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capitulo 2

作者: Lilly Saucedo
last update 公開日: 2022-08-13 07:40:00

El choque del acero de espada con espada fue lo último que Gabrielle escuchó. Sus ojos se negaban a cerrarse y dejar de ver quienes eran sus captores,así que con el aliento pausado volvió a empuñar su espada y soltar un certero golpe contra el tipo que lo tenía en el suelo. El hombre cayó de pronto y Gabrielle se levantó un poco aturdido. Tras él la pelea estaba casi acabada y para su mal augurio ellos iban perdiendo. Amerís se encontraba a unos metros suyo empuñando su espada contra uno de los pillos que los estaban apresando,Gabrielle sacudió su cuerpo y volvió a erguirse.

-¡Mueran todos los malditos!-escuchó que gritaban a lo lejos. Y se le secó la garganta al escuchar esas palabras. Era verdad y lo sabía, cualquier soldado de su majestad que cayera en manos de el fantasma sabía que ese era su destino, morir por el hierro de su espada o en el peor de los casos ser torturado hasta pedir clemencia y con ella venía la muerte como un dulce tónico.

Gabrielle estaba aterrado,tan sólo tenía dieciocho años y no había conocido lo que era tener una mujer aún,ni mucho menos soñado con casarse y formar una familia.

Jamás volvería a ver a su padre, que con mucho orgullo desfilaba por el muelle contando a sus amigos que su valiente hijo era ahora un soldado más de su majestad.

Dispuesto a huir y aunque le creyeran cobarde corrió, corrió tanto que casi lograba escapar de esos delincuentes.

le dolieron las costillas y se llevó una mano al costado,volteó el rostro levemente atemorizado y pudo ver al tipo que corría tras él. Quiso seguir corriendo pero el hombre lo alcanzó y tiró de él,Gabrielle le lanzó una patada y el hombre tomó su tobillo, con el pie libre lanzó otro golpe y acertó en el rostro de su atacante,el hombre se llevó la mano a la nariz y ésta escurría sangre a borbotones.

-¡Maldita alimaña!-gritó furioso. Gabrielle se arrastró hasta llegar a la orilla del río. Pero el hombre lo interceptó antes de que lograra escapar y le propinó un golpe en la nuca. El chico cayó casi desmayado,sin fuerza para sostener su cuerpo y seguir avanzando.

El hombre tras él soltó una risotada de triunfo,con una patada aventó el cuerpo inerte de Gabrielle hasta la orilla del muelle. Aún le quedaba algo de fuerza en los brazos, que lograron sostenerse de la orilla con sólo tres dedos,el hombre asomó el rostro y notó que el chico seguía sostenido de los dedos y con un duro golpe de su bota hizo que uno de sus brazos cayera a los lados.

-¡Ríndete escoria! Tírate y muere con dignidad ahora,o sino después sufrirás una terrible muerte en manos del propio "fantôme" eso es algo que tus ojos no querrán ver.

En medio de esa verba supo que el hombre tenía razón, había escuchado los suficientes cuentos de la gente del pueblo decir que el fantasma era despiadado, disfrutaba de atormentar a los suyos hasta la muerte,sus gritos eran música de fondo después de un día de vandalismo. Era algo que le aterraba,algo que lograba helar la sangre y empezar a suplicar piedad. Entonces fue cuando vio mejor a su atacante,era lo último que sus ojos iban a ver. El hombre media por lo menos dos metros y era muy fuerte, las botas de cuero le llegaban hasta los muslos y las puntas estaban gastadas,tenía la frente muy amplia,el cabello canoso y sus dientes eran grandes y amarillentos. Era el hombre más intimidante que jamás había visto,más criatura demoníaca que hombre, pero no era el fantasma por lo que pudo entender.

Las fuerzas le fueron abandonando poco a poco y sus ojos le pesaban como dos enormes rocas,sus dedos adormecidos se fueron soltando uno a uno de la orilla,el hombre se giró de pronto y volteó a verlo de nuevo.

-Te dije que era mejor morir con dignidad-.Movió el rostro negando y se alejó de él. Cuando su último dedo se negó a seguir aferrado y se soltó,de pronto sintió una mano que tomó su muñeca y estiró su cuerpo de nuevo a la superficie. A pesar de que los ojos le pesaban alcanzó a ver a su salvador. Lo que vio lo dejó maravillado,unos ojos color azul cielo y el cabello más negro que hubiera visto,casi como la noche. Los labios del ángel aquel eran delineados de forma que suplicaban ser tocados y Gabrielle quiso poder extender su mano y hacerlo. Tocar a el ángel que el señor había mandado en su ayuda para lograr que la imagen del demonio del hombre no fuera lo último que sus ojos vieran. Entonces fue cuando sus ojos se cerraron.

-Éste se ha desmayado mi señor-.Horas sonrió mostrando los dientes en dirección a Solan. Éste miró al chico tirado con una mirada de fastidio. Peor sería su destino,lo llevaría a su guarida y sus hombres decidirán qué hacer con él,les dejaría a ellos la última palabra.

-Llevalo a la guarida y déjalo en el último calabozo,quiero ver que tan fuerte es la guardia de su majestad.

