Share

Capítulo 2

Author: Mangonel
Me dejé llevar por la sensación hasta que la chica me llamó la atención.

—¿Por qué me revisa así? Ningún otro médico lo había hecho. Siento un cosquilleo muy raro, como si me caminaran hormigas por dentro.

Retiré la mano, con el miedo de que se diera cuenta de que yo no era médico, y me inventé una explicación.

—Es que su caso es muy especial. Necesito usar una técnica para que ese cosquilleo salga y se libere la presión; solo así se va a curar.

Fue una excusa que me saqué de la manga por la desesperación, pero ella se la creyó. Levantó más las nalgas y me respondió.

—Sabe que sí... la verdad, con lo que me hizo hace un momento me sentí un poco mejor, pero ahora me dan más ganas. Por favor, sígame revisando.

“No solo está guapísima, también es bien ingenua. ¡Me saqué la lotería!”

Esta vez la toqué sin ninguna timidez. La sensación en la palma de mi mano era tan intensa que sentía que iba a estallar; mis nervios estaban a tope. Allá abajo la presión era cada vez más obvia, sentía que si no hacía algo me iba a estallar.

La hinchazón que ya traía por mi problema se volvió todavía más fuerte. Tenía muchísimas ganas de sacármela y metérsela para aliviar ese tormento.

Pero estaba en un hospital y tenía que soportar las ganas. Además, si alguien entraba y nos veía en esa situación, ¡me iba a ir muy mal! Ella movió un poco la cintura y sus caderas se agitaron frente a mí.

—Mmm... me pica mucho.

Dejó escapar un gemido que me puso a temblar de la pura emoción; las ganas ya me estaban nublando el juicio. Como en realidad no soy doctor, no tenía ni idea de qué seguía, así que solo me quedé ahí tocándola. Después de un rato, la situación se puso incómoda.

—¿Por qué nada más me toca? ¿No hay otra forma de revisar?

Miré a mi alrededor buscando algún instrumento en el consultorio. Solo había unos equipos de ginecología y el aparato para ver por dentro. No sabía usar nada de eso, pero agarré el aparato de todas formas. Era una pantalla conectada a un cable largo y grueso que tenía una camarita en la punta. Supuse que se tenía que meter por ahí.

Como no entendía nada, lo introduje.

—¡Ah! Con cuidado, por favor... —gritó ella con dolor.

Ahí me di cuenta de que se me había pasado la mano; el cuerpo de una mujer es muy delicado. Comencé a mover el aparato. Empezó a respirar con mucha dificultad, quejándose constantemente.

—Ah... ah...

Por como se movía, eso ya no parecía un examen médico; más bien se veía como una escena de película especial. Estaba boca abajo en la camilla y su cuerpo no dejaba de temblar. Cuando intentó hablar, hasta se trabó.

—¿Ya... ya revisó? ¿Qué... qué es lo que tengo?

Giré la pantalla para que pudiera ver su interior.

—Ni yo le entiendo bien, mejor explíqueme usted qué ve —le dije.

Si ella no sabía, yo menos. Tuve que seguir inventando cosas para no quedar mal.

—Mire, su situación es difícil. Se ve que está todo muy apretado allá adentro, así que necesitamos aflojar un poco.

—O sea... ¿me tiene que meter algo para que se me quite?

Asentí para ver cómo reaccionaba. No puso ninguna resistencia; al contrario, volvió a enterrar la cara en la almohada y levantó las nalgas, ¡ya estaba en posición esperando a que yo hiciera algo!

—Lo que le voy a meter ahora es un poco diferente, ¿no le molesta?

—Lo que sea está bien, usted es el médico —respondió por la almohada—. No es como si estuviéramos haciendo algo malo, es por salud.

“¿Eso significa que sí me va a dejar?”

Me puse detrás de ella para apreciar la vista. Sentía que cada célula de mi cuerpo iba a explotar de la ansiedad. Aun así, tenía mis dudas; si ella no se refería a eso, me iba a meter en un problema legal muy grave.

