INICIAR SESIÓNEmily no dejaba de estar nerviosa. Le parecía mentira todo lo que estaba pasando y, aunque se repetía que era tan real como el aire que respiraba, estar sentada en ese momento junto a Ethan se sentía surrealista. Por más que lo intentara, nada parecía encajar en su cabeza. Su corazón latía tan rápido que le dolía el pecho, y la sensación le recorría los brazos y la espalda.
No dejaba de frotar sus manos contra sus jeans. Las palmas le sudaban como nunca antes, y cada movimiento hacía más evidente su inquietud. Sabía que estaba mal tener sentimientos por ese hombre, sabía que era un error absoluto, pero el corazón no era obediente. No con Ethan. No con la manera en que él respiraba, hablaba o la miraba sin darse cuenta.
—¿Te duele separarte de Dahia? —pregunté con la voz más suave y clara que tenía, porque los nervios me estaban traicionando y no sabía si podría sostener esa pregunta sin temblar.
Me odié al instante.
¿Por qué había dicho eso?
—Por favor, dime la verdad y no me mientas —agregué, intentando sonar firme, aunque por dentro estaba suplicando no escuchar una respuesta que me destruyera.
Escuché el suspiro que soltó Ethan, largo y cargado de una melancolía que me heló la sangre. En ese momento sentí que todo estaba perdido. Era obvio que no iba a hablar conmigo sobre algo tan doloroso. Claro que no lo haría. ¿Quién era yo para pedirle eso?
Pero para mi sorpresa, lo hizo.
—No te mentiré, Emily. Sí me ha dolido… y me está matando por dentro —confesó con una honestidad cruda—. Porque de verdad la amaba. Pero la traición es algo que no perdono.
No pude evitar mirarlo. Todo mi cuerpo se tensó, mis ojos se quedaron fijos en él, buscando alguna contradicción que me permitiera respirar. Pero lo que vi en su mirada no me gustó para nada: detrás de esa dureza y esa determinación había un hombre roto, un hombre que todavía amaba, que aún no sabía cómo dejar de hacerlo.
—De verdad hice todo, hasta lo imposible, para hacerla feliz. Para que fuera la mujer más valorada del mundo. Pero al parecer… —Ethan apretó las manos con frustración— solo soy un pobretón que no puede darle la vida que merece.
Cuando dijo eso, volteó a mirarme. Y su mirada se encontró con mis ojos llenos de lágrimas que no pude contener. Vi cómo su expresión cambiaba un segundo, como si acabara de golpearse a sí mismo en su interior. Hasta ese instante entendió mis sentimientos, algo que tal vez había preferido no ver. Pero no podía hacer nada. Solo decir la verdad.
—¿De verdad te vas a divorciar? —pregunté temerosa, aunque ya sabía la respuesta.
—Claro que sí. Ella ya eligió. Aunque la ame, la traición no es algo que pueda perdonar. Quise ponerla a prueba un tiempo… pensé que de verdad me amaba. Pero ahora sé que este matrimonio solo fue una burla para ella.
Sus palabras me atravesaron. No debería dolerme algo que no era mío, pero dolió. Él la amaba. Y yo… ¿qué podía competir con eso? Nada. Absolutamente nada.
El silencio se apoderó del auto. Ethan se quedó mirando algún punto perdido más allá de la carretera, recordando a Dahia, perdiéndose en recuerdos que no me pertenecían. Yo estaba a su lado, sentada, encorvada sin darme cuenta, dejando que mi cabello cayera sobre mi rostro como un escudo inútil.
Él notó mi postura. Notó que había dicho demasiado. Emily no tenía la culpa de nada.
—Lo siento, Emily… sabes que a veces soy muy directo —murmuró.
Y sí, no mentía. Ese era su modo de ser. Un pequeño error de cálculo, como él mismo pensaría, fue creer que Dahia podía ser diferente. Cuando el recuerdo de lo que vio en aquella habitación volvió a su mente, sus puños se apretaron con fuerza.
Yo noté cómo tensaba los nudillos, blancos de la presión. Sin pensarlo, llevé mis dedos sobre su mano, tocándola con suavidad.
—Te puedes hacer daño… —murmuré.
Esa voz que usé… incluso a mí me sorprendió. Pero para Ethan, sonó como una melodía inesperada. Y se relajó.
…
Mientras tanto, en la otra casa, Dahia estaba con Lourdes, esperando que Dael enviara a algunos ayudantes para ellas.
—Hija, por fin vamos a vivir como dignas mujeres de la alta sociedad —dijo Lourdes, más entusiasmada que su propia hija. Siempre había querido ese estilo de vida, uno que su propio marido no le pudo dar. Axel tenía un pequeño negocio, nada despreciable, pero insuficiente para una mujer como ella.
