LOGINPOV SAMANTHA
Inmediatamente después de que ambos hombres colapsaran exhaustos en la lona, Ronald y los demás chicos me ayudaron a subir a Dominic a la oficina del segundo piso. Estaba hecho polvo, pero conociendo a mi hermano, sabía que en el fondo había disfrutado cada segundo de esa carnicería.
Le limpié la sangre del rostro y desinfecté sus cortes con cuidado. Dominic me miró con sus ojos hinchados y me tomó de la mano, poniéndose serio.
—Ese tipo te mira como si quisiera devorarte viva, Sam —me advirtió con voz débil—. No quiero esa clase de problemas en nuestro gimnasio, y mucho menos cerca de ti. Prométeme que no te le vas a acercar.
No quise contradecirlo para no alterar su recuperación. Lo besé en loslabios, lo abracé por los hombros y me recosté a su lado en el viejo sofá de la oficina. Dom me rodeó con sus brazos pesados, apoyando su rostro herido contra la curva de mi cuello. Me quedé inmóvil, disfrutando de su calor, hasta que sentí que su respiración se volvía acompasada y profunda, señal de que se había quedado profundamente dormido por el desgaste.
Me despegué de él con extremo sigilo y bajé las escaleras hacia el área principal del gimnasio. Mi mente indecisa no paraba de dar vueltas. Quería averiguar algo, lo que fuera, sobre el misterioso millonario. El documento que había llenado en la recepción para inscribirse en el gimnasio estaba a nombre de un tal "Alastor Ryder", pero mi intuición me decía que ese no era su nombre completo o que escondía algo grande. Sus técnicas en el ring no eran de un boxeador de club; eran callejeras, sucias, letales, modificadas por una experiencia real en situaciones de vida o muerte. Y yo quería aprender ese estilo de pelea. Me reprendí a mí misma de inmediato por mis pensamientos, pero es que el combate era lo único en este mundo que de verdad me apasionaba y me hacía sentir viva
Caminé hacia las duchas del fondo buscando mi bolso de entrenamiento. Para mi sorpresa, escuché un respirar pesado en el vestidor masculino. Me asomé con sigilo.
Allí estaba Alastor, sentado en una banca de madera. Estaba totalmente desnudo, con una sola toalla blanca sobre el regazo que apenas cubría su virilidad. Sus músculos masivos se expandían con cada respiración, revelando el tatuaje de un lobo salvaje en su hombro izquierdo, idéntico al que yo llevaba en el abdomen, pero más agresivo, salvaje y territorial.
Me acerqué fascinada, rozando el aire con los dedos, pero subestimé sus instintos. Alastor abrió sus ojos grises de golpe y me atrapó la muñeca. Al dar un tirón para liberarme, resbalé en un charco de agua. Sabía que me daría un golpe espantoso contra el suelo de cemento, pero el tipo reaccionó a la velocidad de la luz.
Soltó mi muñeca, se lanzó hacia adelante y me atrapó firmemente de la cintura con ambas manos. Debido a la inercia y al peso de su propio cuerpo, me llevó directo contra la pared del fondo, estampándome de espaldas contra los fríos azulejos. Aunque noté el sutil detalle de que colocó sus propios brazos detrás de mi espalda para amortiguar el impacto, la fuerza del choque me sacó todo el aire de los pulmones. Me quedé jadeando, atrapada entre el muro y su imponente torso de metro noventa. Sus manos seguían firmes en mi cintura, acorralándome.
Fue en ese instante de absoluto silencio cuando empecé a sentir algo caliente, pesado y extremadamente duro presionando directo contra mi estómago.
Bajé la vista con el corazón desbocado. Con el forcejeo del movimiento, la toalla de Alastor había volado hacia alguna parte del suelo, dejándolo total y completamente desnudo frente a mí. Debido a la extrema cercanía de nuestros cuerpos, su miembro erecto había quedado aplastado contra mi abdomen plano. Al parecer, la proximidad y el contacto físico lo habían puesto duro como el acero en cuestión de segundos.
