FAZER LOGINCirice es aquella sirena que dejó todo por amor y pese a lo que todos creen, no tuvo un final feliz a lado del príncipe de sus sueños, ahora con una segunda oportunidad, con un corazón más duro, siendo la esclava de una hechicera egoísta y la protegida de un temible y frío tiburón blanco, se enfrentará de nuevo al mundo de los humanos para recuperar el corazón del mar una joya mágica que puede dominar las aguas y no solo eso, hallará el amor en quien menos creyó. Una historia llena de piratas, seres sobre naturales, codicia, un triangulo amoroso, venganzas y magia. Perdió todo por amor ¿Cometerá el mismo error?
Ver maisThe air inside The Velvet Crypt was thick with the scent of aged whiskey, expensive cigar smoke, and unadulterated greed.
I smoothed down the silk of my midnight-blue dress, my heart hammering against my ribs. I shouldn't have listened to my friend Sophia. I was Elena Roy—the quiet, dutiful daughter of the Roy real estate empire. I belonged in classical concert halls, not masked underground auctions where the wealthy elite bought things meant to stay hidden in the shadows.
"Relax, Elena," Sophia whispered, adjusting her lace mask next to me in the VIP balcony. "It's just an exclusive showcase. No one knows we're here."
I gripped the velvet railing, ready to leave, when the spotlight abruptly shifted to the main stage.
"Ladies and gentlemen," the auctioneer's smooth, sinister voice echoed through the room. "Tonight’s final item is a unique masterpiece. Once a rising star in the modeling world, now a broken bird with nowhere else to go. Starting bid: fifty thousand dollars."
The iron cage in the center of the stage rose.
Inside stood a man, bound in heavy chains. He wore no shirt, displaying a sculpted chest and lean physique, but it was his face that drew every pair of eyes in the hall. A jagged, pale scar swept across his left jawline, marring what was once flawless, aristocratic perfection. His chestnut-brown hair hung over his forehead, half-hiding eyes filled with dark, simmering humiliation.
His name was Damian Reed. I had seen his face on billboards across the city just a year ago, before his sudden, tragic car crash.
"Sixty thousand!" a woman in the front row called out with a cruel smirk.
"Eighty thousand!" another chimed in.
They weren't bidding on a human being; they were bidding on the chance to ruin what was left of a fallen idol. Damian’s jaw clenched, his muscles straining against the chains as the room filled with mocking laughter.
Looking at his scarred face and the quiet rage burning in his dark eyes, a sharp pang stabbed my chest. He wasn't just a fallen star—he looked like a trapped animal waiting to be slaughtered for someone else's entertainment.
"One hundred thousand!" someone shouted.
My fingers tightened on my velvet bidding paddle. I didn't care about the consequences. I couldn't let these wolves tear him apart.
Before my brain could stop my hands, I raised my paddle high into the dim light.
"Five hundred thousand dollars," I declared, my voice echoing clearly across the balcony.
The room fell dead silent. Whispers broke out like wildfire as head after head turned toward my quiet corner. Down on the stage, Damian’s head snapped up. Through the shadows, his sharp gaze locked onto mine—a girl with long platinum-blonde hair standing in the dim light of the upper box.
"Five hundred thousand... going once, twice..." The gavel cracked against the wood. "Sold to the lady in the upper balcony!"
An hour later, the heavy oak doors of my private estate clicked shut behind us.
The silence inside my spacious penthouse was deafening. I turned around, my heart fluttering nervously as Damian stepped past the foyer. Up close, without the stage lights, he was imposing. The scar on his jaw gave his handsome face a dangerous, unpredictable edge.
He looked around the marble floors, the crystal chandeliers, and finally brought his dark eyes back to me. The shame that had choked him in the cage seemed to evaporate, replaced by a calculating, intense glare.
"Five hundred thousand dollars," Damian spoke, his voice low and raspy as he slowly closed the distance between us. "A very generous price for a broken man, Miss Roy. What exactly do you expect me to do for that kind of money?"
I stepped back until my spine hit the cold glass wall overlooking the city skyline. "I... I don't expect anything from you, Damian. I just wanted to get you out of there."
A faint, bitter smirk touched his lips, though it never reached his eyes. "A rich, innocent heiress playing savior?" He reached out, his warm, calloused fingers gently catching a strand of my platinum-blonde hair, winding it around his finger. "Be careful, Elena. Innocent girls who buy dangerous toys usually end up getting hurt."
