Se connecterCAPÍTULO TRES
POV de Kiara
Habían pasado dos meses desde aquella noche que lo cambió todo.
Dos meses desde que abrí los ojos en una habitación desconocida y creí, durante unos pocos minutos de pura ingenuidad, que Maelor por fin había regresado a mí.
Dos meses desde que descubrí que el hombre que me había llevado en brazos hasta aquella habitación nunca había sido mi esposo.
Dos meses desde que Cassian, el hombre al que todos creían muerto, regresó a la manada.
Y durante esos dos meses, había hecho todo lo posible por evitarlo.
Cada vez que me enteraba de que Cassian estaba en la residencia principal, buscaba una excusa para quedarme en mi habitación.
Cada vez que lo veía a lo lejos, cambiaba de dirección antes de que pudiera notarme. Y cada vez que escuchaba su voz cerca de mí, el corazón comenzaba a latirme con tanta fuerza que tenía que recordarme a mí misma cómo respirar.
No sabía qué me asustaba más: haber pasado aquella noche con el hermanastro de Maelor o ser incapaz de olvidar hasta el más mínimo detalle de lo sucedido.
Recordaba su voz.
Recordaba su aroma.
Recordaba la fuerza de sus brazos cuando me sostuvo.
Y, sobre todo, recordaba lo que había pasado entre nosotros.
Durante dos meses había fingido que aquella noche nunca había existido.
Me había repetido una y otra vez que todo había sido culpa de la semilla de la fertilidad, que no estaba en mis cabales y que lo que hubiera sucedido entre Cassian y yo pertenecía al pasado.
Pero mi cuerpo se negaba a olvidarlo.
Desde hacía varias semanas, algo extraño me estaba sucediendo.
Al principio, pensé que era estrés.
Desde el regreso de Cassian, toda la manada había cambiado. Los guerreros lo trataban con un respeto que dejaba claro que nunca lo habían olvidado por completo. Mientras tanto, Maelor, que antes recorría la manada como si todo lo que existía bajo la mirada de la Diosa Luna le perteneciera, se mostraba cada vez más tenso.
Tenía miedo de Cassian. Cualquiera podía darse cuenta.
Maelor solo había conseguido convertirse en Alfa porque Cassian desapareció durante la guerra del norte y, con el tiempo, todos terminaron creyendo que había muerto.
Al no haber ningún heredero que pudiera regresar para reclamar su lugar, los ancianos habían sentado a Maelor en el trono del Alfa.
Pero Cassian seguía vivo.
Y ahora que había regresado, la posición de Maelor ya no estaba asegurada.
El miedo que veía en los ojos de mi esposo cada vez que Cassian entraba en una habitación me revelaba mucho más de lo que sus palabras podrían haberme dicho jamás.
Sin embargo, nada de aquello explicaba lo que me estaba pasando.
Mi apetito había cambiado. Algunos alimentos que antes me encantaban de repente me revolvían el estómago, mientras que empezaba a desear cosas que nunca me habían interesado.
También me sentía inusualmente cansada, pero intentaba no pensar demasiado en ello.
Había otra posibilidad que me negaba deliberadamente a considerar.
Tenía un retraso en mi menstruación. No era de unos pocos días, sino de mucho más tiempo del que debería.
Me había dado cuenta semanas atrás, pero seguía diciéndome que el estrés podía alterar el cuerpo de una mujer y, con todo lo que estaba sucediendo a mi alrededor, tenía motivos de sobra para estar estresada.
Además, no había ninguna posibilidad de que estuviera embarazada.
Simplemente, era imposible.
Maelor no me había tocado en casi un año.
Sabía exactamente cuánto tiempo había pasado porque había contado los meses en silencio, esperando que algún día regresara a mí.
Pero nunca lo hizo.
La única noche que había estado con un hombre había sido aquella en la que intenté convencerme de que Maelor por fin había vuelto a mi lado.
Me negaba a pensar en la verdad.
No podía hacerlo.
Mientras caminaba por el pasillo trasero de la residencia, una repentina oleada de náuseas me golpeó.
Me detuve de inmediato y apoyé una mano contra la pared.
El estómago se me revolvió violentamente. Apenas conseguí llegar al baño antes de inclinarme sobre el inodoro y vomitar.
Cuando por fin terminé, permanecí allí unos instantes, respirando con dificultad mientras me limpiaba la boca con los dedos temblorosos.
Odiaba aquello.
Odiaba no entender qué le estaba pasando a mi propio cuerpo.
Me incorporé lentamente y me dirigí al lavabo con la intención de enjuagarme la boca. Pero, antes de que pudiera alcanzar el vaso que había junto a él, una mano me ofreció una taza de agua.
