تسجيل الدخولLa limusina entró en el recinto y se estacionó bien en la entrada del gigantesco edificio que había en él. Lillian y Don bajaron casi de inmediato mientras él la dejaba atrás, haciéndola burlarse. Vaya esposo.Él subió a su habitación y, al abrir la puerta, se encontró con Eva en su cama, elegantemente sentada con las piernas cruzadas como si estuviera esperando su llegada. Se detuvo por un momento y finalmente entró, cerrando la puerta detrás de él.—¿Cómo entraste? —preguntó mientras caminaba hacia el armario y empezaba a quitarse la ropa.—Quería ser la primera persona en felicitarte por tu boda —dijo ella en su lugar con sarcasmo y se levantó.—¿Te casaste hoy con otra mujer después de todo lo que hemos pasado juntos? —preguntó cuando él no dio señales de ir a decir nada al respecto.—¿Cómo pudiste después de saber cuánto te amo? —preguntó de nuevo, pero Don no dijo ni una palabra. Continuó con lo que estaba haciendo.—Ni siquiera te importaron mis sentimientos o cuál sería mi rea
Lillian se miró fijamente al espejo con el vestido de novia mientras suspiraba. Les había pedido a todas las maquilladoras y sirvientas que la dejaran sola mientras sopesaba sus pensamientos.Simplemente no podía creer que algún día vestiría un vestido de novia con tristeza en el corazón.Toda su vida, siempre había soñado con vestir este vestido de novia con una gran sonrisa en el rostro, su madre a su lado, y el hombre correcto que la amara y la valorara. Pero ahora, según parecía, todo eso se estaba destruyendo.Inclinó la cabeza y se limpió las lágrimas que se habían acumulado en sus ojos y que intentaban caer.Intentó no arruinar su maquillaje; al menos, aunque ella no quería esto, su madre sí lo quería, y necesitaba cumplir una promesa.Alguien llamó a la puerta, interrumpiendo sus pensamientos.—¿Quién es? —preguntó, mirando hacia la puerta a través del espejo.—Es una de las sirvientas, señora, y estoy aquí para informarle que tiene una visita masculina —dijo la sirvienta, y l
Lillian caminó lentamente hacia donde su padre estaba sentado en la barra mientras inclinaba la cabeza. Todavía estaba pensando si esto era lo correcto. Simplemente nunca quiso esto, pero aun así, ¿su madre?—¿Necesitas algo? —preguntó el Sr. Jeffrey, girándose ligeramente hacia ella tras notar su presencia. Ella inspiró hondo y tragó saliva con dificultad.—¿Cuándo se llevará a cabo la boda? —devolvió la pregunta, casi inaudiblemente, mientras volvía a tragar saliva.—¿Eh? —dijo el Sr. Jeffrey, fingiendo no saber a qué se refería. Lillian cerró los ojos y volvió a tragar saliva con dificultad, luego abrió los ojos mientras apretaba las manos a sus costados.—¿La boda todavía se llevará a cabo mañana? —preguntó de nuevo, intentando no reconsiderarlo.—Sí —respondió el Sr. Jeffrey asintiendo mientras reajustaba su asiento para poder mirarla directamente a la cara.—Está bien —dijo simplemente.—¿Eso significa que aceptas casarte? —preguntó el Sr. Jeffrey con expectación y el ceño frunc
Lillian gimió mientras se sentaba. Gimió de nuevo y se frotó la cabeza.Miró a su alrededor en el lugar donde estaba y se encontró sobre una cama.Además, volvió a mirar a su alrededor y vio que era su habitación.Asimismo, inclinó la cabeza como intentando recordar lo que había sucedido, pero aun así se frotó la cabeza levemente. Entonces lo recordó.Estaba en la sala de estar de Mark a punto de llamar a su hermano, pero en ese momento alguien le cubrió la nariz con un pañuelo y perdió el conocimiento.¿Pero cómo había vuelto a su habitación? Necesitando una respuesta a esta pregunta, se las arregló para levantarse de la cama e intentó abrir la puerta, pero estaba cerrada con llave.¿Eh? Intentó de nuevo, pero seguía cerrada. ¿Qué estaba pasando? Primero, un desconocido la trajo de vuelta aquí sin su consentimiento y ahora, la puerta de su habitación estaba cerrada con llave.—¿Hola?—¿Mamá? ¿Papá? ¡Hay alguien ahí! —dijo, girando con fuerza el pomo de la puerta, y fue entonces cuand
Fred llamó a la puerta y se escuchó la voz de su madre.—Adelante.—Buenos días, mamá. Buenos días, papá —saludó al entrar en la habitación.—Regresé en cuanto vi su llamada. ¿Ocurre algo? —preguntó de nuevo.Su padre, que estaba sentado en la cama, señaló el sofá. Fred entendió la indirecta y fue a sentarse. El señor Jeffrey también se levantó y tomó asiento frente a él.—Ya se lo dijimos.—¿Decirle qué? —preguntó Fred, confundido.—Lo de su matrimonio con Don.—¡¿Qué demonios?! —exclamó, poniéndose de pie de inmediato.—¡Papá, de qué estás hablando! —preguntó otra vez.—Lillian va a casarse con Don. Tu madre y yo ya hemos tomado esa decisión, pero necesitamos que nos ayudes a hablar con ella. Intentamos convencerla, pero...—...no pudimos, porque ahora nos odia aún más —terminó la señora Helen con los ojos llenos de lágrimas. Estaba haciendo un gran esfuerzo por no llorar.Fred no podía creer lo que acababa de escuchar. ¿Cómo habían podido hacerle algo así a Lillian? Y, de todas las
Lillian entró en su habitación y se dejó caer sobre la cama, dejando el bolso a un lado. ¿Qué estaba diciendo su padre? ¿Qué quería decir con que iba a casarse? ¿Y con un hombre al que ni siquiera conocía? ¿Qué estaba pasando?Todas esas preguntas daban vueltas en la mente de Lillian, y no podía evitar desear con todas sus fuerzas que su padre solo estuviera bromeando. La puerta volvió a abrirse y su madre entró. Permaneció inmóvil unos segundos antes de acercarse y sentarse junto a ella en la cama.—Dime que todo lo que dijo papá fue una broma —pidió Lillian de inmediato, con los ojos suplicantes, haciendo que la señora Helen suspirara.—Por favor... solo dime que estaba bromeando, que solo quería tomarme el pelo.Lillian se arrodilló sobre la cama y tomó las manos de su madre entre las suyas.—Ojalá fuera así, pero... —intentó decir la señora Helen, deteniéndose al ver las lágrimas acumulándose en los ojos de su hija.—De verdad vas a casarte.Aquellas palabras destrozaron el corazó







