เข้าสู่ระบบÉl me besa el cuello despacio. “Me vuelves loca.” “Por favor…” le ruego, y odio que la palabra salga tan fácil. Una noche con un extraño en una habitación de hotel nunca debió seguirme a casa, pero el teléfono se me ilumina de camino de vuelta y el mensaje es peor que la noche misma. Si la persona equivocada ve ese vídeo, pierdo el único trabajo que todavía alimenta a Papá. Entro en la casa ya temblando, y Papá me mira fijamente a los ojos como si hubiera estado esperando todo el día para acabarme. “Te vas a casar con Lucien.” Así de simple me convierto en el precio de su empresa muerta, una hija que puede vender para que las deudas dejen de comérselo, y no tengo una buena forma de decir que no sin verlo desmoronarse delante de mí. Me deja sin opción, así que me siento a cenar como la chica de Lucien, sonrío como si la boca no se me llenara de secretos, luego alzo la vista y el hombre del hotel está parado justo ahí… “Joder… qué he hecho.”
ดูเพิ่มเติมPOV de Amelie
“Pareces que no has dormido en días.” Sigo empujando el carrito y los brazos me pesan, pero igual intento sonreír un poco para que no piense que soy grosera. “Dormí.” Lila se para frente al carrito y tengo que detenerme, inclinando la cabeza a un lado. Sostiene una botella fría de jugo con las dos manos como si fuera un regalo. “Fui mala contigo la semana pasada y no dejo de pensarlo. No debí hablarte así delante de los demás. Lo siento, Amelie. Toma esto, te va a ayudar con el estrés.” Miro la botella y después su cara. No quiero otra pelea en el trabajo, y tampoco la quiero tan cerca, así que me limpio las manos en el uniforme y la tomo. “No tienes que comprarme cosas.” “Es solo jugo, por favor. Déjame hacer una cosa amable hoy. Tú siempre cuidas de todos los demás.” Bebo porque me está mirando y porque decir que no se siente más difícil que simplemente terminármelo. Sonríe como si ahora fuéramos amigas y da un paso atrás para que pueda mover el carrito. “Bien. Cuando termines este piso, limpia también el 1208. El huésped llegó tarde y el gerente quiere que esté listo antes de la mañana. Después de eso puedes irte a casa, te lo prometo. Pareces que necesitas una cama más que este trabajo.” Toqué dos veces la puerta del 1208. Nadie contestó, así que toqué otra vez y cuando siguió en silencio usé mi llave porque esa es la regla cuando un cuarto tiene que estar listo antes de la mañana. Un hombre estaba de pie junto a la ventana con la chaqueta fuera y la camisa todavía puesta, el teléfono en la mano. “Disculpe, soy Amelie… del personal”, digo, quedándome junto a la puerta. “Me mandaron a limpiar, puedo volver después.” Se gira y sus ojos están cansados y fríos al mismo tiempo, mirando mi uniforme, después mi cara, después el carrito. “No llamé a nadie.” “Lo sé, en recepción dijeron que el huésped se registró tarde y el cuarto tiene que estar listo, puedo ser rápida, no voy a tocar sus cosas.” Deja el teléfono. “Puedes dejar las toallas e irte.” Doy dos pasos adentro y entonces el piso se mueve, no el piso de verdad, el de mi cabeza, y me agarro del respaldo de una silla. “¿Estás borracha?” “No, no bebo en el trabajo, solo… el pasillo fue largo. Estoy bien.” Se acerca. “No estás bien. Siéntate.” “Tengo que limpiar…” “Siéntate.” Me corta. Sirve agua y me la tiende. “¿Quién te mandó?” “Lila, está en mi piso, dijo que le daba pena haber sido mala la semana pasada y me dio jugo y después dijo este cuarto.” Se le aprieta la mandíbula. “Toma el agua.” “Debería irme, este es su cuarto, no debería estar sentada en su silla.” “¿Puedes caminar hasta la puerta sin agarrarte de la pared?” Intento levantarme y el cuarto se inclina, su mano me agarra el codo. “Despacio.” “Lo siento, no sé por qué me siento así, la piel me arde y la cabeza va lenta.” Me mira los ojos demasiado tiempo. “¿Alguien te dio algo más además de ese jugo?” “No.” Por un segundo se ve enojado, pero no conmigo, después señala la cama. “Acuéstate hasta que se te pase. Yo me siento allá… no te voy a tocar.” El calor debajo de la piel empeora. Cada parte de mí se siente demasiado despierta y demasiado blanda. Aprieto los muslos y odio que él pueda notarlo. “Algo anda mal conmigo.” “Lo sé.” “Yo no hago esto. Limpio cuartos. Me voy a casa. Cuido de mi padre.” “Entonces quédate en esa cama y espera a que se te pase.” Lo intento. Aguanto tal vez un minuto. Después estoy a cuatro patas sobre el colchón, arrastrándome hacia el sofá. Se recuesta como si yo fuera un problema