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Capítulo 3 - Lugar desconocido.

Author: Frida writes
last update publish date: 2026-09-28 03:32:03

Lillian entró en su habitación y se dejó caer sobre la cama, dejando el bolso a un lado. ¿Qué estaba diciendo su padre? ¿Qué quería decir con que iba a casarse? ¿Y con un hombre al que ni siquiera conocía? ¿Qué estaba pasando?

Todas esas preguntas daban vueltas en la mente de Lillian, y no podía evitar desear con todas sus fuerzas que su padre solo estuviera bromeando. La puerta volvió a abrirse y su madre entró. Permaneció inmóvil unos segundos antes de acercarse y sentarse junto a ella en la cama.

—Dime que todo lo que dijo papá fue una broma —pidió Lillian de inmediato, con los ojos suplicantes, haciendo que la señora Helen suspirara.

—Por favor... solo dime que estaba bromeando, que solo quería tomarme el pelo.

Lillian se arrodilló sobre la cama y tomó las manos de su madre entre las suyas.

—Ojalá fuera así, pero... —intentó decir la señora Helen, deteniéndose al ver las lágrimas acumulándose en los ojos de su hija.

—De verdad vas a casarte.

Aquellas palabras destrozaron el corazón de Lillian. Soltó de inmediato las manos de su madre y bajó de la cama.

—¿Tú también? —preguntó con la voz quebrada.

—¿Tú también me estás vendiendo?

Las lágrimas comenzaron a correr libremente por sus mejillas.

—Cariño, nosotros no... —intentó explicar la señora Helen, pero Lillian la interrumpió entre sollozos.

—¿Soy una carga tan grande para ustedes que decidieron deshacerse de mí de una vez?

Aquella dolorosa pregunta dejó a la señora Helen sin palabras.

—Primero tú y mi supuesto padre me alejaron de Los Ángeles sin siquiera preocuparse por visitarme. Me obligaron a ir a España, donde me sentí como una prisionera durante todos esos años, y ahora...

Lillian hizo una pausa, incapaz de contener el llanto.

—...ahora también quieren entregarme a un completo desconocido.

Terminó la frase mientras se dejaba caer lentamente al suelo.

—No te estamos vendiendo, Lillian. Solo queremos lo mejor para ti —dijo la señora Helen, intentando ayudarla a levantarse.

—¡Aléjate de mí! —gritó Lillian.

—¡Sal de mi habitación ahora mismo! ¡Fuera! ¡No quiero volver a ver tu cara de desvergonzada!

Su rostro reflejaba una mezcla de rabia y dolor. La señora Helen, profundamente herida por aquellas palabras, suspiró, se puso de pie y salió de la habitación.

Bajó las escaleras y vio que los invitados ya se habían marchado. Se acercó a su esposo, que estaba junto al bar, bebiendo una copa de vino.

—¿Cómo fue? ¿Lograste convencerla? —preguntó el señor Jeffrey en cuanto notó la presencia de su esposa.

—No. Me echó de su habitación —respondió la señora Helen mientras se secaba las lágrimas que amenazaban con caer.

El señor Jeffrey soltó un largo suspiro.

—Está muy enfadada con nosotros... y esta vez no estoy seguro de que algún día pueda perdonarnos.

### DE VUELTA EN LA HABITACIÓN DE LILLIAN

Lillian lanzó su teléfono sobre la cama y dejó escapar un gemido por tercera vez. Había intentado llamar a su hermano una y otra vez, pero no lograba comunicarse con él. Solo necesitaba a alguien con quien hablar, un hombro sobre el que pudiera llorar.

¿Cómo podían sus padres traicionarla de esa manera? ¿No había sido suficiente enviarla a España? ¿Ahora también querían casarla a la fuerza?

No. No iba a permitirlo. Haría todo lo que estuviera en sus manos para impedir ese matrimonio. De eso estaba completamente segura.

Volvió a tomar el teléfono y decidió llamar a otra persona.

Él respondió al primer tono.