—Bebe.
Todo mi cuerpo se quedó rígido.
Aquella voz…
Levanté la mirada lentamente.
Cassian estaba frente a mí.
Durante unos instantes, me limité a observarlo. Parecía diferente del hombre que recordaba de aquella noche, quizá porque esta vez sus ojos estaban despejados y su expresión era tranquila. Sin embargo, la familiaridad de su presencia me provocó un extraño escalofrío.
Di un paso atrás de inmediato.
—¿Qué haces aquí?
Él arqueó ligeramente una ceja.
—Tranquila. ¿Acaso no tengo derecho a ofrecerte un poco de agua?
—No necesito tu ayuda.
Me aparté de él, pero Cassian no se movió.
Su mirada permaneció fija en mí.
—Has estado vomitando.
—Estoy bien.
—No lo parece.
—He dicho que estoy bien.
Me observó durante unos segundos más. Podía sentir sus ojos siguiendo cada uno de mis movimientos.
Entonces, con una naturalidad que me puso los nervios de punta, dijo:
—Espero que no estés embarazada.
Mi corazón dejó de latir por un instante.
Me volví hacia él tan bruscamente que la habitación pareció dar vueltas.
—No.
La respuesta salió demasiado rápido.
Cassian entrecerró los ojos.
—¿No?
—No puedo estarlo.
Tragué saliva con dificultad y me obligué a apartar la mirada.
—Y, aunque lo estuviera, no es asunto tuyo. No tiene nada que ver contigo.
Su expresión cambió.
—¿No tiene nada que ver conmigo?
Percibí una leve nota de diversión en su voz, y aquello me revolvió el estómago por una razón completamente distinta.
Dio un paso hacia mí.
—Pero pasamos una noche juntos.
Abrí los ojos de par en par.
Antes de que pudiera decir algo más, levanté rápidamente la mano y le tapé la boca.
—No.
Cassian se quedó inmóvil.
Miré hacia el pasillo, aterrorizada ante la posibilidad de que alguien lo hubiera escuchado.
—¿Y si alguien te oye?
Sus ojos permanecieron fijos en los míos.
Bajé la voz.
—Nadie puede enterarse de lo que pasó aquella noche.
Cassian me apartó lentamente la mano de la boca.
—¿Y por qué no?
—Porque soy la esposa de tu hermano.
Las palabras me dolieron más de lo que esperaba.
La expresión de Cassian se volvió indescifrable.
—Pero él anda detrás de otra mujer.
—¿Y qué?
Me obligué a sostenerle la mirada.
—Todo ocurrió por culpa de la semilla de la fertilidad. No sabía lo que estaba haciendo. Creí que eras Maelor.
—¿Y qué hiciste cuando descubriste que no era él?
No supe qué responder.
El recuerdo de aquella noche cruzó mi mente como una ráfaga.
Sus brazos rodeándome.
Su voz.
Su cicatriz.
La forma en que me había llevado en brazos cuando mis piernas ya no podían sostenerme.
Aparté la mirada.
—No quiero hablar de eso.
Cassian me observó en silencio.
Después, dijo:
—Entonces, hazte un examen médico como es debido.
Se dio la vuelta y se marchó por el pasillo.
Lo observé hasta que desapareció de mi vista. Solo entonces me permití respirar de nuevo.
Lentamente, llevé una mano a mi vientre.
¿Embarazada?
La palabra resonó dentro de mi cabeza.
¡No!
No podía estarlo. Solo tenía un retraso por culpa del estrés. Tenía que ser eso. No había otra explicación.
Sin embargo, mi mano seguía apoyada sobre el vientre.
Cerré los ojos y comencé a contar mentalmente.
Una semana.
Dos semanas.
Tres semanas.
Mi respiración se volvió entrecortada.
Abrí los ojos y volví a contar, esta vez con más cuidado, intentando convencerme de que me había equivocado.
Pero las cuentas no cambiaron.
Había pasado demasiado tiempo desde mi última menstruación.
El corazón comenzó a golpearme el pecho con fuerza.
Pensé en las náuseas, en el cansancio y en los extraños cambios de mi apetito.
Entonces recordé la semilla de la fertilidad.
Mis dedos temblaron sobre mi vientre.
—No… —susurré para mí misma.
No podía saberlo todavía. No podía permitirme creerlo sin tener pruebas.
Porque, si estaba embarazada, solo había un hombre que podía ser el padre.
Y ese hombre era precisamente aquel cuyo regreso había puesto a toda la manada patas arriba.
Cassian.
