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Capítulo 3

Author: Margot
Pasé toda la noche a solas bajo la luz de la lámpara, armando un plan para marcharme. A la mañana siguiente, Grace mandó a alguien a buscarme y no me dio tiempo siquiera de desayunar.

En el comedor, Kristy reposaba con comodidad mientras Eugene le daba trozos de turrón de maní. Cuando me vio entrar, se mostró algo incómodo. Dejó el turrón a un lado y se acercó a mí.

—Selena, estás pálida. ¿No dormiste bien? —preguntó preocupado.

Grace soltó un suspiro desdeñoso.

—Ella no está embarazada. ¿Por qué no iba a dormir bien? Siempre hace un escándalo por nada. Mi pobre Kristy es quien no pudo dormir en toda la noche. Eso sí es preocupante.

—Ah, es cierto.

Al escuchar a Grace, Eugene recordó algo:

—Kristy lleva tiempo sintiéndose mal, así que llamamos a un sanador para que la examinara. Dijo que la tierra bajo su residencia está contaminada con una energía oscura que su espíritu lobuno rechaza. Por eso no duerme bien. El sanador también dijo que tu casa es el lugar ideal para que descanse una embarazada. He estado pensando en una solución. Como por ahora tú no estás esperando un hijo, ¿por qué no dejas que Kristy se mude ahí? Le hará bien al cachorro. ¿Qué opinas?

—¡Pero ese es el hogar que le dio a Selena como regalo de bodas! ¡Ustedes dos ni siquiera se han casado! ¿Cómo puede dárselo a Kristy? —protestó Daria, angustiada.

Grace intervino con brusquedad:

—¿Alguien como Selena merece una casa tan bonita? La crié todos estos años y no la vendí a otra manada. Incluso le permití estar con Eugene todo este tiempo. ¡Debería estar agradecida! Ahora Kristy está embarazada del futuro heredero de la manada Nightwind. Es solo una casa, ¿cuál es el problema?

Kristy adoptó una actitud inocente, como si ella fuera la víctima.

—No importa, Grace. No presiones a Selena. En serio, puedo vivir donde sea. Es solo que... donde vivo ahora estoy incómoda. Puedo soportar esas condiciones. Pero, si esto sigue así, no puedo garantizar que el cachorro siga sano...

Soltó un suspiro exagerado y se frotó el vientre. Eugene se volvió hacia mí con gesto contrariado.

—Selena, no es más que una casa. Por favor, déjasela. Si algo les pasa a Kristy o al cachorro, ¿qué será del futuro de la manada? En cuanto ella dé a luz, podrás recuperar la casa.

Me le quedé viendo con la mirada perdida. En ese momento me pareció un completo desconocido. Sus palabras me retumbaron en los oídos. Hablaba en voz baja y tranquila, como si pedirme algo así fuera lo más razonable del mundo.

Parecía comentar el clima con toda tranquilidad en vez de pedirme algo tan absurdo como abandonar la casa que íbamos a compartir. La habíamos elegido juntos; cada mueble representaba los sueños que compartíamos sobre nuestro futuro. Y ahora me obligaba a entregársela a otra mujer.

—Lo prometiste... —susurré—. Ese iba a ser nuestro hogar... solo nuestro.

Eugene guardó silencio unos instantes antes de apartar la mirada.

—No compliques las cosas más de lo necesario, Selena. Ya conoces la situación. Tienes unos días para empacar tus cosas para que Kristy pueda mudarse.

Aquellas palabras me congelaron por completo. Respiré hondo, me puse de pie y dije:

—Está bien. Me mudaré hoy. No causaré problemas.

Eugene vaciló.

—Bueno, no hace falta que te apresures...

—¡Gracias, Selena! —lo interrumpió Kristy con voz empalagosa—. Eugene, quiero más turrón de maní. Dame unos trozos más, por favor. Es que no tengo ganas ni de levantar la mano.

—Está bien. Pediré que traigan más. —Eugene volvió enseguida toda su atención hacia ella. Ahora su mundo giraba en torno a su cuñada embarazada. Se desvivía por satisfacer todos sus caprichos.

Volvió a sentarse a su lado. Apoyó una mano sobre el vientre de Kristy y con la otra siguió dándole turrón.

Nadie se fijó en mí cuando me marché en silencio.

Cuando regresé a casa, le pedí a Daria que me ayudara a hacer las maletas enseguida. No me llevé ninguno de los regalos que Eugene me había hecho, aunque eran muy valiosos.

—Pero, Selena, a tu espíritu lobuno le cuesta adaptarse a lugares nuevos. Si nos mudamos a otro sitio, tardará mucho en familiarizarse con el aroma y tú lo pasarás muy mal. ¿No será demasiado para ti? —preguntó Daria con evidente preocupación.

Se me hizo un nudo en la garganta y me costó respirar. La miré con tristeza y respondí:

—Estaré bien. No tendremos que sufrir por mucho tiempo.

Pronto todo terminaría.

***

Esa noche, Eugene vino a verme de nuevo. Parecía preocupado.

—Selena, cede una última vez. Por favor —suplicó.

Lo miré en silencio.

—¿Vas a casarte con Kristy? —pregunté.

Su expresión se volvió seria enseguida. Vaciló antes de responder:

—Selena, esto no depende solo de mí. Sabes que una Luna debe ser poderosa y de sangre noble. Kristy cumple las expectativas de la manada.

—¿Y yo? —grité—. ¿Qué soy para ti?

Eugene me miró con la ternura de siempre.

—Sigues siendo la persona que más amo. Aunque me case con Kristy, tú siempre serás mi verdadera Luna.

Así que realmente iba a casarse con ella. En ese momento, perdí la última esperanza que me quedaba. Sostuve su mirada y dije:

—Rompamos el vínculo que nos une como pareja destinada.

—¿Vas a romper nuestro vínculo por lo de Kristy?

Eugene abrió los ojos, incrédulo.

—Todo esto me ayudará a ser un mejor Alfa y a afianzar el poder de nuestra manada. Ya no eres una niña, ¡así que no tomes decisiones precipitadas de las que te vayas a arrepentir! ¡No pienso tolerar esta actitud!

Continuó reprendiéndome con dureza:

—¿Por qué sigues obsesionada con Kristy? ¡Te lo he dicho un millón de veces! Cuando ella dé a luz, todo volverá a la normalidad. Como castigo, ire a verla ahora mismo. ¡Tú te quedas aquí a reflexionar en lo que acabas de decir!

¿Todo volvería a la normalidad? Desde lo más profundo de mi ser, mi espíritu lobuno susurró:

“No. Las cosas jamás volverán a ser como antes”.

Pensé en cuánto nos habíamos amado y el doloroso contraste con nuestra situación actual me desgarró el corazón. Aunque se negara a aceptar que lo rechazara como pareja, encontraría otra forma de romper el vínculo. Una vez roto, nuestro vínculo no tendría solución. Nuestro amor estaba demasiado deteriorado como para salvarlo.

Pensé con tristeza:

“El momento de alejarme de ti para siempre está cada vez más cerca, Eugene. Y esta vez... será por culpa tuya”.

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