—Ándele, ya métamelo. Siento que ya no aguanto más.

¿Estaba tan desesperada?

Le agarré la cintura y con un dedo acaricié su intimidad. Estaba muy mojada; se notaba que tenía muchísimas ganas. Se estremeció y luego preguntó confundida.

—¿Va a usar los dedos? No creo que con eso se me quite... ¿no tiene algo más grueso?

Me sorprendió que no le importara que la tocara así; era muy abierta. Entonces, acerqué mi entrepierna, todavía con los pantalones puestos, para ver qué hacía.

—¿Cómo le va a hacer con los pantalones puestos? Ya apúrese, por favor, me urge.

Al ver que no le ponía peros a nada, me dejé de rodeos y me bajé los pantalones de un jalón.

—Espéreme tantito, ya voy a entrar.
Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • El Doctor De Las Calenturas   Capítulo 7

    Tenía terror de que mis padres se enteraran, así que me la pasé suplicando durante todo el camino.—Por favor, no les digas. Ya están grandes y no van a aguantar una impresión de este tamaño.Mi hermano, furioso, le dio un golpe al volante del auto y me gritó:—¿Ahora sí te preocupa que no aguanten el susto? ¡Eso hubieras pensado antes de estar de puerco!Lorena iba en el asiento de atrás, con la cabeza agachada y sollozando. Se enterraba las uñas en las palmas de las manos, pero no decía ni una sola palabra.El silencio dentro del auto era total; se podía escuchar incluso nuestra respiración.Cruzamos el último tramo del camino de tierra mientras el atardecer alargaba las sombras de la casa vieja. En la entrada, mi mamá estaba inclinada alimentando a las gallinas y mi papá vigilaba las tareas del campo.Gerardo detuvo el auto y respiró.—Ya llegamos.Sentí una presión horrible, como si me hubiera quedado helado por dentro, y me empezaron a sudar las manos. Lorena seguía sin levantar l

  • El Doctor De Las Calenturas   Capítulo 6

    —Gerardo... yo...No podía terminar la frase, sentía la garganta apretada. Jamás me hubiera imaginado que Lorena fuera la novia de mi hermano. También se quedó de piedra.—¿Son hermanos? Con razón me parecías conocido. Te había visto de espaldas en unas fotos que le mandaste a Gerardo, pero no sabía que eras su hermano.Gerardo estaba tan sorprendido que apenas podía hablar.—¿Desde cuándo están juntos? —preguntó apenas en un hilo de voz.—Apenas nos conocimos ayer —balbuceé, sintiéndome la peor persona del mundo.A mi hermano se le desencajó la cara por el coraje.—¿Se conocieron ayer y ya se están revolcando?No sé qué me pasó por la cabeza, me dio un momento de estupidez y dije lo primero que se me ocurrió.—De hecho, pasó desde ayer.Gerardo casi echa chispas de la rabia.—¡¿Apenas se conocieron y se acostaron?!Sabía que esto era un golpe bajísimo para él; por un lado su novia y por el otro su propio hermano. No sabía ni con quién desquitarse. Tuve que contarle todo lo que había p

  • El Doctor De Las Calenturas   Capítulo 5

    Saber que volvería a ver a Lorena por la noche hacía que el pulso se me acelerara sin que pudiera evitarlo.El turno de ese día en la oficina se me hizo eterno; sentía que las manecillas del reloj avanzaban a paso de tortuga y solo deseaba que el tiempo corriera más rápido.En cuanto dieron las seis, guardé mis cosas y salí disparado de la empresa, tanto que hasta olvidé mi chaqueta.Beto, al verme salir a toda prisa, intentó seguirme el paso muy agitado.Me dio risa su cara, pero no me detuve a darle explicaciones.Llegué pronto al edificio de Lorena. Me detuve frente a la entrada para sacudirme el polvo de la ropa y acomodarme el cabello. De pronto, pensé que no estaba bien llegar con las manos vacías, así que fui rápido a comprar un ramo de rosas muy elegante.Con las flores en la mano, toqué el timbre de su departamento.—Ding, dong.La puerta se abrió y Lorena me recibió con una sonrisa, pero en cuanto vio el ramo, su expresión cambió y se puso tensa.—¿Para qué traes flores? No e

