로그인Estaba al frente de una reunión internacional importantísima cuando, de pronto, recibí una llamada de Dora Guerra, mi hermana menor. Al otro lado de la línea, Dora lloraba tanto que apenas podía hablar: —Me robaron el cupo de intercambio… Fui de inmediato a la universidad. Al llegar, vi a Dora acorralada en una esquina de la oficina, con los ojos enrojecidos. Frente a ella, una chica con pinta de buscapleitos la señalaba con el dedo, llena de desprecio. —¿Crees que puedes competir conmigo? Soy la hija de la familia Guerra de la capital. Mi papá acaba de donarle a esta universidad todo un edificio de laboratorios. ¿Y tú quién te crees? Hasta Ricardo Navarrete, el profesor de la materia, se puso de su lado: —Dora, Marcela es hija de una de las familias benefactoras más importantes de la universidad. Sé razonable y no nos metas a todos en problemas. Yo estaba a punto de acercarme para exigir una explicación, pero aquellas palabras, "la familia Guerra de la capital", me detuvieron en seco. ¿La familia Guerra de la capital? ¿Desde cuándo mi papá tenía una tercera hija además de Dora y de mí? Marqué de inmediato el número de mi papá y, con una risa fría, dije: —Papá, dime una cosa: ¿desde cuándo tienes otra hija a espaldas de mamá?
더 보기—¡No! ¡No!Marcela gritó y corrió hacia Santos, llorando mientras le suplicaba:—¡Papá! ¡Diles algo! ¿No le donaste un edificio a la universidad? ¡No pueden expulsarme!Pero Santos ya ni siquiera podía salvarse a sí mismo. ¿Cómo iba a preocuparse por ella?Al escuchar lo de la donación del edificio de laboratorios, Mauricio se enfureció aún más.Señaló a Santos y le explicó a mamá de inmediato:—Señora Magaña, por favor, escúcheme. Esa donación fue prometida por el señor Guerra en nombre de Tecnologías Astra. Nosotros creímos que era decisión suya… De verdad no sabíamos que detrás había algo así.—Ahora ya lo sé.La voz de mamá no dejaba traslucir alegría ni enojo.Miró a Santos, y el último rastro de calidez desapareció por completo de sus ojos.—Desde hoy, quedas fuera de Tecnologías Astra en todos los sentidos. Recuperaré todos los bienes que la familia Magaña puso a tu nombre. Mañana a las diez de la mañana, nos vemos para iniciar los trámites de divorcio en el Registro Civil. Espe
Pero mamá ni siquiera se dignó a mirarlos de nuevo.Se volvió hacia Ricardo, que ya estaba pálido del susto, y habló con indiferencia:—¿Usted es el profesor de la universidad?—Sí, señora… —tartamudeó Ricardo.—¿Fue usted quien gestionó la cancelación del cupo de intercambio de Dora?—No… ¡No fui yo! Fue el señor Guerra…Ricardo se apresuró a echarle la culpa a Santos.—Muy bien.Mamá asintió y no volvió a dirigirle la palabra.Sacó el celular y marcó un número.—Hola, señor Dávila. Soy Elvia.La voz al otro lado de la línea cambió de inmediato a un tono sumamente respetuoso:—¿Por qué me llama usted personalmente? Si necesita algo, solo tiene que darme una orden.—No es nada grave —dijo mamá con un tono sereno—. Solo que mi hija fue acosada en su universidad por Ricardo y una estudiante llamada Marcela. Le arrebataron su cupo de intercambio, rompieron sus documentos de solicitud y hasta dijeron que llamarían a seguridad para echarla de la universidad.—¿Qué?La voz de Mauricio Dávila
En cuanto ese nombre salió, las piernas de Ricardo se aflojaron. Por poco cayó de rodillas en el piso.Se apoyó en el escritorio de al lado para mantenerse apenas de pie. Tenía una expresión descompuesta, como si estuviera al borde del llanto.—Señora… señora Magaña… ¿Us-usted qué hace aquí?Todos sabían que la mayor donación anónima que había recibido la universidad, así como el apoyo financiero continuo posterior, provenían de una misteriosa institución llamada Fundación Magaña.Y la fundadora de esa institución, la señora Magaña, siempre había sido una figura casi legendaria, alguien que rara vez aparecía en público.Ni en sueños habría imaginado que aquella figura legendaria de la que todos hablaban aparecería en su oficina de esta manera.Pero lo que terminó de dejarlo helado fue darse cuenta de que, hacía apenas unos minutos, él había ayudado a humillar a las hijas biológicas de esa gran figura.Mamá no hizo caso de su temblor. Caminó hacia Santos, cuyo rostro había perdido todo
Después de colgar, toda la oficina cayó en un silencio mortal.Los guardias que hacía apenas un momento venían con tanta agresividad se miraron entre sí y ya no se atrevieron a dar otro paso.Por el contenido de mi llamada y por el rostro de Santos, que se había puesto pálido en un instante, ya habían percibido que algo no estaba bien.Santos entró en pánico.Me miró fijamente, con los labios temblorosos, intentando fingir calma.Si hoy se había atrevido a ser tan arrogante, era porque mamá estaba en el extranjero. Estaba seguro de que ella no podría llegar a tiempo.Pero nunca imaginó que ella hubiera vuelto antes.En cambio, Sara y Marcela se quedaron confundidas por un momento, y luego soltaron una burla aún más estridente.—¿Todavía vas corriendo con tu mami? ¿Qué pasa? ¿Tu mamá es todopoderosa o qué? ¿Y qué si viene?Sara cruzó los brazos con una expresión llena de desprecio.Marcela incluso se tapó la boca y se rio de forma exagerada:—Mamá, ¿será que le habló a la alcaldesa de s






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