—¡Hola, Mark!

—¡Hola! Justo estaba intentando llamarte. ¿Qué pasó?

—Quieren casarme con un desconocido... —dijo Lillian mientras nuevas lágrimas comenzaban a resbalar por sus mejillas.

—¡¿Qué?!

La sorpresa en la voz de Mark era inconfundible.

—¿Pero por qué?

—¿Qué otra razón puede haber? Supongo que ya estaban cansados de tenerme con ellos y decidieron deshacerse de mí de una vez.

Sonrió con tristeza mientras sorbía por la nariz para contener el llanto.

—Dios mío... ¿Dónde estás ahora?

—Sigo en casa, pero no puedo quedarme aquí más tiempo. Quiero irme, alejarme de ellos. Ya no me siento segura en esta casa.

—Está bien. No te preocupes. Voy a ir a buscarte ahora mismo.

—No creo que puedas. Puede que ni siquiera te dejen entrar —respondió Lillian, sabiendo que su padre no permitiría que saliera después de todo lo ocurrido, igual que había hecho dieciocho años atrás.

—Lillian... ¿confías en mí?

Ella solo dejó escapar un sollozo.

—¿Confías en mí? —repitió Mark.

—Sí, pero...

—Nada de peros. Voy a sacarte de ahí ahora mismo.

Mark la interrumpió y colgó la llamada.

Lillian dejó caer el teléfono, abrazó sus rodillas contra el pecho y rompió a llorar mientras las lágrimas seguían deslizándose por sus mejillas.

###

**Lugar desconocido**

En una habitación vieja y destartalada, un hombre estaba sentado detrás de una mesa, sonriendo con una expresión diabólica mientras marcaba las fotografías que tenía sobre ella, señalando a sus próximas víctimas. Continuó haciéndolo hasta que la puerta se abrió. Su sonrisa desapareció, aunque ni siquiera se molestó en mirar quién había entrado.

—Jefe, hay noticias —anunció de inmediato el joven que acababa de entrar.

—¿Buenas o malas? —preguntó mientras encendía un cigarrillo y se servía un vaso de whisky.

—Buenas, jefe.

—Entonces habla de una vez —ordenó, lanzándole una mirada penetrante mientras daba una calada al cigarrillo y un sorbo a su whisky.

—Lillian Blake ha regresado, señor.

El muchacho observó atentamente la reacción de su jefe, pero su expresión permaneció completamente impasible. El hombre siguió fumando unos instantes antes de romper el silencio.

—¿Cuándo?

Expulsó lentamente una nube de humo por la boca.

—Según nuestra fuente, fue vista ayer en Los Ángeles.

El hombre soltó una mueca de desdén.

—¿Y recién ahora me lo informas?

Volvió a bufar mientras expulsaba otra bocanada de humo.

—Lo siento, jefe. Queríamos confirmarlo primero para no darle información falsa.

El hombre guardó silencio durante unos segundos.

—¿Qué tan seguros están de que era ella?

—La seguimos hasta la mansión de los Blake.

Una vez más, el silencio se apoderó de la habitación.

—Ya sabes lo que tienes que hacer. No tengo por qué decirte cada paso.

—Sí, jefe.

El muchacho hizo una reverencia y salió de la habitación.

En cuanto la puerta se cerró, el hombre estalló en una sonora carcajada que resonó por todo el lugar. De repente dejó de reír y una sonrisa maliciosa apareció en su rostro.

—Vaya... Después de tantos años de espera, por fin volveré a verte, pequeña Lillian.

Frunció profundamente el ceño, formando arrugas en su frente, pero enseguida su expresión volvió a convertirse en una sonrisa perversa.

—Esto merece una gran celebración.

Se sirvió otro vaso de whisky y dio otra calada a su cigarrillo, expulsando el humo tanto por la boca como por las fosas nasales.

—La pequeña Lillian ha vuelto a casa... La pequeña Lillian ha vuelto a casa...

Canturreó una y otra vez con su voz grave y áspera mientras celebraba.

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