INICIAR SESIÓNEra la asesina más hábil de Don Alexander y su Consigliere, pero también su esposa secreta. Durante los cinco años que duró nuestro matrimonio oculto, él nunca permitió que nuestro hijo lo llamara papá. Siempre decía que las familias enemigas nos vigilaban todo el tiempo y que mi hijo y yo éramos su única debilidad; juraba que lo hacía para protegernos. Yo le creí y lo ayudé en silencio a manejar todos los asuntos de la familia, hasta que su primer amor, Bella, regresó con un niño de cinco años. Él reservó todo un parque de diversiones para que ellos se divirtieran todo el día. Ese día era el cumpleaños de mi hijo, y él se empeñó en esperar a que su padre volviera a casa, mientras sostenía un pastel que ya se estaba derritiendo. Perdí la esperanza e hice una llamada: —Ayúdame a cancelar mi identidad y la de Leo; borra toda nuestra información. Pero cuando mi hijo y yo nos esfumamos, el poderoso Don se volvió loco y buscó por todo el mundo algún rastro nuestro...
Ver másEn un pequeño pueblo de Tarichumo, Alexander por fin encontró a Sophia y a Leo, que estaban ahí de vacaciones. Alexander no había dormido en tres días. Tenía los ojos rojos y la barba de varios días le cubría la quijada. Esa presencia imponente que solía tener el Don había desaparecido. Se quedó observando a Sophia mientras salía de una pequeña florería, llevando a Leo de la mano. El niño cargaba un ramo de girasoles brillantes. Ambos estaban muy bien abrigados con gruesos abrigos de lana. En sus caras se notaba una felicidad y una tranquilidad que él no les había visto en años.Alexander se lanzó hacia adelante y les cerró el paso. Su voz temblaba por lo alterado que estaba.—¿Por qué me dejaste? ¿Por qué te llevaste a Leo?Sophia lo miró con calma y no dijo nada. Alexander perdió los estribos y las acusaciones empezaron a salirle sin control.—Me atrapaste en este matrimonio con eso del embarazo, ¿y ahora decides irte? ¿Crees que puedes marcharte así como si nada y ya?Ante los recl
Entre todos los papeles desordenados, encontró un convenio de divorcio. Le temblaban las manos mientras lo abría. Ahí estaba, bien clarita, su propia firma mal hecha y la fecha de esa noche. Alexander recordó el momento en su cabeza. Sophia le había entregado la carpeta con mucha calma y una sonrisa amable. Con voz suave, le dijo que terminara rápido con eso para que pudiera atender a Bella y a Lucas.—Ve. Los niños te necesitan.En ese momento, a Alexander le conmovió mucho que ella fuera tan comprensiva. Incluso la felicitó por tener la nobleza de una verdadera Donna. Alexander revisó las cláusulas. Sophia no había pedido nada, excepto la custodia total de Leo. No quería reparto de los bienes de la familia, ni una pensión. Hasta había renunciado a todas las joyas y propiedades que estaban a su nombre. Alexander se sintió muy confundido. ¿Por qué? ¿Por qué se quería ir de una forma tan definitiva? No quería ni un solo centavo. Entonces, ¿por qué se esforzó tanto en meterlo a su cama
Después del banquete, Alexander se fue a un bar y se puso borracho hasta perder la cuenta. Por pura inercia, sacó el celular y marcó el número de Sophia. Quería que ella fuera por él y lo llevara a casa, tal como lo había hecho muchísimas veces. Pero la línea estaba fuera de servicio.Fue entonces cuando cayó en la cuenta: Sophia se había ido con Leo. Alexander llegó a casa tropezando por el alcohol y abrió la puerta de la recámara principal. El vacío de la habitación hizo que se le bajara la borrachera.Por instinto, buscó la Glock 19 en el buró, un hábito que se le quedó después de años de vivir al límite. Lo primero que hacía cada noche al llegar a casa era revisar su arma. Sin embargo, esta vez sus dedos rozaron una hoja de papel rugoso en lugar del metal.Alexander tomó el papel y lo miró con atención. Era un retrato de la familia que Leo había hecho con crayones. En el centro, una mujer con un vestido azul y un niño pequeño estaban de la mano. Los dos tenían sonrisas radiantes, r
Pero antes de que pudieran localizar a Sophia, llegó el momento de la cumbre de paz de Las Cinco Familias. Esta cena determinaba el equilibrio del poder y el reparto de las ganancias en Sicilia para la siguiente década.Por tradición, un Don asistía con su familia o con una acompañante. Sophia siempre había estado al lado de Alexander.A Alexander le dolía la cabeza.Bella se ofreció:—Llévame contigo. Quiero ayudarte.Alexander lo dudó.Bella fingió sentirse ofendida y sus ojos se llenaron de lágrimas.—¿Es porque no soy suficiente? Sé que no puedo compararme con Sophia...Alexander pensó en todos los años que Bella sufrió y en los abusos que soportó por culpa del plan de Sophia.—Está bien. Vendrás conmigo.El banquete se celebró en el castillo ancestral Moretti.Los cinco Padrinos se sentaron a la mesa. En el centro descansaba un pergamino valioso que contenía el acuerdo de armisticio.Las negociaciones avanzaron sin problemas.Apoyándose en sus años de experiencia y en su prestigio
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