con su sombra.Él la aprisionó contra la cama mientras la besaba con pasión. Vanessa alzó el mentón y le devolvió el beso con la misma pasión. Aquella noche, ambos se dejaron llevar por el deseo.En el bar, la reunión terminó a las dos de la madrugada.—Sergio, no conduzcas así, estuviste tomando. Pide un taxi o regresa conmigo; luego manda a alguien por el tuyo —propuso Leonardo.—Sí, regresa con Leonardo. No conduzcas —añadió Verónica.Sergio dejó ver un destello en la mirada tras los lentes y respondió:—No pasa nada. Váyanse ustedes; yo iré al baño.Los otros dos no insistieron y se marcharon. Después de verlos partir, Sergio miró con disimulo hacia uno de los privados. Bianca había bebido un poco de más y, sin darse cuenta, se inclinó hacia Joel, sentado a su lado.Él volvió la cabeza para contemplarla. No apartaba

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    Rodrigo respondió:“Mañana al mediodía. Comemos y hablamos”.Vanessa pensó que lo mejor era resolver el asunto cuanto antes y aceptó sin dudar. Apenas salió del estudio, escuchó que se abría la puerta.La luz del recibidor se encendió.Vanessa fue al recibidor y vio a Rafael quitándose los zapatos. Llevaba el saco del traje colgado de un brazo y la corbata floja sobre la camisa blanca. Con su porte alto y esbelto, Rafael tenía un aura desenfadada y rebelde.Aquella luz realzaba tanto sus facciones que era difícil dejar de mirarlo.—¿Por qué saliste?La pregunta de Rafael hizo que Vanessa volviera en sí. Al alzar la mirada, Vanessa descubrió que Rafael ya estaba frente a ella. Percibió un tenue olor a alcohol mezclado con el aroma habitual de Rafael.—Acabo de revisar unos documentos. Salí al escuchar ruido. —Vanessa dio un paso hacia él y Rafael la atrajo contra su pecho con naturalidad.Rafael bajó la cabeza, le besó la frente y murmuró con voz ronca:—Creí que mi esposa había salido

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