INICIAR SESIÓNCAPÍTULO 2
La dirección que me dio no era una dirección. Era una declaración de guerra. Torre Blackwood. Piso 49. El último. El ascensor no tenía botones. Solo una tarjeta negra que me había dejado sobre la mesa esa mañana con una nota escrita a mano: _Llega a las 8. No tarde._ Eran las 8:02. Cuando las puertas se abrieron, entendí que no me había mudado a una casa. Me había mudado a otro planeta. Todo era cristal, mármol negro y acero. Ventanales del piso al techo que mostraban Bogotá como si fuera una maqueta a mis pies. Frío. Perfecto. Sin una sola foto, sin un libro fuera de lugar, sin vida. —Llegas tarde. Adrián estaba de pie junto a la isla de la cocina. Camisa blanca, dos botones abiertos, pantalón oscuro. Descalzo. Esa era la única cosa humana que había visto en él. Tenía un vaso de whisky en la mano aunque apenas eran las ocho de la mañana. —Había tráfico — dije, abrazando mi única maleta. Una maleta rosada y vieja que desentonaba con todo. —Aquí no hay excusas. Regla número uno: la puntualidad no es negociable. Se acercó y tomó mi maleta sin preguntar. No como un gesto amable. Como si le molestara verla en su sala. —Regla número dos — continuó mientras caminaba hacia el pasillo —: esta es mi casa. Mis reglas. No toques nada que no sea tuyo. No invites a nadie. No entres a mi despacho. —Me estás dando las reglas de una prisión, no de un matrimonio. —Es un contrato, Valeria. No lo romantices. Me llevó hasta una puerta al final del pasillo. La abrió. —Tu habitación. Era enorme. Más grande que toda mi casa. Una cama king size, vestidor, baño con tina, otro ventanal con la misma vista imposible. Sobre la cama había cajas. Muchas. —¿Qué es esto? —Ropa. Zapatos. Joyas. Tu talla. Lo que tenías en esa maleta no sirve ni para limpiar el piso. Sentí la sangre subirme a la cara. —No necesito tu caridad. —No es caridad. Es inversión. Mi esposa no puede parecer una estudiante becada en la gala del sábado. El estilista viene a las tres. Me quedé mirando las cajas. Vestidos que valían lo que yo ganaba en un año. Tacones que nunca había aprendido a usar. —Regla número tres — dijo detrás de mí. Tan cerca que sentí su aliento en mi nuca —: frente a todos, eres mi esposa. Me tocas, me miras como si me amaras, te ríes de mis chistes. Si alguien sospecha que esto es falso, el contrato se rompe y pierdes todo. Me giré. Estábamos demasiado cerca. —Y frente a nadie, ¿qué soy? Él me miró los labios por un segundo. Solo un segundo, pero fue suficiente para que el aire se volviera pesado. —Frente a nadie, eres un problema que tengo que tolerar por doce meses. —Qué encantador. —Regla número cuatro — ignoró mi sarcasmo —. Mi habitación está al final del pasillo. No entres. Nunca. Especialmente de noche. —Tranquilo, no tengo ningún interés en entrar a tu cueva. Sonrió. Esa sonrisa sin alegría. —Eso dices ahora. Dejó mi maleta en el suelo y caminó hacia la puerta. —Adrián. Se detuvo. —¿Por qué hay dos copas en la cocina si vives solo? Y acabas de lavarlas. Su espalda se tensó. Fue un movimiento mínimo, pero lo vi. —Alguien estuvo aquí. —Mi vida privada no es parte del contrato. —¿Tu amante? Porque si voy a fingir ser tu esposa, al menos debería saber si tengo que compartir... Me interrumpió. En dos pasos estuvo frente a mí de nuevo. Esta vez no había distancia. Me tomó del brazo, no con fuerza para lastimar, pero sí con fuerza para dejar claro quién mandaba. —Escúchame bien, Valeria. No hay amantes. No hay nadie. Durante estos doce meses, tú eres la única mujer que entra a este departamento y que duerme bajo este techo. ¿Entendido? Si te veo con