Horas blanqueo los ojos y cargó el cuerpo del soldado,era tan sólo un chico, no mas que un niño, un niño tonto que arriesgaba su vida por alguien a quien no le importaba la suya.

Solan echó una mirada en ambas direcciones percatándose de que ya todo había terminado,los cuerpos de algunos de la guardia del rey seguían esparcidos por las abandonadas calles de París. La sonrisa se volvió amplia y sus manos enguantadas buscaron la empuñadura de su espada. La batalla esa noche no era nada comparada a las muchas que había tenido en el pasado con la guardia del rey, esa noche no le habían dado suficiente batalla y se había quedado sólo con el amargo sabor de boca.

El callejón se asomaba en la oscuridad de la noche y varios hombres se adentraron. Tras la catedral había una enorme estatua de un ángel caído, la belleza de su rostro había sido maravillosa alguna vez,ahora sólo era parte de la fría decoración, tras la estatua había una puerta que pocos lograban ver. Solan entró primero echando su capa de lado y tomando su cabello en una coleta. El olor a humedad inundó sus fosas y de la entrada tomó una larga antorcha. Algunas gotas de agua cayeron a sus pies y Sola se echó de lado dejando pasar a Horas que traía con él al soldado.

Cargó el cuerpo como si fuera paja,no notaba esfuerzo alguno y el chiquillo seguía inconsciente.

Adasius venía tras ellos con ojos precavidos. Bajo París había miles de pasadizos, y él los conocía todos. Pero era Horas el encargado de la seguridad de Solan.

Bajo la catedral de París estaba el escondite del fantôme,el mayor enemigo de monseñor Barberino. La escolta de su majestad Philippe tenía la expresa orden de dar muerte al fantôme y a sus hombres. Pero monseñor quería tenerlo frente a sus ojos y dar castigo con sus propias manos a ese pillo que lograba burlar la seguridad de su majestad y vaciar los abastecimientos de la corte. El asesino y ladrón tomaba cada cosa que le apetecía y lo regalaba a los miserables que abundaban en las sucias y fétidas calles de París. Los pobres lo amaban,los maleantes lo respetaban y monseñor odiaba todo lo que él fantôme significaba. Una enorme molestia,la humillación de reconocer que era casi inmune a los castigos de su majestad y su escolta incapaz de capturarlo.

Recorrieron el angosto pasillo con sigilo,el eco que hacían sus pasos era sólo un leve murmullo en las calladas paredes de la catedral,que ignorante albergaba a su mayor enemigo y su gente. Todo estaba en penumbras y el esfuerzo por recorrerlo era pesado y abrumador,pero al cabo de un largo rato de caminar llegaron hasta el fondo de la guarida. Dentro había una algarabía,hombres bebiendo despreocupados alrededor de una fogata en un rincón. Solan pasó por su lado y los hombres dejaron de reír y se inclinaron obedientes ante el fantôme. Siguió más al fondo y abrió una pesada puerta de madera. Ahí la humedad se perdía y la luz se insinuaba silenciosa. Un enorme despacho repleto de pedestales y libros decoraba el lugar. Solan se dejó caer pesado sobre una enorme silla de madera. Su pecho se asomaba bajo su camisa de algodón que alguna vez fue blanca o algún tono claro. Su cabello negro seguía sujetado en la coleta y sus botas tenían varias manchas en color rojo escarlata. La sangre de sus enemigos comenzaba a secarse y él la miraba fascinado.

-Mi señor-Lo llamó Horas-.¿Qué hay que hacer con el muchacho?.

Solan lo miró detenidamente, sin alcanzar a entender la pregunta.

Al subir el rostro miró que su sirviente traía el cuerpo del chico con él.

-Horas-respondió-:llevas demasiados años conmigo como para saber qué hacer con esa basura.

La respuesta fue fría y tajante. El hombretón asintió levemente y salió de vuelta hasta tomar otro largo pasillo. Ahí la humedad volvía a calar como un frío hielo en el cuerpo. Había varios calabozos vacíos y a Gabrielle que había estado inconsciente la mayor parte del tiempo lo dejaron caer sobre el helado suelo de su celda,en sus muñecas colocaron cuerdas que apretaban su carne y empezaba a dejar una línea roja bajo ellas. Lo mismo en sus tobillos,le quitaron la casaca y casi toda su ropa. De esa forma podría morir por hambre o de pulmonía.

*

Gabrielle abrió los párpados lentamente,sintió un dolor punzante que le escocía los ojos,sentía arena en ellos y le costaba mantenerlos abiertos,todo se veía como un terrible sueño,una pesadilla de la cual quería despertar. Supo entonces que él fantôme lo había atrapado. El miedo que tuvo cegó su mente,sintió una corriente recorrerle el cuerpo y estremecerse de pies a cabeza. Su piel pálida estaba marcada de golpes y rasguños y le dolía cada músculo del cuerpo. Sus ojos verdes estaban apagados y llorosos,desconocía cuánto tiempo había pasado,pero sabía que mucho. Entre sueños escuchó risas,y maldiciones,sonidos de pasos y algunas ratas que corrían por su celda,pero todo eso había menguado en algún momento de la noche, la luz se había filtrado escasas veces cuando pasaba algún guardia con alguna antorcha y desaparecido de la misma forma.