Porque Lourdes sí lo amó… al menos a su manera torpe y posesiva. Pero no pudo enamorarlo. Nunca lo logró.
Cuando Axel conoció a Emma, supo que todo estaba perdido. Se enamoró de ella perdidamente, con una fuerza que Lourdes nunca pudo igualar. La vida los separó un par de años, pero ni el tiempo ni la distancia hicieron que Axel olvidara a la mujer que amó.
Un día, sin decirle nada a nadie, tomó un vuelo a Colombia. Fue a buscar a Emma. Y cuando la encontró, supo que jamás podría vivir sin ella. Lourdes vio todo ese amor transformarse lentamente en odio. Un odio que sangraba cada vez que veía a Emma.
Y cuando se enteró del embarazo de Emma, su rabia se desbordó. Hizo lo imposible por arruinarlo, por hacerla perder al bebé. Pero nunca tuvo oportunidad. Ella y Axel tuvieron a la niña en Colombia, y Lourdes solo pudo observar desde lejos cómo se formaba la familia que siempre quiso para sí misma.
El odio no se detuvo. Pero el amor que sentía por Axel tampoco. Una mezcla tan tóxica que la devoró por dentro.
Con el tiempo, Axel y Emma se casaron por lo civil. Lourdes no fue invitada, por supuesto. Y hacía apenas poco tiempo, habían tenido su boda por la iglesia. Un golpe más que ella no pudo evitar sentir como una puñalada.
Pero ahora… todo cambiaría.
A pesar de tener 46 años, había conservado un cuerpo atractivo y un cutis envidiable. Aunque en el fondo sabía que Emma siempre sería más hermosa. Ese cabello negro, largo y ondulado… esos ojos marrones profundos, las pestañas largas, la piel trigueña y sedosa… Emma era todo lo que Lourdes jamás sería.
Ella, rubia, de ojos azules y piel tan blanca como la leche, nunca había conseguido captar por completo la atención de Axel, a quien siempre le gustaron las mujeres de piel morena. Y eso la carcomía.
—¿Mamá, estás bien? —preguntó Dahia, sacándola de sus pensamientos.
—Estoy bien, hija. Solo pienso que por fin podremos hacer lo que queramos sin escatimar en gastos —respondió Lourdes, mirando a Dahia mientras cerraba la maleta y colocaba encima el último vestido de marca que tenía.
Estando con Ethan, Dahia había tenido que ahorrar hasta tres meses del sueldo del “pobretón”, como lo llamaba, para comprarse algo decente.
—Así es, mamá. Con Dael nos irá bien —respondió Dahia con una sonrisa triunfante.
Lourdes se acercó a ella con expresión seria.
—Ahora lo próximo que debes hacer es dejar de tomar los anticonceptivos y embarazarte de él inmediatamente. No vaya a salir con cuentos y quiera dejarte. Tienes que atraparlo y casarte con él.
Dahia se quedó pálida.
—Mamá… pero no quiero dañar mi cuerpo con un hijo —dijo con repulsión.
Lourdes golpeó la mesa de noche con fuerza.
—¡Cállate y no digas estupideces! Haz lo que te digo. Tenemos que asegurar un lugar en la familia Jones.
Dahia tragó saliva, apretó las manos y bajó la cabeza.
No dijo nada.
Después de la mágica boda y una inolvidable luna de miel, Ethan y Emily regresaron a casa llenos de felicidad y recuerdos. Estaban listos para comenzar una nueva etapa en sus vidas, sabiendo que enfrentarían desafíos y momentos difíciles, pero seguros de que su amor los ayudaría a superar cualquier obstáculo. Al regresar a casa, Ethan y Emily se dedicaron a transformar su hogar en un espacio lleno de amor y comodidad. Decoraron su casa con detalles personales, fotografías de momentos especiales y elementos que reflejaban su estilo y personalidad. Una tarde, mientras desempacaban sus maletas y organizaban su hogar, Ethan encontró una caja llena de fotos de la boda y la luna de miel. Decidió hacer un álbum de recuerdos para que siempre pudieran recordar esos momentos especiales. —Emily, quiero que tengamos un álbum de recuerdos de nuestra boda y luna de miel. Así siempre podremos revivir estos momentos especiales —dijo Ethan, mientras organizaba las fotos en la mesa. —Ethan, es una i
Con cada detalle de la boda planificado y la emoción del proceso de preparación, Ethan y Emily estaban listos para celebrar su amor rodeados de sus seres queridos. Habían trabajado juntos para crear un día que reflejara la profundidad de su relación y el compromiso que compartían. Ahora, con la fecha de la boda finalmente aquí, estaban ansiosos por vivir el día más feliz de sus vidas.La mañana de la boda, Ethan y Emily se despertaron con una mezcla de emociones. Estaban emocionados, nerviosos y llenos de amor mientras se preparaban para su gran día.Emily se reunió con su madre, Emma, y su mejor amiga, Valeria, en la suite nupcial del viñedo. El ambiente estaba lleno de risas y emoción mientras se preparaban.—Emily, hoy es tu gran día. Estoy tan feliz por ti y emocionada de ver lo hermosa que te verás como novia —dijo Emma, con lágrimas de felicidad en sus ojos mientras ayudaba a Emily a vestirse.—Gracias, mamá. Estoy tan emocionada y un poco nerviosa, pero sé que este será el día