otro hombre, si das un motivo para un escándalo, te juro que te arrepentirás de haber firmado. Su mano quemaba a través de la tela de mi suéter. —Suéltame — susurré. —No me desafíes la primera noche. Nos quedamos así. Sus ojos grises clavados en los míos. Mi pecho subiendo y bajando demasiado rápido. Olía a whisky y a madera. Entonces me soltó como si se hubiera quemado. —Cena a las nueve. Ponte algo decente. — Se dirigió a la puerta. — Y Valeria... —¿Qué? —El baño tiene toallas nuevas. Tira las cosas que trajiste en esa mochila. No quiero recordar de dónde vienes cada vez que te vea. La puerta se cerró. Me dejé caer sobre la cama, entre seda y etiquetas de diseñador. Afuera, Bogotá brillaba. Adentro, yo temblaba. Abrí la primera caja. Un vestido negro. Debajo había un sobre pequeño. No era parte de la ropa. Era una foto vieja. Mi padre. Más joven. Abrazado a otro hombre. A Adrián Blackwood. Pero con diez años menos. Sonriendo. Como amigos. En la parte de atrás, con la letra de mi padre: _Proyecto Aurora - 2016. Con A.B. El principio del fin._ Se me heló la sangre. Adrián me había mentido. Sí conocía a mi padre. Y mi padre sabía que él sería su fin. La puerta de su despacho, al fondo del pasillo, se cerró con llave. Y supe que acababa de mudarme a la casa de mi enemigo.capitulo 16---Salimos de la oficina y todo el piso nos miraba. Yo con los ojos hinchados, Elena agarrándome del brazo.—Que miran. Vuelvan a trabajar, que el chisme no les paga el sueldo.Nadie respiró hasta que se cerró el elevador.En el restaurante me pidió dos copas de vino.—Para los nervios. Si vas a ser Blackwood, vas a tener que aprender a tomar en horas de oficina.Le di un sorbo y ella me tomó las manos.—Mi amor, me pediste que te ayude a limpiar el nombre de tu papá. Y lo vamos a hacer. Pero antes tienes que entender con quién estamos lidiando.—¿Por qué?—Porque mi padre fundó todo esto. No Arturo. Arturo llegó sin un peso. Con buena cara, mucha labia, y se casó conmigo por la plata de mi familia. Yo siempre lo supe.—Como Sebastián.—Igualito. Por eso Sebastián hizo lo que hizo con tu papá. Lo aprendió de él. Creen que pueden tomar lo que quieran sin trabajar.—¿Y entonces cómo le limpiamos el nombre a mi papá si necesitamos a Arturo?—Exacto por eso. Si lo digo yo sol
CAPÍTULO 17—Contesta.Sebastián ya se había ido, dejándonos la bomba en la oficina. Yo estaba frente a Adrián, con el escritorio entre los dos.—Valeria, no es como él dice.—Entonces dime cómo es. ¿Sabías que tu hermano hundió a mi papá?Silencio. Ese silencio que ya conocía. El que usaba cuando no quería mentir, pero tampoco quería decir la verdad.—Lo supe después — dijo al fin, con la voz baja —. Dos días después de que firmaras. Mi contador me mostró los movimientos. Sebastián compró todas las deudas de tu papá a propósito, las infló y me las vendió a mí. Para que yo tuviera que cobrarle.—¿Y me dejaste casarme contigo sabiendo eso?—Si te decía la verdad, no te ibas a casar conmigo. Y yo necesitaba... — se detuvo.—¿Qué necesitabas? ¿Una esposa falsa?—Necesitaba que no te fueras. Tu papá me llamó llorando esa noche, Valeria. Me dijo que te ibas a ir del país con Mateo para no verlo quebrar. Yo no podía dejar que te fueras.Me sentí mareada. Me senté en mi escritorio, que ya no