Mi curiosidad por la inexperiencia con el sexo opuesto pudo más que mi sentido común. En lugar de apartarlo de un empujón, me quedé completamente inmóvil, reparando su anatomía con una calma pecaminosa, sin darme cuenta de que sus ojos grises tormentosos estaban fijos en mi rostro, analizándo cada facción. Mientras lo observaba, vi claramente cómo de la punta de su polla comenzaban a brotar unas gotas densas y brillantes de fluido. Alastor se movió de forma sugerente, frotando su dureza contra mi abdomen en un vaivén lento, haciendo que esas gotas de precum quedaran esparcidas justo sobre la tinta de mi tatuaje de lobo. Sentí un escalofrío eléctrico recorrer el bajo vientre. Quise estirar los dedos para tocarlas, para conocer su textura húmeda sobre mi piel, pero él fue mucho más rápido.
Se tomó el falo con su mano callosa desde la base, acomodándolo de tal forma que quedara en una posición mucho más directa contra mi piel, y dio un golpe firme y seco hacia adelante, frotándose contra mí.
Entré en una especie de trance hipnótico. Podía sentir perfectamente su peso descomunal, el grosor y el calor de su miembro latiendo contra mi abdomen. Mi mente inexperta comenzó a divagar en cómo demonios se sentiría sostener algo de ese calibre entre mis manos. Alastor estiró los dedos de su mano libre y me agarró con firmeza del mentón, obligándome a levantar la cabeza para clavar sus ojos gélidos en los míos. Su voz sonó como un rugido ronco y posesivo que me erizó los vellos de la nuca:
—Si lo quieres, Sam... es todo tuyo.Cuando vi que tomaba mi mano con la clara intención de guiar mis dedos hacia su polla, la alarma del sentido común finalmente saltó en mi cabeza, sacándome del trance. Lo empujé con todas mis fuerzas por el pecho, y me alejé tres pasos hacia la salida del pasillo, intentando regular mi respiración interna.
—Cuando se vista, necesito que hablemos —le espeté con toda la altivez que pude reunir, cruzándome de brazos—. Estaré afuera, en el área de recepción. No se demore.POV ALASTOR
Me vestí a toda prisa con el traje de sastre, tratando de aplacar la frustración de tener la polla a punto de estallar. Cuando salí a la recepción, Al verme aparecer, Samantha pareció torcer el gesto con fastidio y altivez, intentando ocultar el sonrojo que aún manchaba sus mejillas.
Me acerqué a ella, plantándome firmemente con los brazos cruzados sobre el pecho.
—Soy todo oídos, Sam —le dije con tono burlón, barriendo su silueta con la mirada—. Habla rápido, porque mi paciencia cotiza caro esta mañana.Samantha me sostuvo la mirada almendrada, irguiendo los hombros con orgullo.
—Quiero que entrenes conmigo —soltó de golpe, sin anestesia ni rodeos—. Vi cómo peleaste con mi Dom. Tienes un estilo sucio, técnico y una resistencia que no he visto en nadie más en esta ciudad. Quiero que seas mi entrenador personal de combate.Alcé una ceja, genuinamente sorprendido por su propuesta, pero la ironía de la situación me hizo sonreír de lado con malicia. ¿Su novio me rompe las costillas y ella viene a pedirme que la entrene? El Marine se va a pegar un tiro cuando lo sepa, pensé.
—¿Ah, sí? —la provoqué, dando un paso al frente—. ¿Y cuándo se supone que el "viejo del traje caro" deba empezar a darte clases, pequeña fiera?Samantha me barrió el cuerpo con la mirada, deteniéndose un segundo en mi entrepierna antes de volver a mis ojos. Apresó sus labios en una línea tentadora y se acercó a mi oreja, devolviéndome el susurro con una audacia que me dejó paralizado:
—Eso depende de qué tan buen maestro resultes ser, viejo.
Estaba a punto de atraparla por la cintura para cobrarme ese atrevimiento en sus labios ahí mismo, cuando de repente...
¡CLAC!
