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El Corazón del Señor de la Mafia
El Corazón del Señor de la Mafia
Author: Frida writes

Capítulo 1 - ¡La llegada de ella!

Author: Frida writes
last update publish date: 2026-09-28 03:31:25

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—¡Hola a todos, ya estoy en casa! —exclamó Lillian con alegría, mientras sus padres bajaban apresuradamente las escaleras.

—¡Y aquí está mi querida hija! —dijo la señora Helen con una amplia sonrisa, envolviendo enseguida a su hija en un fuerte abrazo.

—Te extrañé muchísimo, mamá —dijo Lillian, estrechándola aún más entre sus brazos.

—¿Y yo no me merezco también un abrazo? —preguntó el señor Jeffrey, que estaba de pie detrás de ellas, provocando la risa de Lillian y de su madre.

Lillian soltó a su madre y corrió a abrazar con fuerza a su padre.

—Te extrañé, viejo.

Él soltó una carcajada.

«Así que todavía recuerda ese apodo», pensó con una sonrisa.

No se confundan; Lillian y su padre siempre habían compartido una relación muy especial. "Viejo" era el cariñoso apodo que ella le daba cuando aún vivía con ellos.

El señor Jeffrey jamás imaginó que, después de tantos años, ella seguiría llamándolo así.

—Y yo te extrañé aún más, mi pequeña diva —respondió él.

Lillian se apartó del abrazo haciendo un pequeño puchero.

—Ya no soy una niña. Ahora soy toda una mujer.

Dio una vuelta sobre sí misma, haciendo reír a sus padres.

—Aun así, seguirás siendo mi pequeña princesa —repitió su padre.

Lillian hizo una mueca.

—Ya no quiero ese apodo. Necesito uno nuevo.

—Está bien, te buscaré otro. ¿Contenta ahora? —preguntó él.

Ella sonrió ampliamente.

—Ya basta por ahora. Cariño, ven. Déjame llevarte a tu habitación para que puedas refrescarte y luego bajes. Ya preparé tu comida favorita —dijo su madre con una sonrisa, interrumpiendo el momento entre padre e hija antes de subir las escaleras.

—Está bien, mamá —respondió Lillian, siguiéndola.

Las sirvientas, que habían permanecido observando toda aquella escena familiar con una sonrisa, tomaron el equipaje y las siguieron, mientras el señor Jeffrey se dirigía al sofá para sentarse.

*MINUTOS DESPUÉS*

*EN EL COMEDOR*

—Entonces, ¿qué tal estuvo España? —preguntó la señora Helen, rompiendo el silencio.

—De eso estuvo bien —respondió Lillian en español, haciendo reír a sus padres.

—¿Y qué significa eso? —preguntó su madre entre risas.

—Significa que estuvo bien —contestó Lillian sonriendo.

—Me alegra escuchar eso —comentó su padre con una sonrisa.

—Pero fue aburrido —añadió Lillian mientras ponía los ojos en blanco.

—¿Por qué fue aburrido? ¿No hiciste amigos allí? —preguntó su padre con curiosidad.

—Sí, hice amigos, pero como dicen... no hay lugar como el hogar —respondió encogiéndose de hombros.

—¿Qué? —preguntó al notar la expresión de sus padres.

—Solo nos sorprende cuánto nos extrañaste —dijo su madre con ternura.

—Sí... —respondió Lillian en voz baja.

—Pero no se preocupen. Ahora que he vuelto, voy a compensar todos esos momentos aburridos, y ustedes dos me ayudarán a lograrlo.

Sus padres soltaron una carcajada.

—Lo que sea por una princesa —dijo su madre.

Lillian respondió con una sonrisa tímida.

—¿Quieres un poco más de comida? Ya sabes, después de un vuelo tan largo —preguntó su padre mientras daba un sorbo a su jugo.

—No. Prefiero no engordar.

Negó suavemente con la cabeza.

—¿Por qué? —preguntó él.

—Porque me vería fea, y no quiero eso.

Su padre soltó una ligera risa.

—De verdad valoras mucho tu belleza.

—Claro que sí. Quiero seguir siendo hermosa todos los días y a toda hora, igual que mamá.

Lillian dejó los cubiertos sobre la mesa y se tocó suavemente el rostro, haciendo sonreír a la señora Helen.

—Pero estar gordita no hace fea a una persona —intentó explicarle su madre.

—Para mí sí, y jamás quisiera serlo —respondió Lillian, enfatizando sus últimas palabras.

La señora Helen sonrió y negó con la cabeza.

—Por cierto, ¿dónde está Fred? No lo he visto desde que llegué. ¿O acaso decidió volver a hacerme alguna de sus travesuras?

Lillian bebió un poco de agua.

—¿Travesuras? —preguntó su madre entre risas.

—Sí. Quién sabe si ya dejó esas costumbres.

Sus padres estallaron en carcajadas.

Lillian tomó un sorbo de su jugo.

—Fue a encargarse de algunos asuntos de la empresa. No tardará en volver —respondió su madre cuando las risas cesaron.

—Ah... yo pensaba otra cosa —murmuró Lillian.

***********

—Dios, estoy tan agotada… —dijo Lillian mientras se dejaba caer sobre su cama tamaño queen.

—No puedo creer que por fin haya vuelto con mi familia y a mi ciudad natal —murmuró para sí misma antes de soltar un suspiro.