CAPÍTULO 16Después de lo de Mateo, Adrián se volvió loco.Pero no loco de gritos. Loco de control.—Desde hoy trabajas aquí.—¿Qué?Estábamos en su penthouse. Eran las 7 de la mañana. Yo me estaba alistando para ir a la universidad y él ya estaba con el celular, cancelando cosas.—Tu universidad queda muy lejos. Y hay muchos... compañeros. Aquí puedes estudiar tranquila. En mi oficina. Conmigo.—Adrián, no puedo estudiar finanzas en tu oficina de CEO.—Puedes. Te pongo un escritorio al lado del mío.—Eso no es estudiar, es estar encerrada contigo.—Exacto.Lo miré. No estaba bromeando. Tenía ojeras, no había dormido después de lo de Sebastián y mi papá.—Estás celoso de Mateo.—Estoy celoso hasta del aire que respiras si no lo respiro yo primero — dijo, sin vergüenza —. Ese tipo te dijo "bebé" y yo llevo un mes intentando que me digas "amor" sin que sea actuado. Así que sí, estoy celoso. Y no me voy a disculpar.Me crucé de brazos.—¿Y si digo que no?—Entonces te acompaño a la unive
CAPÍTULO 15Maldivas fue perfecto.Demasiado perfecto.Cuatro días sin celulares, sin prensa, sin Sebastián comentando nuestras fotos. Solo Adrián y yo en una cabaña sobre el agua. Desayuno en la cama, besos con sabor a coco, y por primera vez dormir abrazados toda la noche sin excusas de aire acondicionado dañado.Yo pensé que nada podía arruinar eso.Hasta que aterrizamos en Bogotá.Prendí mi celular y tenía 27 mensajes de un número que había borrado hace un año.*Mateo.*Mi ex. El que me dejó cuando mi papá quebró. El que me dijo "Valeria, tú ya no eres tú sin plata".—Valeria, ¿quién es Mateo? — Adrián estaba detrás de mí, viendo mi pantalla por encima de mi hombro.—Nadie. Basura vieja.—Basura vieja que te escribe "tenemos que hablar, es urgente, es sobre tu papá".Me giré. Él ya no sonreía. Tenía la mandíbula marcada otra vez, como el día de la subasta.—Es mi ex-novio. No importa.—Si escribe sobre tu papá, sí importa — me quitó el celular de la mano —. ¿Qué sabe él de tu papá
*CAPÍTULO 13: MALDIVAS - LA NOCHE QUE NO NOS CONTUVIMOS* Llegamos a Maldivas a las 4 de la tarde. El avión privado de Adrián aterrizó y había un bote esperándonos solo para nosotros dos. Yo nunca había visto un mar así. Transparente. Como si fuera mentira. —Bienvenida a nuestra luna de miel, señora Blackwood — me dijo Adrián, con gafas oscuras y con mi mano agarrada como si yo me fuera a caer al agua y perderme. —Todavía no me creo que estamos aquí. De verdad. —Créetelo. Te traje a la mitad del mundo para que no haya papás, ni mamás, ni hermanos, ni prensa. Solo tú y yo. El hotel era una villa sobre el agua. Toda de madera, abierta, con una cama gigante que daba al mar y una piscina privada que se unía con el océano. Entramos y dejé la maleta en el piso. Adrián cerró la puerta con seguro. Dos veces. Con candado. —Por si acaso — dijo, riéndose, pero serio. Yo me asomé al balcón. El viento me pegaba el vestido. —Valeria. Me giré. Él estaba detrás de mí, sin gafas, m
CAPÍTULO 13—Firma aquí.Adrián puso un papel frente a mí, en la misma mesa donde firmé el primer contrato hace un mes.Mi corazón se paró.—¿Otro contrato? Adrián, dijimos que...—No es lo que crees. Lee.Lo leí.No era un contrato de divorcio. Era todo lo contrario.*CONTRATO DE MATRIMONIO REAL*_Yo, Adrián Blackwood, declaro que el contrato anterior queda anulado.__Cláusula 1: Valeria Bennett Blackwood ya no me debe nada. La deuda de su padre queda pagada. Para siempre.__Cláusula 2: Este matrimonio ya no dura doce meses. Dura lo que ella quiera que dure. Si dice un día, es un día. Si dice para siempre, es para siempre.__Cláusula 3: La regla número dos se mantiene. Nadie la toca. Solo yo. Pero ahora porque ella quiere que solo yo la toque, no porque yo lo ordene.__Cláusula 4: Yo, Adrián Blackwood, me comprometo a besarla todos los días no porque tenga que hacerlo para la foto, sino porque quiero.__Cláusula 5: Yo, Adrián Blackwood, declaro que estoy enamorado de mi esposa. Desde