Escuchó pasos cerca de su celda,sus ojos se cerraron de pronto para no ver lo que seguía.

Adasius entró y dejó una antorcha encendida en uno de los pilares de la celda,se acercó al muchacho y estiró su cabello de forma que pudiera ver sus ojos. El chico solo hizo una muñeca de dolor.

Lo dicho,era sólo un niño queriendo ser un hombre,con suerte la hermosura de su rostro no acabaría antes de que el fantôme decidiera darle muerte.

-Muchacho-lo llamó-despierta.

Le dio unas palmaditas en el rostro y Gabrielle abrió los ojos con lentitud.

Temeroso se encogió lo más que pudo y Adasius soltó una sonora carcajada.

-Tienes miedo—rió—Haces bien en hacerlo,no somos bondadosos cuando se trata de la guardia de su majestad. Se puso de cuclillas y miró el rostro del muchacho. El cabello rubio de éste le cubría sus ojos impidiendo poder verlo adecuadamente. Era casi de la de edad de Foran su hijo, pero éste no era tan estúpido como para haberse enlistado en las líneas enemigas. Solan lo había mandado azotar,algo que Adasius disfrutaba enormemente tratándose de alimañas de su tipo. No sentía pena alguna y su hijo menos,había perdido suficientes vidas en las manos de Phillippe como para sentir compasión por alguno de los suyos,aunque de antemano sabían que al rey poco le importaba su gente.

Miró al chiquillo tomar aire y devolver un gesto insolente, para después apretar los dientes y recibir su castigo.

Entonces Adasius azotó al muchacho hasta cansarse. Gabrielle perdió la cuenta de cuantos azotes recibió su escuálido cuerpo,sólo el punzante dolor en la carne abierta que emanaba brillantes gotas de sangre por su espalda y piernas le dijo que seguía vivo. Hubiera preferido morir aquella noche en manos de aquel gigante demoníaco, su muerte hubiera sido rápida. Hubiera sentido el hierro entrar en su pecho y todo se habría vuelto oscuro,en tinieblas, para después ver el rostro del señor recibirlo en sus manos generosas. Así pasó otra noche metido en su celda húmeda, soportando el frío en los huesos y la angustia de esperar su muerte.

-¡Despierta escoria!-.Gabrielle sintió el agua helada en el cuerpo,las heridas ardieron y sus ojos lloraron irremediables. ¿Cuánto tiempo habría pasado ya?. No importaba,su mente estaba abarrotada de ideas que quemaban en su pecho. ¿Qué había hecho que mereciera tal castigo?. No supo,no hubo respuesta a eso. Lo único que sabía era que fantôme torturaba hasta la muerte a cualquier guardia de su majestad,los motivos los desconocía así como el hecho de su escondite,jamás nadie había podido dar con él fantôme y era algo que cada compañero suyo había anhelado encontrar, pero él no. Para él pertenecer a la guardia real era solamente un empleo más,algo con lo que su padre podría presumir,pero ahora que haría ¿Contar con orgullo que su único hijo había muerto valeroso en manos del fantôme?....

-¡Arggg!-Gruño bajo el frío toque del agua. Su desnudo cuerpo no reconoció a su nuevo atacante. Un hombre alto y fibroso de angulosas facciones y barba de varios días. En algún tiempo debió ser atractivo,ahora la sombra de la soberbia adornaba su fría sonrisa. Gabrielle subió el rostro unos segundos para ver a su atacante a los ojos,pero éste al notar su contacto retrocedió un poco.

Malaquias se quedó paralizado un breve momento viendo el rostro del muchacho, no tenía más de veinte años,sino es que menos. ¿Qué hacía una criatura tan hermosa adornando las filas de su majestad?. Malaquias era un hombre joven aún,su cuerpo tenía ciertas necesidades que debía compensar y esa escoria le podría servir de algo. Para Gabrielle la mirada lasciva con la que el hombre le había visto le causó escalofríos. Podía ver sus intenciones plasmadas en las dilatadas pupilas del hombre. Él estaba desnudo y tirado a su merced,poco podía hacer para evitar que hiciera lo que le diera la gana,pero si debía morir luchando lo haría.

-Pequeña basura,eres bastante hermoso.

Se acercó hasta que la punta de su bota topó con el muslo del muchacho. Con el pie elevó el rostro del rubio y pudo volver a ver esos ojos verde esmeralda. Sin duda era algo bello de ver,lástima que fuera a morir tan pronto,pero antes que eso pasara iba a disfrutar un poco de él.

-¡Malaquías!.

El hombre escuchó la fuerte voz a su espalda y se giró de golpe comprobando su temor. Horas estaba a su espalda con el rostro rígido y los ojos chispeantes.

-¿Qué?-espetó molesto.

-Fuera de aquí, deja tus mariconadas para las putas del pueblo,fantôme te llama.

Gabrielle vio su salvación un día más y de nuevo cayó presa del sueño.

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