El sonido de una palmada seca resonó. Dominic había nalgueado a su novia ante mis propios ojos para abrazarla desde atrás y marcar territorio en mi presencia. La pegó totalmente a él y le dijo, mientras envolvía sus brazos en su cintura:
—Cariño, ya vámonos a casa. Quiero abrazarte y que me cuides mientras duermo. Dame un beso aquí para que deje de doler el labio partido.Le besó la mejilla y él la apretó contra su pecho antes de soltarla. Sentí unos celos enfermos y posesivos, una furia criminal que me congestionó el rostro. Pero cuando iba a reventarle la madre a este imbécil, ella le dijo:
—Espérame afuera, Dom. Voy por tus analgésicos a la oficina.Cuando nos quedamos solos en el pasillo, él se plantó frente a mí, me clavó una mirada de guerra y me espetó con una fijeza asesina:
—Ni te atrevas a mirar en su dirección. Ella es solo mía.Sonrió socarronamente y salió hacia la calle. Iba saliendo la pequeña máquina detrás de él cuando la intercepté en la recepción, decidido en mi mente a hacerla venir tantas veces en sus bragas como fuera posible al iniciar su entrenamiento para que olvidara al Marine de pacotilla.
—¿Cuándo iniciamos?—El próximo sábado —respondió de inmediato, cruzándose de brazos—. Eso te dará el tiempo suficiente para curar las heridas de hoy y no empeorarlas en el ring. No quiero que tu falta de condición sea una excusa para que no me aguantes el ritmo.
Solté una carcajada limpia que me hizo doler el costado resentido. Su boca altanera me fascinaba cada vez más. Di otro paso, invadiendo su distancia hasta que su tierno aroma a vainilla volvió a mezclarse con mi respiración. Me incliné ligeramente hacia ella, bajando la voz a un tono peligrosamente íntimo.
—Eres sumamente lista para hacer exigencias, Sam. Pero en mi mundo, nada es gratis. Ya viste lo que valen mis minutos. Así que dime... ¿qué voy a recibir yo a cambio de entrenarte? ¿Qué estás dispuesta a darme por mi tiempo?Samantha se me quedó mirando fijamente. Sus labios se apretaron en una línea firme y sus ojos brillaron con una mezcla de indecisión y orgullo altivo. Me barrió el cuerpo con la mirada, deteniéndose un segundo en mi entrepierna antes de volver a mis ojos grises, pero guardó un silencio absoluto. No me respondió una sola palabra. Se limitó a darme la espalda con una sonrisa misteriosa y caminó hacia la salida del gimnasio, dejándome solo en la recepción con la duda quemándome las entrañas.
Sonreí para mis adentros mientras la veía alejarse por el pasillo hacia la salida, con mi miembro pulsando bajo el pantalón. No me importaba su silencio ni su arrogancia. El próximo sábado iniciaría nuestro trato perfecto, y yo me encargaría personalmente de cobrarme cada maldito segundo de sus provocaciones directamente en su piel trigueña, al entrar a su lona. Samantha no lo sabía, pero acababa de firmar su sentencia con ese entrenamiento en su ring.
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POV SAMANTHAEstaba totalmente descolocada. En mi día a día, yo presumía de que nada me afectaba; era una mujer tosca, ruda, blindada contra las emociones vainilla. Pero escuchar de la boca de ese mafioso las palabras exactas que yo misma había repetido en mis fantasías secretas... maldición, eso me descolocó por completo. Me hizo evocar de inmediato el recuerdo de mi tan querido, sabio y protector abuelo. Había terminado el entrenamiento incluso antes de lo previsto, huyendo de la lona caliente del cuadrilátero, pero es que el viejo sexy se había ensañado conmigo.Me dejó una marca. Una marca violenta, enorme y algo grotesca que me palpitaba con fuerza justo en la base del cuello, encima de la clavícula. Ahora tendría que inventarle una soberana mentira a Dominic de cómo me la había hecho entrenando en su ausencia. Técnicamente no era
