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El Imperio Siempre Fue de Mi Madre
El Imperio Siempre Fue de Mi Madre
Author: Yolanda Fernández

Capítulo 1

Author: Yolanda Fernández
—¿Qué tonterías estás diciendo?

Al otro lado del teléfono, la voz de mi papá, Santos Guerra, sonó entre divertida y ofendida.

—Eva, otra vez estás burlándote de mí. En esta vida, aparte de ti y de Dora, ¿de dónde habría sacado otra hija?

Al escuchar su negación tan firme, la sospecha que me oprimía el pecho se disipó al instante.

Era verdad. Mi papá, en el círculo de la alta sociedad de la capital, era famoso por ser un "esposo modelo".

Durante treinta años, había tratado a mi mamá, Elvia Magaña, con una atención impecable. Para muchas damas de sociedad, él era el típico esposo que todas envidiaban.

En ese círculo, que un hombre fuera infiel o mantuviera a una amante ya ni siquiera era noticia. Pero todos estaban convencidos de que Santos jamás haría algo así.

—Más te vale que sea así.

Colgué con frialdad y levanté la mirada hacia Marcela, que seguía actuando con arrogancia.

Llevaba marcas de lujo de pies a cabeza, pero todo estaba combinado de una forma tan exagerada que solo le daba un aire vulgar de nueva rica.

Contuve mi enojo y le pregunté con tono aparentemente amable:

—¿Dijiste que eres la hija de la familia Guerra?

—Vaya, ¿qué pasa?

Ella soltó una risa burlona y cruzó los brazos.

—Sí, soy la hija de la familia Guerra. Me llamo Marcela Guerra. ¿Tienes algún problema? Ah, ya entendí. Ustedes quieren aprovecharse de mi apellido, ¿verdad? Pues les aviso que ya es tarde. En la capital, aparte de mi familia, ¿cuántas familias de apellido Guerra pueden considerarse de la alta sociedad? ¡Qué par de provincianas!

Después de decir eso, volvió a mirar a Dora. La malicia en su voz casi se desbordaba.

—¿De qué te sirve tener buenas calificaciones? ¿De qué te sirve haberte preparado todo un año? Con una sola palabra de mi papá y la donación de un edificio, todo tu esfuerzo no vale nada.

Dora agachó aún más la cabeza. Tenía los puños apretados con tanta fuerza que los nudillos se le habían puesto blancos.

Al verla encogerse así, como si ya estuviera acostumbrada a que la maltrataran, entendí todo al instante.

Esa Marcela seguramente llevaba tiempo acosándola en la universidad.

A mamá nunca le gustó presumir, y siempre quiso que nos abriéramos camino por nuestros propios méritos.

Por eso Dora y yo siempre habíamos mantenido un perfil bajo fuera de casa. Nunca revelábamos nuestra identidad.

Dora, además, era introvertida y solo pensaba en sus estudios. Pero jamás imaginé que esa discreción terminaría convirtiéndose, ante los ojos de otros, en una señal de debilidad de la que podían aprovecharse a su antojo.

Con el corazón apretado, jalé a Dora detrás de mí y volví a posar la mirada en el rostro de Marcela. Esta vez, mi voz se enfrió.

—Hasta donde sé, todos los documentos para el cupo de intercambio, incluida la validación de la universidad de destino, ya habían sido aprobados. Cambiar a la candidata a última hora va contra las normas, ¿verdad?

—¿Normas?

Marcela soltó una risa aguda. Sacó con aire triunfal un fajo de documentos de su bolso y los agitó frente a mí.

—¿Te refieres a esto? ¿La solicitud de Dora? Qué pena, pero yo la intercepté. Nunca llegó a entregarse.
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    —¡No! ¡No!Marcela gritó y corrió hacia Santos, llorando mientras le suplicaba:—¡Papá! ¡Diles algo! ¿No le donaste un edificio a la universidad? ¡No pueden expulsarme!Pero Santos ya ni siquiera podía salvarse a sí mismo. ¿Cómo iba a preocuparse por ella?Al escuchar lo de la donación del edificio de laboratorios, Mauricio se enfureció aún más.Señaló a Santos y le explicó a mamá de inmediato:—Señora Magaña, por favor, escúcheme. Esa donación fue prometida por el señor Guerra en nombre de Tecnologías Astra. Nosotros creímos que era decisión suya… De verdad no sabíamos que detrás había algo así.—Ahora ya lo sé.La voz de mamá no dejaba traslucir alegría ni enojo.Miró a Santos, y el último rastro de calidez desapareció por completo de sus ojos.—Desde hoy, quedas fuera de Tecnologías Astra en todos los sentidos. Recuperaré todos los bienes que la familia Magaña puso a tu nombre. Mañana a las diez de la mañana, nos vemos para iniciar los trámites de divorcio en el Registro Civil. Espe

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