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Capítulo 3

Author: September
A la tarde siguiente, sonó el timbre.

En la cámara de seguridad vi a Sophia en la puerta, acompañada por dos guardias y tres maletas.

Luca estaba a su lado, con un abrigo negro sobre un brazo.

Abrí sin pensarlo.

Sophia corrió hacia mí y me envolvió en un abrazó.

—Elena, me asustaste. Te llamé toda la mañana. Te fuiste de la boda como si fueras a desaparecer en el lago.

Había tanta preocupación sincera en su voz que la poca rabia que había conseguido reunir se transformó en algo más suave y mucho peor.

Dejé que me abrazara durante un par de segundos antes e apartarme con suavidad.

—Estoy bien.

—No lo parece

.

Echó un vistazo al departamento y se estremeció.

—Dios, este lugar es deprimente. Luca dijo que tu edificio tiene la mejor seguridad privada de Lakeview, así que pensamos quedarnos aquí unos días. La finca Rossetti ha estado recibiendo amenazas y, con el bebé...

Por fin, Luca levantó la vista hacia mí.

—Sophia está embarazada. No la habría traído aquí si hubiera otra opción segura.

Tuve que contenerme para no preguntarle si era consciente de lo que acababa de decir.

Aquel debería haber sido nuestro hogar durante los últimos cinco.

Ahora estaba de pie en la puerta con su esposa embarazada, pidiéndome refugio como si yo fuera un antiguo contacto de la familia.

Sophia me rozó la muñeca.

—Solo serán unos días. Sé que es mucho pedir después de la boda, pero no sabía a dónde más acudir. Eres la única persona en la que confío.

Esa fue la frase más cruel de todas.

Me hice a un lado, pero detuve la mirada en Luca antes de que cruzara el umbral.

—Sophia puede quedarse porque es mi amiga y está embarazada.

Lo miré directamente a los ojos.

—Tú estás aquí porque ella necesita protección. No confundas eso con perdón.

Sophia soltó el aire con alivio y volvió a abrazarme.

—Gracias. Sabía que no me rechazarías.

Esta vez no le devolví el abrazo. Mis ojos siguieron fijos en Luca.

—Sophia tendrá la habitación de invitados —repuse al cabo de un segundo—. Tú dormirás el sofá, la habitación de los guardias o el pasillo. Me da igual cuál elijas. Pero no vas a pasearte por este departamento como si todavía te perteneciera. Mi habitación y mi estudio son privados.

Aquella noche, Sophia preparó té en mi cocina mientras hablaba de la boda, del bebé y de los médicos de Malta.

Me contó que Luca había cambiado después de despertar. Que siempre era educado, distante. Nunca terminaba de ser suyo.

—A veces pienso que una parte de él se quedó en aquel accidente —dijo, intentando reír—. Puede llegar a ser tan frío… Ya conoces a hombres así, ¿verdad? Hijos de la mafia con demasiado orgullo y muy poco vocabulario emocional.

Sostuve la taza con ambas manos porque no dejaban de temblarme.

—Sí —respondí—. Los conozco.

Al otro lado de la estancia, Luca permanecía inmóvil en el pasillo, escuchando.

Lo vi reflejado en el cristal oscuro de la ventana, como si estuviera esperando que lo acusara.

No dije nada.
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