LOGINTenía terror de que mis padres se enteraran, así que me la pasé suplicando durante todo el camino.—Por favor, no les digas. Ya están grandes y no van a aguantar una impresión de este tamaño.Mi hermano, furioso, le dio un golpe al volante del auto y me gritó:—¿Ahora sí te preocupa que no aguanten el susto? ¡Eso hubieras pensado antes de estar de puerco!Lorena iba en el asiento de atrás, con la cabeza agachada y sollozando. Se enterraba las uñas en las palmas de las manos, pero no decía ni una sola palabra.El silencio dentro del auto era total; se podía escuchar incluso nuestra respiración.Cruzamos el último tramo del camino de tierra mientras el atardecer alargaba las sombras de la casa vieja. En la entrada, mi mamá estaba inclinada alimentando a las gallinas y mi papá vigilaba las tareas del campo.Gerardo detuvo el auto y respiró.—Ya llegamos.Sentí una presión horrible, como si me hubiera quedado helado por dentro, y me empezaron a sudar las manos. Lorena seguía sin levantar l
—Gerardo... yo...No podía terminar la frase, sentía la garganta apretada. Jamás me hubiera imaginado que Lorena fuera la novia de mi hermano. También se quedó de piedra.—¿Son hermanos? Con razón me parecías conocido. Te había visto de espaldas en unas fotos que le mandaste a Gerardo, pero no sabía que eras su hermano.Gerardo estaba tan sorprendido que apenas podía hablar.—¿Desde cuándo están juntos? —preguntó apenas en un hilo de voz.—Apenas nos conocimos ayer —balbuceé, sintiéndome la peor persona del mundo.A mi hermano se le desencajó la cara por el coraje.—¿Se conocieron ayer y ya se están revolcando?No sé qué me pasó por la cabeza, me dio un momento de estupidez y dije lo primero que se me ocurrió.—De hecho, pasó desde ayer.Gerardo casi echa chispas de la rabia.—¡¿Apenas se conocieron y se acostaron?!Sabía que esto era un golpe bajísimo para él; por un lado su novia y por el otro su propio hermano. No sabía ni con quién desquitarse. Tuve que contarle todo lo que había p
Saber que volvería a ver a Lorena por la noche hacía que el pulso se me acelerara sin que pudiera evitarlo.El turno de ese día en la oficina se me hizo eterno; sentía que las manecillas del reloj avanzaban a paso de tortuga y solo deseaba que el tiempo corriera más rápido.En cuanto dieron las seis, guardé mis cosas y salí disparado de la empresa, tanto que hasta olvidé mi chaqueta.Beto, al verme salir a toda prisa, intentó seguirme el paso muy agitado.Me dio risa su cara, pero no me detuve a darle explicaciones.Llegué pronto al edificio de Lorena. Me detuve frente a la entrada para sacudirme el polvo de la ropa y acomodarme el cabello. De pronto, pensé que no estaba bien llegar con las manos vacías, así que fui rápido a comprar un ramo de rosas muy elegante.Con las flores en la mano, toqué el timbre de su departamento.—Ding, dong.La puerta se abrió y Lorena me recibió con una sonrisa, pero en cuanto vio el ramo, su expresión cambió y se puso tensa.—¿Para qué traes flores? No e
La empujé sobre la cama y nos dejamos llevar por el deseo. Fue un encuentro intenso, de esos que te dejan sin aliento y te hacen olvidar dónde estás.—El doctor tenía razón —dijo ella con una sonrisa, mientras recuperaba el aire—. Mi problema se quita con un hombre que aguante el ritmo. Ojalá te hubiera conocido antes.—Yo también necesitaba a alguien como tú —le respondí antes de darle un beso—. Vamos a tener que seguirnos viendo con frecuencia.En eso, la puerta se abrió. El médico entró y nos encontró en pleno acto. Se nos quedó viendo con enojo.—Le dije que buscara a alguien, pero no pensé que fuera tan rápido —dijo con fastidio.—Pues sí, gracias a este hospital encontré a alguien que sí sabe lo que hace —respondió ella.El doctor se rio de forma irónica y sacó unos aparatos que traía en la mano.—Solo venía a decirle que, si le interesaba, yo también tengo lo mío.Al escucharlo, los dos nos reímos. Se notaba que hasta el médico quería con ella; nadie se resiste a una mujer así.
En ese momento, escuché pasos afuera. Me llevé un susto tremendo. ¿Y si era el doctor? Si me descubrían fingiendo y propasándome con una paciente, ¡estaría frito!Me subí los pantalones rápido, intentando encontrar una oportunidad para escapar. Pero, de pronto, esa belleza me tomó de la mano y me clavó una mirada de deseo.—Doctor, no se vaya. Siento que ese cosquilleo me está carcomiendo por dentro; por favor, ayúdeme.Los pasos se oían cada vez más cerca y yo estaba muerto de nervios. Al ver su cara tan sonrojada, por más que se me antojara, ¡no podía arriesgarme!—Lo suyo es un caso muy raro. No puedo curarla, mejor busque otra opinión en otro lado.Le solté la mano a la fuerza y corrí hacia la salida. ¡Se escuchó un fuerte rasguño! ¡Me había bajado los pantalones!—¡Sssrrraj!Se había quedado aferrada a mi ropa y, con el impulso de mi carrera, terminó quitándomelos. Se quedó mirando fijamente ahí abajo, con la boca abierta de par en par.—Doctor, nunca había visto algo tan grande.
Me dejé llevar por la sensación hasta que la chica me llamó la atención.—¿Por qué me revisa así? Ningún otro médico lo había hecho. Siento un cosquilleo muy raro, como si me caminaran hormigas por dentro.Retiré la mano, con el miedo de que se diera cuenta de que yo no era médico, y me inventé una explicación.—Es que su caso es muy especial. Necesito usar una técnica para que ese cosquilleo salga y se libere la presión; solo así se va a curar.Fue una excusa que me saqué de la manga por la desesperación, pero ella se la creyó. Levantó más las nalgas y me respondió.—Sabe que sí... la verdad, con lo que me hizo hace un momento me sentí un poco mejor, pero ahora me dan más ganas. Por favor, sígame revisando.“No solo está guapísima, también es bien ingenua. ¡Me saqué la lotería!”Esta vez la toqué sin ninguna timidez. La sensación en la palma de mi mano era tan intensa que sentía que iba a estallar; mis nervios estaban a tope. Allá abajo la presión era cada vez más obvia, sentía que si