LOGINTariqSolté por fin la muñeca de Ely, pero ella fue directa hacia la puerta antes de que yo empujara la madera para volverla a cerrar.—No saldrás de aquí hasta que solucionemos esto.—¿Pretendes encerrarme si me niego? Me trajiste a rastras, Tariq. —Se volvió y me mostró las marcas que mis dedos le habían dejado en la piel—. Mira lo que hiciste.—Lo siento por eso. Pero eso que dices, no…Intenté tomarle la mano para examinarla, pero Ely se soltó con rapidez y se plantó frente a mí con un ímpetu que no esperaba. Me recordó a una gata de arena frente a una víbora. No parecía dispuesta a retroceder aunque lo que tuviera delante fuera más grande o más fuerte, y casi sonreí.Al enderezarme, el suelo tardó un instante en acomodarse bajo mis pies y tuve que apoyar una mano en la pared. Media hora de camino no había borrado el alcohol ni la imagen de Faisal delante de ella, como si tuviera algún derecho de actuar como su salvador.—Solo quiero que me mires y me digas por qué dejaste que se
ElyMis tacones resonaban casi tanto como mi corazón mientras me alejaba de Tariq, y esa pequeñez absurda me sostuvo mejor que el orgullo. Miré al frente, sin volverme ni una vez, porque si lo veía todavía en la entrada podía cometer la estupidez de seguir discutiendo, y eso ya no servía para nada.Faisal me esperaba junto al auto sin ninguna expresión en el rostro. Tampoco preguntó, y lo agradecí, porque no estaba segura de poder hablar sin echarme a llorar. Estaba furiosa, cansada y demasiado dolida. Casi arrepentida de haber venido para demostrarle a Tariq que no podía hacerme más daño, cuando lo único que conseguí fue que me mirara como si todo esto le doliera igual que a mí. Y no podía ser así. —Como la sorpresa del restaurante falló, iremos a una fiesta privada —dijo Faisal después de ponerse al volante. Cuando no respondí, agregó—: No es el acto principal de palacio, pero habrá suficientes ojos para que todo el mundo sepa que estuviste ahí.—¿Y eso es bueno para mí? —pregunté
TariqEly se inclinó hacia el interior del auto y se quedó inmóvil al verme dentro, mientras dos hombres cargando cables cruzaban a sus espaldas hacia el palacete sin dejar de mirar.—Vaya, esto sí que es servicio personalizado. ¿Qué haces aquí?—Sube. Ven conmigo a la casa.—Ni siquiera un hola. Qué encanto. —Se ajustó el bolso al hombro y negó—. En serio, no puedo hacer esto ahora. Tengo que dormir un par de horas al menos, Tariq. —Lo harás. Eventualmente. Elevó las cejas y retrocedió cuando salí del auto antes de mirar a Khalid, que seguía apoyado contra el guardabarros.—No tienes vergüenza. —¿Y por qué debería avergonzarme de decir que he pasado noches en vela sin dejar de pensar en ti? Quiero olvidarme durante unas horas de todo.—Y después de despedirnos, volverás aquí. —La risa que soltó no tenía nada de gracia, pero sus ojos bajaron a mi boca un segundo antes de volver a subir.Ese descuido mínimo me tensó todo el cuerpo, porque debajo del cansancio, de la rabia y de la hu
ElyReem había sido atacada a menos de veinticuatro horas del anuncio de su compromiso y, para molestia de Marlén, mi primera reacción fue preocuparme por ella.Nos enteramos a primera hora, en la cafetería frente al edificio donde nos alojábamos. El personal y varios comensales hablaban de ello, e incluso nos mostraron un video de su auto y del área acordonada por policías y guardias de palacio, de su prometido, por supuesto.—No me mires así —dijo Marlén mientras se comía casi sin respirar un balalit y bebía su nueva adicción, té negro con cardamomo—. Esa mujer debe tener algún pacto con el de abajo para haber salido viva de eso.—No hables así. Ella tampoco tiene la culpa de lo que está pasando, te lo conté.—Sí, corazón de pollo, pero yo sigo pensando que la pobrecita Reem intentó matarte. Una sumisa jamás iría hasta la casa de su rival a plantarle cara, y esa mujer…Asentí mientras tomaba mi café.—Bueno, te haré caso. Dejaré de pensar en eso y me concentraré en la cita con Faisa
Tariq—Por supuesto —respondió Ely sin dudar—. Me encantaría ir a comer contigo.Faisal estaba demasiado cerca de ella y no retrocedió al verme en la puerta. Al contrario, lucía satisfecho de que hubiera llegado a tiempo para escuchar la respuesta.—Pero hoy no —añadió Ely antes de que él hablara de nuevo—. No he dormido bien estos días y mi prioridad es entregar el salón a tiempo para el compromiso de tu hermano. —Oh, puedo esperar a que descanses. —Faisal tomó la invitación que mi madre había insistido en distribuir y la lanzó sin cuidado sobre otros papeles—. Conozco un restaurante latino en Nura.—¿Estás jugando conmigo?—Me encantaría jugar contigo a muchas cosas —soltó Faisal como un imbécil, embelesado mirándola. Al imaginarla sonriéndole, avancé sin querer hacia ellos, con las entrañas ardiendo cuando él añadió:—Pero si te refieres a que te miento, tendrás que venir conmigo para comprobarlo. Con una risa suave, Ely asintió. Se volvió con la tableta en la mano para agradec
Ely—Si el emir sigue alimentándonos así, deberíamos retrasar el proyecto. —Brian abrió otra de las cajas que acababan de llevar al salón y el equipo celebró como si no llevara cuatro días trabajando a contrarreloj.—El mejor cliente que hemos tenido —añadió otro—. Paga a tiempo, no discute los cambios y manda comida. ¿Qué más se puede pedir?Que no se comprometiera con otra mujer, pensé, mientras revisaba el contenido de la caja más pequeña y apreté los labios al reconocer el machboos de cordero, especiado y jugoso, que me había hecho gemir de gusto durante aquella cena a solas en el palacete. Me había resistido a comer cualquier cosa que Tariq enviaba, pero esto era jugar sucio. Para ellos, era el mejor cliente del mundo, pero para mí era el hombre más cruel que había conocido.Y lo peor era que no conseguía odiarlo. Ni siquiera podía culparlo por completo, porque jamás me prometió que elegiría lo nuestro por encima de su familia o del emirato. Fui yo quien a hurtadillas de mí mis