Con el lugar de la boda elegido y la emoción del proceso de planificación, Ethan y Emily se sumergieron en los detalles de su gran día. Querían asegurarse de que cada aspecto de la boda reflejara su amor y personalidad, y estaban emocionados por compartir estos momentos especiales con sus seres queridos.Uno de los momentos más emocionantes para Emily fue la elección de su vestido de novia. Con la ayuda de su madre, Emma, y su mejor amiga, Valeria, visitó varias tiendas de novias en busca del vestido perfecto.—Emily, estoy tan emocionada por ayudarte a encontrar tu vestido de novia. Este es un momento especial y quiero que te sientas como una princesa en tu gran día —dijo Emma, con una sonrisa mientras entraban a una tienda de novias.—Gracias, mamá. Estoy emocionada por encontrar el vestido perfecto. Quiero que sea elegante y mágico, algo que refleje nuestro amor —respondió Emily, con voz llena de emoción.En la tienda, Emily se probó varios vestidos, cada uno con su propio encanto
Con la propuesta de matrimonio y las bendiciones de sus familias aún frescas en sus corazones, Ethan y Emily comenzaron a planificar su boda. Querían que su gran día fuera especial, lleno de amor y magia, y reflejara la profundidad de su relación. Sabían que la planificación no siempre sería fácil, pero estaban decididos a disfrutar cada momento del proceso.El primer paso en la planificación de su boda era encontrar el lugar perfecto. Ethan y Emily querían un lugar que capturara la esencia de su amor y creara un ambiente romántico y mágico para su ceremonia y recepción.Un fin de semana, decidieron visitar varios lugares, incluyendo jardines botánicos, viñedos y fincas históricas. Querían asegurarse de que el lugar que eligieran fuera perfecto en todos los aspectos.—Amor, quiero que nuestro lugar de boda sea especial y tenga una belleza natural que lo haga único. Me encanta la idea de casarnos al aire libre, rodeados de naturaleza —dijo Emily, con una sonrisa mientras conducían haci
Tras la mágica propuesta de matrimonio en el jardín botánico, Ethan y Emily estaban llenos de alegría y emoción. Sus padres y abuelos habían sido parte de ese momento especial, y ahora querían compartir más de esa felicidad con sus seres queridos. Decidieron organizar una cena íntima para celebrar el compromiso y recibir oficialmente las bendiciones de todos los presentes.Ethan y Emily querían que la cena fuera perfecta y reflejara la magia del momento de la propuesta. Decidieron recrear el ambiente del jardín botánico en su hogar, decorando con luces, velas y flores.—Amor, estoy tan emocionada por esta cena. Quiero que sea una noche especial para todos —dijo Emily, con una sonrisa mientras arreglaba las flores en la mesa.—Sí, cariño. Será una noche inolvidable. Estoy seguro de que nuestras familias disfrutarán cada momento —respondió Ethan, con voz llena de amor.Prepararon una deliciosa cena con la ayuda de sus padres. El menú incluía platos que eran especiales para ellos, llenos
La vida de Ethan y Emily estaba llena de amor, felicidad y nuevas aventuras. Después de haber superado muchos desafíos juntos, Ethan decidió que era el momento perfecto para dar el siguiente paso en su relación. Quería proponerle matrimonio a Emily y sabía que tenía que ser una ocasión especial y memorable. Ethan comenzó a planear la propuesta de matrimonio en secreto, con la ayuda de sus amigos y familiares. Quería que fuera una sorpresa perfecta para Emily, llena de emociones y magia. —Nikolay, necesito tu ayuda para planificar la propuesta. Quiero que sea algo especial y mágico para Emily —dijo Ethan, con una chispa de emoción en sus ojos. Nikolay sonrió, encantado de ser parte de este momento especial. —Por supuesto, Ethan. Estaré encantado de ayudarte. ¿Qué tienes en mente? —respondió Nikolay, con entusiasmo. Ethan compartió su visión de una propuesta de cuento de hadas en un lugar mágico y romántico. Quería que todo fuera perfecto y que Emily se sintiera como una prince







