FAZER LOGIN
Al mirar a Alejandro, la culpa me carcomía.—No fue molestia. En estos dos días dormí de corrido y no pasó nada en la casa.Alejandro ni se imaginaba que yo era quien le estaba robando a su esposa; asintió sonriendo y miró a Martha Castañeda.Al observarla con atención, noté que Martha estaba distante; no dijo ni una palabra y se fue a la recámara.El corazón me latía con fuerza. Dudé un buen rato, pero al final le pregunté a Alejandro:—¿Discutió con Martha?Alejandro se desconcertó y se puso serio.—¿Cómo te enteraste?Medí mis palabras antes de contestar:—Durante los días que fui a su casa, sentí que Martha estaba desanimada y casi no me hablaba, así que me imaginé que habían discutido.Alejandro sonrió con amargura y negó con la cabeza.—Tenemos algunos problemas entre nosotros, pero tú no te preocupes por esas cosas.Le dije eso para lavarme las manos una vez más. Al ver que había conseguido lo que quería, no dije nada más. Pasé el fin de semana en casa y el lunes volví a la univ
En el video aparecía yo; acababa de entrar a escondidas a la recámara para manosear y morder a Martha.¡¿En qué momento lo grabó?!Desesperado, le arrebaté el celular y presioné el botón de eliminar.—No sirve de nada. En cuanto se grabó, se subió a la nube.Martha no hizo nada por detenerme; solo sacó la lengua y se lamió los labios.—Dime, si Alejandro viera este video, ¿cómo crees que te castigaría?Con tanto juego y tanta tensión, ya no aguantaba más.—¿Qué es lo que quieres?Martha me miró con una sonrisa y deslizó el pie por mi pierna, cada vez más arriba.—Nada, solo me siento sola. Si logras dejarme satisfecha, borro el video. ¿Qué te parece?Aunque me había preguntado qué me parecía, yo no tenía alternativa.—¡Entonces tienes que borrarlo definitivamente, sin que nadie más lo vea!—Descuida, no pasará.Volví a apagar la luz y me subí otra vez a la cama. Cuando me levanté a la mañana siguiente, me sentía aturdido. Pero al ver a Martha dormida a mi lado, comprendí que no había
Pero en cuanto me abalancé sobre ella, sentí como si un rayo me cayera en la cabeza. Del puro susto se me pasó la borrachera.¡Carajo! ¿Qué demonios estaba haciendo? ¿Me volví loco?¡Era Martha, y don Alejandro era el mejor amigo de mi papá! ¿Cómo se me ocurría hacerle algo así? Si se llegaban a enterar, mi papá me mataría.Con las manos temblorosas por el miedo, me apresuré a bajarle el camisón y me preparé para subirme los pantalones y largarme.De pronto, una mano me sujetó la muñeca con fuerza. Martha se incorporó en la cama y me miró molesta.—¡¿Qué estás haciendo?!Sentí tanta vergüenza que quise que me tragara la tierra. Había ido hasta ahí para demostrar que no era ningún cobarde, pero al llegar el momento decisivo me acobardé. Encender a una mujer para luego echarse atrás en el último momento era para ganarse el odio de cualquiera.Pero yo no podía hacer semejante cosa. El alcohol nubla el juicio. Ahora que estaba sobrio, no me atrevía ni loco.Sonreí forzado e intenté marchar
El corazón me latía con fuerza. Tenía la sensación de que sus palabras ocultaban un doble sentido. Como si... me estuviera provocando a propósito.Martha nunca había sido así; ¿por qué se comportaba de esa manera esta noche?¿Estaría ovulando?Con la cara ardiendo de vergüenza, asentí:—No te preocupes, te prometo que guardaré el secreto.—Qué bueno.Sonrió con dulzura, se puso de pie y bajó una botella de vino tinto de la repisa.—¿Quieres?Meneó la botella frente a mí. Al ver el líquido escarlata, me pudo la tentación y terminé asintiendo.Me sirvió una copa y luego se sirvió otra. Echó la cabeza hacia atrás y bebió a pequeños sorbos. Su cuello blanco quedó expuesto, con un tono sonrosado y tenues venas que apenas se traslucían bajo la piel.Se me secó la garganta y me bebí el vino de un solo trago. Mi mirada se detuvo en su pecho. Con cada sorbo que daba Martha, sus pechos se mecían ligeramente.Me entraron ganas de agarrar esa tela que estorbaba y hacerla pedazos.—Joss, ¿por qué m
Tras hacerme sentar, ella también se puso a mi lado con las piernas recogidas. La falda de su camisón era muy corta.De por sí apenas le cubría la mitad de los muslos, pero al sentarse se le subió bastante y sus piernas blancas quedaron al descubierto.Eran delgadas, tersas y suaves como el queso fresco. No pude evitar girar la cabeza y vi cómo la tentadora línea entre sus muslos se prolongaba hacia arriba; tras mirarla un par de veces más, sentí que el deseo me abrasaba.—Joss, ¿en la universidad sueles ver este tipo de porno con tus compañeros?Estaba tan concentrado en la línea entre los muslos de Martha que su pregunta me tomó por sorpresa; aparté la mirada y me enderecé.—S... sí, un poco...—Ah, ¿y qué categorías te gusta ver?Martha pareció muy interesada y se arrimó a mí.Su brazo blanco y terso quedó pegado al mío, y el penetrante aroma a jabón que le había quedado tras la ducha me aturdió por un momento.—Tengo videos de muchas categorías; puedo recomendarte algunos.Me moría
Don Alejandro, mi vecino, tenía que irse de viaje de trabajo durante dos días y me encargó cuidar a su joven esposa, Martha Castañeda.Acepté sin dudarlo.Pero jamás me imaginé que Martha, siempre tan recatada y distinguida, fuera tan atrevida y caliente cuando estaba sola en casa.Se podría decir que ya era toda una adulta y claro, tenía mucha energía. ¿Cómo iba a resistir la tentación de una mujer tan atractiva?—Joss, te pido que la cuides bien estos dos días.Tras decirme eso, Alejandro Montoya se fue en su auto.El mes pasado se metieron a robar en el fraccionamiento vecino y la gente estaba asustada. Como Alejandro iba a estar dos días fuera y le preocupaba la seguridad de Martha, era lógico que me pidiera estar pendiente de ella.Poco después de cenar, subí y llamé a su puerta. Martha la abrió sonriente, vestida con un camisón de tirantes azul cielo. Estaba descalza; sus pies eran pequeños, blanquísimos y suaves. Iba a saludarla, pero al verla de esa manera, me quedé con la boca