Beranda / Romance / El Secreto del Emir / 32. El precio del silencio

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32. El precio del silencio

Penulis: Mileth Pineda
last update Tanggal publikasi: 2026-09-15 14:22:02

Tariq

—Por supuesto —respondió Ely sin dudar—. Me encantaría ir a comer contigo.

Faisal estaba demasiado cerca de ella y no retrocedió al verme en la puerta. Al contrario, lucía satisfecho de que hubiera llegado a tiempo para escuchar la respuesta.

—Pero hoy no —añadió Ely antes de que él hablara de nuevo—. No he dormido bien estos días y mi prioridad es entregar el salón a tiempo para el compromiso de tu hermano.

—Oh, puedo esperar a que descanses. —Faisal tomó la invitación que mi madre habí
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  • El Secreto del Emir   34. A la vista de todos

    TariqEly se inclinó hacia el interior del auto y se quedó inmóvil al verme dentro, mientras dos hombres cargando cables cruzaban a sus espaldas hacia el palacete sin dejar de mirar.—Vaya, esto sí que es servicio personalizado. ¿Qué haces aquí?—Sube. Ven conmigo a la casa.—Ni siquiera un hola. Qué encanto. —Se ajustó el bolso al hombro y negó—. En serio, no puedo hacer esto ahora. Tengo que dormir un par de horas al menos, Tariq. —Lo harás. Eventualmente. Elevó las cejas y retrocedió cuando salí del auto antes de mirar a Khalid, que seguía apoyado contra el guardabarros.—No tienes vergüenza. —¿Y por qué debería avergonzarme de decir que he pasado noches en vela sin dejar de pensar en ti? Quiero olvidarme durante unas horas de todo.—Y después de despedirnos, volverás aquí. —La risa que soltó no tenía nada de gracia, pero sus ojos bajaron a mi boca un segundo antes de volver a subir.Ese descuido mínimo me tensó todo el cuerpo, porque debajo del cansancio, de la rabia y de la hu

  • El Secreto del Emir   33. Preparativos

    ElyReem había sido atacada a menos de veinticuatro horas del anuncio de su compromiso y, para molestia de Marlén, mi primera reacción fue preocuparme por ella.Nos enteramos a primera hora, en la cafetería frente al edificio donde nos alojábamos. El personal y varios comensales hablaban de ello, e incluso nos mostraron un video de su auto y del área acordonada por policías y guardias de palacio, de su prometido, por supuesto.—No me mires así —dijo Marlén mientras se comía casi sin respirar un balalit y bebía su nueva adicción, té negro con cardamomo—. Esa mujer debe tener algún pacto con el de abajo para haber salido viva de eso.—No hables así. Ella tampoco tiene la culpa de lo que está pasando, te lo conté.—Sí, corazón de pollo, pero yo sigo pensando que la pobrecita Reem intentó matarte. Una sumisa jamás iría hasta la casa de su rival a plantarle cara, y esa mujer…Asentí mientras tomaba mi café.—Bueno, te haré caso. Dejaré de pensar en eso y me concentraré en la cita con Faisa

  • El Secreto del Emir   32. El precio del silencio

    Tariq—Por supuesto —respondió Ely sin dudar—. Me encantaría ir a comer contigo.Faisal estaba demasiado cerca de ella y no retrocedió al verme en la puerta. Al contrario, lucía satisfecho de que hubiera llegado a tiempo para escuchar la respuesta.—Pero hoy no —añadió Ely antes de que él hablara de nuevo—. No he dormido bien estos días y mi prioridad es entregar el salón a tiempo para el compromiso de tu hermano. —Oh, puedo esperar a que descanses. —Faisal tomó la invitación que mi madre había insistido en distribuir y la lanzó sin cuidado sobre otros papeles—. Conozco un restaurante latino en Nura.—¿Estás jugando conmigo?—Me encantaría jugar contigo a muchas cosas —soltó Faisal como un imbécil, embelesado mirándola. Al imaginarla sonriéndole, avancé sin querer hacia ellos, con las entrañas ardiendo cuando él añadió:—Pero si te refieres a que te miento, tendrás que venir conmigo para comprobarlo. Con una risa suave, Ely asintió. Se volvió con la tableta en la mano para agradec

  • El Secreto del Emir   31. El mejor cliente

    Ely—Si el emir sigue alimentándonos así, deberíamos retrasar el proyecto. —Brian abrió otra de las cajas que acababan de llevar al salón y el equipo celebró como si no llevara cuatro días trabajando a contrarreloj.—El mejor cliente que hemos tenido —añadió otro—. Paga a tiempo, no discute los cambios y manda comida. ¿Qué más se puede pedir?Que no se comprometiera con otra mujer, pensé, mientras revisaba el contenido de la caja más pequeña y apreté los labios al reconocer el machboos de cordero, especiado y jugoso, que me había hecho gemir de gusto durante aquella cena a solas en el palacete. Me había resistido a comer cualquier cosa que Tariq enviaba, pero esto era jugar sucio. Para ellos, era el mejor cliente del mundo, pero para mí era el hombre más cruel que había conocido.Y lo peor era que no conseguía odiarlo. Ni siquiera podía culparlo por completo, porque jamás me prometió que elegiría lo nuestro por encima de su familia o del emirato. Fui yo quien a hurtadillas de mí mis

  • El Secreto del Emir   30. El siguiente paso 

    TariqEl sabor del alcohol de su boca me obligó a separarme cuando sentí que le estaba devolviendo el beso con más ganas de las que convenían y ya estábamos contra la pared, casi a punto de desvestirnos. Pero Ely se aferró a mi cuello para impedirlo y casi la dejé hacer cuando acarició mi bragueta, diluyendo la rabia con la que la había esperado durante horas.—No empieces a portarte bien ahora —susurró con la voz aletargada.—Bebiste demasiado —dije, consciente de que esta no era la conversación que debía tener con ella.—Sé muy bien a quién estoy besando y lo que quiero después de eso.Volvió a acercarse, pero apoyé la frente contra la suya, rozando sus labios más despacio antes de obligarme a detenerme. Había pasado buena parte de la cena negociando con Saleh y no podía acostarme con Ely para despertar al día siguiente y decirle que, mientras ella se divertía con mis hermanos y amigos, yo había tomado una decisión que también la afectaba.—Ve a dormir. Mañana tenemos que hablar.El

  • El Secreto del Emir   29. Una no es ninguna

    ElyAbrí la puerta pensando que era Salma, pero me encontré con Tariq, que llevaba un traje oscuro en el que se veía apetecible. Dudó antes de entrar, pero al final lo hizo.—La cena con los Al-Hadid se adelantó a esta noche. Y será aquí, en el palacio.Lo miré a través del espejo, queriendo averiguar qué sentía o qué quería de mí, pero su rostro era ilegible.—¿Qué vas a hacer? —me obligué a preguntar, aunque no quería escuchar la respuesta.—Recibirlos. Lo hicieron sin consultarme, pero si me niego ahora dirán que humillé a su familia y lo usarán para perjudicarme ante el diwan.—¿Y por qué viniste a decírmelo? —Conseguí cerrar el arete a pesar del temblor de mis manos y aunque entendía sus razones, me dolía verlo vestido para eso.—Porque prefiero que lo sepas por mí. —Intentó acercarse, pero recogí el bolso de la cama, porque no quería besarlo para después verlo bajar a recibirla. Me detuvo por los hombros y sentí su respiración junto a mi oído—. No quiero que te vayas molesta.—N

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