POV ALASTOR“Solo los obtiene quien de verdad se merece mi amor incondicional”.Sus palabras me entraron como un puñal de hielo directo en el cerebro y desataron un cortocircuito de pura locura y rabia celosa en mi sistema. Mi mente, ya distorsionada por los informes de la relación abierta, viajó en un milisegundo hacia las imágenes que había presenciado en este mismo gimnasio: Samantha saltando a la cintura de Dominic, enredando sus muslos en su torso y estampándole un beso efusivo en los labios cada vez que lo veía llegar. Recordé la familiaridad con la que se besaban en la boca frente a todos.¿A ese maldito Marine sí le entregaba sus besos sagrados e incondicionales mientras a mí me trataba como a un simple desahogo deportivo? La bilis me inundó la garganta, nublándome la razón por completo. La ira obsesiva me consumió. Si no podía tener su boca, me iba a encargar de dejar mi marca grabada a fuego en su piel para que ese soldado sup
POV SAMANTHAEl agarre de sus manos grandes sobre mi cintura me dejó sin aliento por un segundo. Sentir la rigidez masiva de su miembro golpeando directo contra mi vientre me provocó un escalofrío eléctrico que me humedeció las bragas de inmediato. Alastor soltó una sonrisa oscura, me soltó con un movimiento fluido y subió al cuadrilátero pasando por debajo de las cuerdas.Me quité los tenis, subí descalza a la lona y me planté en el centro del ring, mirándolo de frente. No teníamos guantes, ni referí, ni temporizador que nos salvara. Esto iba a ser un combate de supervivencia pura.—Muéstrame de qué estás hecha, pequeña máquina —me retó Alastor, adoptando una postura de combate callejera baja y peligrosa, con los ojos grises completamente dilatados por la excitación.Me lanc
POV ALASTOREl sábado por la mañana amaneció gris y frío, con una neblina densa cubriendo los muelles americanos. Gracias a mis discretas conexiones en los altos mandos militares, me había asegurado de que el sargento a cargo enviara al maldito Dominic a una supuesta comisión obligatoria de patrullaje fronterizo de cuarenta y ocho horas. El Marine estaba a cientos de kilómetros de distancia, metido en el lodo con su uniforme, creyendo que cumplía con su deber patrio, mientras me dejaba el territorio completamente limpio.Llegué al gimnasio a las 5:45 de la am. Aparqué la camioneta en la penumbra del callejón trasero, apagué el motor y me quedé en silencio, observando a través de los cristales empañados. La puerta trasera del almacén estaba entreabierta y una luz tenue iluminaba el asfalto húmedo del exterior.Pronto, Samantha apareció por el umbral.Me acomodé en el asiento de cuero, cruzándome de brazos, con los ojos grises fijos en su s
POV ALASTOREstaba volviéndome completamente loco. Cuando regresé al hotel, no podía creer la sarta de estupideces que había redactado en esa maldita nota. Me sentía como un puto arrastrado, un hombre sin dignidad siguiendo un rastro de migajas invisibles, actuando como un hambriento mocoso de preparatoria que persigue a la chica bonita del salón. Pero era la puta verdad. Quería invitarla a cenar a un restaurante exclusivo de la ciudad, arrastrarla luego a mi penthouse y despojarla de ese vestido frente al ventanal de la ciudad... Paré la dirección de mis pensamientos en seco, soltando un gruñido; si seguía visualizando su silueta de esa manera, me iba a empalmar de forma brutal otra vez en mitad del día.Solo esperaba con una ansiedad enferma que llegara el maldito sábado por la mañana. Entre las tediosas reuniones por pantalla con mis hombres en
POV SAMANTHA]El viernes al mediodía, el calor del asfalto americano se sentía denso en el ambiente del distrito. Cuando Dominic y yo hicimos una breve pausa del entrenamiento matutino en la lona y fuimos a almorzar a la casa familiar, mamá nos recibió en el umbral con una sonrisa curiosa de oreja a oreja. Se limpió las manos en su delantal de cocina y me informó, con un tono lleno de intriga, que hacía un par de horas habían llegado varias cajas grandes de mensajería privada a mi nombre, entregadas por un transportista de traje oscuro. En las últimas semanas, intentando buscar un desfogue para mi mente inquieta, me había interesado de forma repentina por la arquitectura y la construcción de maquetas a pequeña escala. Ya les había advertido que mi indecisión crónica y mi falta de rumbo sentimental no me dejaban tener un destino fijo en la vida; saltaba de la enfermería a las lenguas modernas con una facilidad ridícula. Así que, con esa idea en mente, asumí de







