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Capítulo 6

Author: Saraí Fuentes
—¿Qué hay dentro de esa capilla de la que hablan?

***

Presa del pánico, forcejeé desesperadamente contra las correas e intenté incorporarme, como si así pudiera impedir que el policía siguiera preguntando.

—¡No hay nada! ¡Dejen de investigar! Yo misma inventé todo esto. Pueden considerarme una loca si quieren.

El agente frunció el ceño.

—El equipo médico y psiquiátrico ya te hizo una evaluación completa. Los especialistas aseguran que estás consciente, orientada y en condiciones de declarar. No
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    Era el mismo muchacho que aparecía en el video.Me quedé atónita. Mi padre había dicho que estaba muerto. Entonces, ¿qué hacía en aquel hospital?Mi mente estaba tan embotada que intentar pensar con claridad me provocaba mareos y náuseas. Sin embargo, una sola idea no dejaba de darme vueltas: Luis seguía vivo. No podía dormir ni comer.Una noche, aprovechando un momento en que el pasillo había quedado sin vigilancia, me escabullí hasta el pabellón masculino y fui a buscarlo. Él tampoco dormía.Cuando me vio, no pareció sorprendido.—Por fin viniste. Durante años fingí estar completamente aturdido por la medicación. Los médicos creían que el tratamiento me había dejado prácticamente incapacitado, y eso era lo que le informaban a tu padre. Por eso nunca imaginó que yo pudiera hablar contigo.Lo miré sin comprender.—Mi padre dijo que habías muerto. ¿Cómo es que sigues vivo?Luis hizo un gesto para pedirme silencio y me llevó hasta una pequeña habitación situada en una esquina del pasillo

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    Tras un silencio sepulcral, todos empezaron a exigir que mi padre me sacara de allí cuanto antes.Comprendí que nadie iba a ayudarme.***En lugar de llevarme al hospital como habían asegurado ante los transeúntes, me llevaron de vuelta al pueblo y quisieron encerrarme otra vez en la pocilga. No me resistí, pero hice una petición.—Déjenme ver una vez más lo que hay dentro de la capilla. Después podrán hacer conmigo lo que quieran.Intercambiaron miradas y aceptaron.Al encender las luces de la capilla, quedó al descubierto un moderno sistema de vigilancia. Una de las pantallas mostraba la señal de una cámara instalada en mi habitación.Mi padre ajustó el equipo, buscó una grabación antigua y la reprodujo.En la pantalla, yo estaba acostada en la cama junto a un muchacho y parecía dormida. Cuando él se quedó profundamente dormido, salí a escondidas. Regresé media hora después llevando un cerdo y empecé a abusar sexualmente del animal.El muchacho despertó en mitad de la noche, vio lo q

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    —¿Qué hay dentro de esa capilla de la que hablan?***Presa del pánico, forcejeé desesperadamente contra las correas e intenté incorporarme, como si así pudiera impedir que el policía siguiera preguntando.—¡No hay nada! ¡Dejen de investigar! Yo misma inventé todo esto. Pueden considerarme una loca si quieren.El agente frunció el ceño.—El equipo médico y psiquiátrico ya te hizo una evaluación completa. Los especialistas aseguran que estás consciente, orientada y en condiciones de declarar. No encontraron indicios de confusión aguda ni de pérdida de contacto con la realidad. Además, tu cuerpo presenta lesiones antiguas y recientes compatibles con años de maltrato. Creemos que alguien te está obligando a mentir.Me esforcé por encontrar una forma de disipar sus sospechas.—Yo… lo hice a propósito. Odio a mi padre y me provoqué todas esas heridas para incriminarlo. Todo lo que denuncié era mentira. No sigan investigando.Mi actitud solo aumentó sus sospechas.Varias semanas después, cua

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    No podía creer lo que tenía delante. Me froté los ojos una y otra vez, pero aquellas imágenes seguían allí.Mi padre empezó a golpearme otra vez y mi abuelo se sumó. Esta vez no intenté esquivarlos. Dejé que me golpearan.—Mátenme. Es verdad que no merezco vivir ni que nadie me quiera.Cerré los ojos, consumida por la desesperación.Al principio me golpearon con los puños; después comenzaron a usar toda clase de objetos.—Deberías haber muerto hace mucho. ¿Por qué sigues viva? Deberías matarte tú misma para que nosotros no carguemos con la culpa.Tenían razón. Si acababa con mi propia vida, dejaría de perjudicar a los demás.Pensándolo así, me incorporé lentamente.—Voy a suicidarme. Déjenme salir.Me miraron con desconfianza.—¿No estarás buscando una oportunidad para escapar? Ni lo sueñes. Todo el pueblo nos ayuda a vigilarte. Vayas adonde vayas, te traeremos de vuelta.Mi padre añadió:—Exacto. Y en cuanto desaparezcas, llamaremos a la policía. Ellos te encontrarán.Los miré con cal

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    —Es una tradición de nuestro pueblo. Ella aceptó por voluntad propia llevar a esos hombres a rezar. Lo que ocurrió después estaba fuera de nuestro control. Todo fue cosa del destino.Claudia Huerta, mi mejor amiga, llegó poco después de la policía. Al ver mis heridas, estuvo a punto de estallar de rabia. Se lanzó sobre mi padre y lo agarró del cuello de la camisa.—¡Es tu hija! ¿Cómo pudiste golpearla así? ¿No dices que en este pueblo la familia y las tradiciones lo son todo? Después de tratarla así, ¿todavía esperas que esté a tu lado cuando seas viejo o que algún día vaya siquiera a tu funeral? ¡Maldito desgraciado! Si no querías una hija, no debiste obligarla a volver una y otra vez para luego tratarla como si no fuera humana. ¡Eres una basura!Al igual que yo, Claudia no entendía aquella contradicción: mi padre quería matarme, pero al mismo tiempo se negaba a dejarme marchar.Los agentes también insistieron en preguntarle la razón.Mi padre soltó una risa fría.—Si quieren saberla,

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