I couldn't look away from his dark eyes, completely unaware that the man I thought I was saving was about to dismantle my entire life.
Era el año de 1912, la piratería ya llevaba mucho tiempo que había acabado, siglos donde los navíos evolucionaron, la tecnología llegó, los humanos desarrollaron otra forma de vivir. Ahora los barcos no solo eran un transporte sino un lujo y justamente el 10 de abril zarparía uno que cambiaría la historia por siempre del puerto de Southampton en Inglaterra. Mientras unas viejas amigas se veían en una de las cafeterías más cercanas al evento, ataviadas con trajes exquisitos que solo las mujeres de la alta sociedad se dignaban a lucir.—Admito que es mejor que esos viejos vestidos estorbosos con corsé molesto —decía Gumbora mientras tomaba su taza de café y veía por la ventana.—Los tiempos han cambiado, las cosas son muy diferentes en todos los aspectos —dice Cirice quien ve con una sonrisa.—¿Qué hacen en Inglaterra? —pregunta Gumbora sin despegar la mirada del enorme trasatlántico que permanece afuera.—Él es gales… Solo hicimos una pequeña escala aquí, cada cierto tiempo visitamos s
—Imposible… —dice Adewale mientras los ojos de la hechicera se llenan de luz, el poder del mar empieza a vibrar por las venas de Gumbora y se iluminan a través de su piel—. Solo la sangre del rey Adrián podría completar el ritual… Solo él podría decir quién tomará el poder… Ella lo dijo —añade sorprendido y atormentado por lo que ve. Gumbora toma con ambas manos el arpón que empezaba a encajarse en su pecho y se lo quita con facilidad a Adewale mientras esté suelta su cuello. —Y tienes razón, hechicero… pero ella es su hija, en sus venas corre la misma sangre que su padre, ella tiene su voz escondida en su garganta… Ella puede decidir a quién darle el poder. Con esas últimas palabras el hechicero retrocede y busca una última vez con la mirada a Cirice quien solo levanta los hombros y le sonríe de lado. Adewale comienza la huida, junto con sus lacayos buscan alejarse, pero tan rápido como da la vuelta un arpón termina atravesándolo por completo, haciendo que se hunda hasta tocar la
—Lo quiero todo… Quiero tu corazón como antes, que me veas como lo hacías… Ya tienes presente cada recuerdo que tuve que borrar, ya sabes que a quien en verdad amabas era a mí. —Se acerca un poco más Adewale, intentando atraer la mirada de Cirice. —Ya no somos los de antes… —No… Ahora somos mejores, las cosas serán mucho mejor, pero necesito que confíes en mí. Cuando Cirice está dispuesta a levantar la mirada hacia él se percata de la presencia de Gumbora y no puede evitar hacer a un lado a Adewale para precipitarse hacia ella con preocupación. De inmediato Cirice se postra al lado de Gumbora y la examina con la mirada, acaricia su rostro con preocupación analizando que tanto daño ha recibido; ambas se abrazan por un momento agradeciendo que la otra esté sana y salva, pero ese instante de reencuentro se nubla por la presencia de Adewale. —Cirice… —Su voz se hace escuchar y la sirena no tiene más que voltear hacia él— …no hay tiempo… Eres la única que conoce cómo realizar el ritua
La puerta de acero retumbó varias veces, el capitán desenfundo su espada mientras que la ama de llaves buscaba esconderse en el fondo del recinto. Köpek sabiendo que era el momento indicado, usando su fuerza rompió sus sogas y de inmediato se dispuso a liberar a Tabata y a Morgan, aunque a este último le hubiera gustado mantenerlo atado. El príncipe sorprendido por la fuerza del tiburón retrocedió con algo de recelo, viendo después hacia Cirice. —De haber querido, hubiéramos salido de aquí sin necesidad de convencerte… Otra muestra de que no somos tus enemigos —dice Cirice viéndolo fijamente con molestia. Antes de que el príncipe pueda responder la puerta se abre abruptamente, el ama de llaves no puede evitar gritar ante el horror de ver a esas bestias entrar a la bodega. Su rostro está lleno de escamas, pero su cuerpo es el de un humano, sus ojos son totalmente negros y se alcanzan a ver colmillos saliendo de su boca. De inmediato Cirice le quita la daga a Carlos de la mano y se pr












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