El hermanastro de Maelor.
El legítimo Alfa.
Aparté la mano de mi vientre mientras el miedo se apoderaba de mí.
Durante cinco años había vivido aterrorizada ante la posibilidad de no poder darle un hijo a Maelor.
Y ahora, por primera vez, me aterraba la idea de que realmente pudiera estar esperando un bebé.
Porque no sabía qué sucedería si aquel niño llegaba a existir…
CAPÍTULO CUATROPOV de KiaraMe quedé mirando a la sanadora como si hubiera olvidado cómo respirar.—Estás embarazada.Sus palabras resonaron en mi cabeza y se negaron a desaparecer, incluso después de que la sanadora guardara silencio.Embarazada.Durante cinco años, esa había sido la palabra que tanto había rezado por escuchar.Durante cinco años, había visto a otras mujeres de la manada llevar a sus hijos en el vientre mientras yo las observaba desde la distancia. Sonreía cada vez que hablaban de sus embarazos, aunque algo dentro de mí se rompía un poco más cada vez.Había soportado los susurros, las miradas de lástima, las risas crueles y aquel apodo que me perseguía a todas partes.La Luna Estéril.Y ahora, después de tantos años, la Diosa Luna por fin había respondido a mis plegarias.Pero, en lugar de felicidad, el miedo comenzó a instalarse lentamente en mi pecho, porque sabía perfectamente cuándo había comenzado aquel embarazo.Sabía de quién era el hijo que llevaba en mi vie
CAPÍTULO TRESPOV de KiaraHabían pasado dos meses desde aquella noche que lo cambió todo.Dos meses desde que abrí los ojos en una habitación desconocida y creí, durante unos pocos minutos de pura ingenuidad, que Maelor por fin había regresado a mí.Dos meses desde que descubrí que el hombre que me había llevado en brazos hasta aquella habitación nunca había sido mi esposo.Dos meses desde que Cassian, el hombre al que todos creían muerto, regresó a la manada.Y durante esos dos meses, había hecho todo lo posible por evitarlo.Cada vez que me enteraba de que Cassian estaba en la residencia principal, buscaba una excusa para quedarme en mi habitación.Cada vez que lo veía a lo lejos, cambiaba de dirección antes de que pudiera notarme. Y cada vez que escuchaba su voz cerca de mí, el corazón comenzaba a latirme con tanta fuerza que tenía que recordarme a mí misma cómo respirar.No sabía qué me asustaba más: haber pasado aquella noche con el hermanastro de Maelor o ser incapaz de olvidar
CAPÍTULO DOSPOV de KiaraDesperté lentamente. Abrí los ojos y contemplé el techo desconocido que tenía sobre mí, mientras la suave luz del sol se filtraba por las cortinas. Intenté comprender dónde estaba y por qué sentía el cuerpo tan débil.Durante unos momentos, mi mente se quedó completamente en blanco.Entonces, los recuerdos de la noche anterior comenzaron a regresar.Era nuestro quinto aniversario de bodas.Recordé haber preparado la cena para Maelor y haberlo esperado con el corazón lleno de esperanza. Sin embargo, él había regresado con Elyra, me había humillado delante de ella y después se había marchado con ella, dejándome sola.Recordé haber tomado la semilla de la fertilidad y el extraño calor que se había extendido por todo mi cuerpo.Después, recordé que alguien me había llevado a su habitación.¡Maelor! Había regresado a mí. ¡Por fin habíamos estado juntos la noche anterior!La semilla de la fertilidad funcionaría. ¡Ahora sí podría quedar embarazada y tener un bebé!U
CAPÍTULO UNOKIARAColoqué con cuidado el último plato sobre la mesa del comedor y retrocedí unos pasos para contemplar todo lo que había preparado. Me aseguré de que cada detalle estuviera en su sitio, porque aquella noche no era una noche cualquiera para mí.Era nuestro quinto aniversario de bodas.Habían pasado cinco años desde que me convertí en la esposa de Maelor, cinco años desde que la Diosa Luna me concedió al hombre que una vez creí que me amaría más que a nadie en el mundo y cinco años intentando convencerme de que su frialdad era solo algo pasajero.Miré la mesa y esbocé una pequeña sonrisa.Las velas ardían suavemente, la comida aún estaba caliente y no faltaba ninguno de los platos favoritos de Maelor. Había preparado sus comidas preferidas, comprado su vino favorito e incluso colocado un pequeño regalo junto a su plato.Por una noche, quería olvidarme de todo lo que había sufrido durante aquellos cinco años.Quería creer que nuestro matrimonio todavía podía salvarse.Ll