La puerta se abrió y su madre entró en la habitación. Lillian se incorporó de inmediato, mientras la señora Helen se acercaba para sentarse a su lado.

—¿Te gusta la habitación? ¿O prefieres que la cambie? —preguntó la señora Helen.

—¡Claro que me gusta! Es preciosa —respondió Lillian mientras recorría la habitación con la mirada.

—Me alegra que te guste. Tenía miedo de que no fuera de tu agrado, después de tantos años separadas —dijo su madre, soltando un suspiro de alivio mientras su expresión se tornaba melancólica.

Lillian notó la tristeza en la voz de su madre y tomó sus manos entre las suyas.

—Mamá, no deberías sentirte mal. Ya te dije que me encanta, y eso debería bastar para hacerte feliz.

La señora Helen volvió a suspirar.

—Ahora quiero ver esa hermosa sonrisa tuya —dijo Lillian, aunque su madre seguía con expresión triste.

—¿Sonríe para tu adorada hija, por favor? —rogó haciendo un tierno puchero.

Aquello hizo que la señora Helen estallara en carcajadas.

—¡Eso es exactamente lo que quería ver! —sonrió Lillian, satisfecha de haber conseguido hacer reír a su madre.

—No tuvimos suficiente tiempo para hablar de tu viaje, pero sé que debes de estar muy cansada. Lo dejaremos para mañana —propuso su madre.

—Adivinaste, mamá. Ahora mismo solo quiero acostarme y dormir de inmediato —respondió Lillian, haciendo un gesto con las manos.

—Está bien. Descansa un poco. Ha sido un día muy largo.

La señora Helen ayudó a Lillian a recostarse, acomodó cuidadosamente su cabeza sobre la almohada y la arropó con la manta.

—Que duermas bien.

Después le dio un beso en la frente.

—Lo haré —contestó Lillian con una sonrisa.

La señora Helen salió de la habitación.

Lillian estaba a punto de apagar la lámpara de la mesita de noche cuando la puerta volvió a abrirse. Era su hermano, Fred.

Sin pensarlo dos veces, saltó de la cama y se lanzó sobre él. Fred la levantó en brazos y comenzó a girarla hasta que ambos terminaron mareados y cayeron sobre la cama entre risas.

Finalmente, Fred se incorporó y Lillian hizo lo mismo.

—¿Cómo estuvo tu vuelo? —preguntó cuando las risas se apagaron.

—Fue espectacular, sobre todo porque sabía que por fin regresaba a casa después de tanto tiempo —respondió ella con una sonrisa.

—Vaya... Debo admitir que has crecido muchísimo... y además estás muy hermosa —dijo Fred sin dejar de mirarla.

Aún le costaba creer que aquella fuera la misma Lillian que había conocido años atrás. Aunque, ¿qué esperaba realmente?

—Puedes repetirlo. Y tú tampoco estás nada mal. Si no hubiera visto una foto tuya antes de volver, probablemente ni te habría reconocido.

Lillian soltó una risita y le dio un suave golpecito en la cabeza.

—Veo que aún no has perdido esa costumbre tuya —comentó Fred con una sonrisa.

—¿Qué costumbre?

—La de golpearme la cabeza, aunque sea mayor que tú.

—Bueno... quizá porque sé que no puedes hacerme nada —respondió ella en tono burlón.

—¿Ah, sí? Pues ahora verás que sí puedo.

Fred se abalanzó juguetonamente sobre ella, la inmovilizó sobre la cama y empezó a hacerle cosquillas.

—¿Ves? Sí puedo hacer algo —dijo entre risas mientras seguía haciéndole cosquillas.

Lillian reía sin poder detenerse.

—¡Por favor... para... para! —consiguió decir entre carcajadas mientras una lágrima rodaba por su mejilla.

—¡Fred, basta! ¡Te prometo que no volveré a hacerlo!

Esta vez Fred dejó de hacerle cosquillas.

Lillian se levantó rápidamente de la cama, respirando con dificultad, como si acabara de correr un maratón.

—¡Hijo del diablo! Casi me matas —dijo después de recuperar el aliento.

Fred soltó un pequeño murmullo divertido.

—¿Sabes qué? Sal de mi habitación. Estoy cansada y necesito mi sueño de belleza.

Le lanzó una mirada fulminante.

—Está bien.

Fred se puso de pie.

—Buenas noches.

Le lanzó un beso al aire antes de salir de la habitación.

Lillian volvió a dejarse caer sobre la cama con un suspiro. Se acomodó entre las sábanas y, poco después, se quedó profundamente dormida.

A LAS 3:00 A. M.

Lillian se despertó, salió de la cama y abandonó su habitación. De repente sintió mucha sed y necesitaba beber algo. Bostezó mientras bajaba las escaleras y se dirigía a la cocina.

Abrió el refrigerador, sacó una botella de agua y un vaso, se sirvió agua y la bebió de un solo trago.

Cuando terminó, volvió a guardar la botella y el vaso en su sitio y salió de la cocina.

Subía nuevamente las escaleras rumbo a su habitación cuando unas voces provenientes del dormitorio de sus padres llamaron su atención.

Movida por la curiosidad, dio unos pasos más en silencio.

Pero se detuvo en seco al escuchar unas palabras que la dejaron completamente paralizada.

—Tendrá que casarse con él.

¿Eh...?

¿De quién estaban hablando?

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