  • El Doctor De Las Calenturas   Capítulo 4

    La empujé sobre la cama y nos dejamos llevar por el deseo. Fue un encuentro intenso, de esos que te dejan sin aliento y te hacen olvidar dónde estás.—El doctor tenía razón —dijo ella con una sonrisa, mientras recuperaba el aire—. Mi problema se quita con un hombre que aguante el ritmo. Ojalá te hubiera conocido antes.—Yo también necesitaba a alguien como tú —le respondí antes de darle un beso—. Vamos a tener que seguirnos viendo con frecuencia.En eso, la puerta se abrió. El médico entró y nos encontró en pleno acto. Se nos quedó viendo con enojo.—Le dije que buscara a alguien, pero no pensé que fuera tan rápido —dijo con fastidio.—Pues sí, gracias a este hospital encontré a alguien que sí sabe lo que hace —respondió ella.El doctor se rio de forma irónica y sacó unos aparatos que traía en la mano.—Solo venía a decirle que, si le interesaba, yo también tengo lo mío.Al escucharlo, los dos nos reímos. Se notaba que hasta el médico quería con ella; nadie se resiste a una mujer así.

  • El Doctor De Las Calenturas   Capítulo 3

    En ese momento, escuché pasos afuera. Me llevé un susto tremendo. ¿Y si era el doctor? Si me descubrían fingiendo y propasándome con una paciente, ¡estaría frito!Me subí los pantalones rápido, intentando encontrar una oportunidad para escapar. Pero, de pronto, esa belleza me tomó de la mano y me clavó una mirada de deseo.—Doctor, no se vaya. Siento que ese cosquilleo me está carcomiendo por dentro; por favor, ayúdeme.Los pasos se oían cada vez más cerca y yo estaba muerto de nervios. Al ver su cara tan sonrojada, por más que se me antojara, ¡no podía arriesgarme!—Lo suyo es un caso muy raro. No puedo curarla, mejor busque otra opinión en otro lado.Le solté la mano a la fuerza y corrí hacia la salida. ¡Se escuchó un fuerte rasguño! ¡Me había bajado los pantalones!—¡Sssrrraj!Se había quedado aferrada a mi ropa y, con el impulso de mi carrera, terminó quitándomelos. Se quedó mirando fijamente ahí abajo, con la boca abierta de par en par.—Doctor, nunca había visto algo tan grande.

  • El Doctor De Las Calenturas   Capítulo 2

    Me dejé llevar por la sensación hasta que la chica me llamó la atención.—¿Por qué me revisa así? Ningún otro médico lo había hecho. Siento un cosquilleo muy raro, como si me caminaran hormigas por dentro.Retiré la mano, con el miedo de que se diera cuenta de que yo no era médico, y me inventé una explicación.—Es que su caso es muy especial. Necesito usar una técnica para que ese cosquilleo salga y se libere la presión; solo así se va a curar.Fue una excusa que me saqué de la manga por la desesperación, pero ella se la creyó. Levantó más las nalgas y me respondió.—Sabe que sí... la verdad, con lo que me hizo hace un momento me sentí un poco mejor, pero ahora me dan más ganas. Por favor, sígame revisando.“No solo está guapísima, también es bien ingenua. ¡Me saqué la lotería!”Esta vez la toqué sin ninguna timidez. La sensación en la palma de mi mano era tan intensa que sentía que iba a estallar; mis nervios estaban a tope. Allá abajo la presión era cada vez más obvia, sentía que si

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status