que no quiere. “No vengas aquí.” Igual voy, la falda del uniforme subiéndose por los muslos, y me detengo entre sus rodillas y le pongo las manos en el cinturón. “Amelie. No.” “No puedo quedarme quieta.” “Eso es la bebida, no tú. Quítame las manos.” Le abro el cinturón de todos modos, los dedos torpes, y él me agarra las muñecas, pero no me empuja con fuerza, solo las sostiene. “No deberías hacer eso.” “Entonces deténme.” Me mira la boca y se le mueve la garganta. “Lo estoy intentando.” Me libero las muñecas y le bajo el cierre, y él maldice por lo bajo. Me mira la cara como si por fin lo viera. “Esto no es solo un somnífero. Te pusieron algo para que te pusieras así, por eso no puedes parar.” “Entonces ayúdame a parar.” Gime y me hace rodar debajo de él. “¿Quieres esto? Ahora mismo. No la droga. Tú.” “Sí.” Después de que termina, no se aparta de inmediato. Maldice suavemente cuando ve sangre en la sábana, la cara se le oscurece con otro tipo de enojo. “Me mandaron a una chica inocente a mi cuarto con esa porquería en el trago.” Giro la cara hacia la almohada. “Debería irme.” Me ayuda a sentarme, acomodándome la ropa, me acompaña hasta la puerta y se detiene con la palma en el marco. “Si te sientes peor en el pasillo, vuelve y toca. Yo abro.” Asiento y salgo, sintiéndome demasiado tímida para mirarlo. Bajo por las escaleras porque no quiero una cámara en la cara, y cada peldaño se siente como si el cuerpo todavía le perteneciera a esa cama, adolorido y húmedo y no mío. El teléfono me vibra en el bolsillo. Me detengo en el descanso y me apoyo en la baranda. Un video ya se está reproduciendo, sin nombre arriba, solo el archivo. Es la habitación 1208, mi boca sobre él y su mano en mi cuello. “Rayos.”POV de Alexandre“Media carta”, dije. “Mi padre me dejó media carta, y quieres que esté agradecido.”Edmund Fairweather no se inmutó. Estaba sentado detrás de su escritorio a las ocho de la mañana, con el mismo cárdigan, con las mismas gafas de lectura en su cadenita, y se veía diez años más viejo de lo que se había visto hace tres semanas. Una taza de té humeaba sin tocar a su codo. Me había pedido que viniera solo. Había venido solo, porque ya no confiaba en una sola persona que supiera a dónde iba.“Quiero que estés vivo, Alexandre”, dijo. “La gratitud es opcional.”“Eso es una cosa inusual de oír de un abogado de la familia.”“Es una semana inusual.” Deslizó el sobre por el secante. La cera roja se había roto a lo largo de un borde, y el sello había sido cortado con limpieza y no rasgado. “Solo las primeras páginas. Tomé una decisión a las tres de la mañana, y te pediría que no me hagas arrepentirme.”Lo tomé. El papel era grueso y color crema, y la letra de bloque de mi padre mar
POV de Alexandre“Voy a firmar”, dijo Camille. “Los papeles de divorcio. Hoy. Sin pelea.”Había ensayado la mañana durante doce horas. El estudio estaba acomodado de la forma en que acomodo una negociación hostil: Pierre Delacroix, mi abogado principal, a mi derecha, un segundo abogado tomando notas, Grant junto a la ventana con el informe del laboratorio, y la tira de papel con diez dígitos azules tendida en el escritorio entre nosotros como un arma cargada. Había planeado cada frase. Ninguna de ellas incluía esta.Estaba de pie en el umbral y llevaba una carpeta contra el pecho. La cara se le veía tan compuesta como una piedra.“¿Perdón?”, dijo Pierre.“Los papeles originales.” Cruzó el cuarto y puso la carpeta en mi escritorio, directamente encima del número de teléfono. “Los encontré. Entre mis cosas viejas, en las cajas que nunca desembalé del almacenamiento. Habían sido archivados mal con unos recibos de la casa, lo cual supongo que es gracioso, si uno tiene el sentido del humor
POV de Amelie“No la maté”, dijo Camille, retrocediendo hacia la esquina. “Lo juro por todo, no lo hice.”Chocó contra la pared entre el armario y el espejo roto y se detuvo, porque ya no quedaba ningún lado a dónde ir. Yo estaba de pie en el umbral con una mano en el marco y la otra apretada contra la parte baja de la espalda. El corazón me golpeaba tan fuerte contra los gemelos que me pregunté si ellos lo sentían.Esto era lo más estúpido que había hecho jamás. Lo sabía de la forma en que se sabe que falta un peldaño, medio segundo después de que el pie ya ha bajado.Alexandre me lo había contado todo la noche anterior.Ahora él estaba en el hospital con Jules, y Grant estaba en el depósito de embargos, y yo estaba parada en un cuarto que olía a jazmín aplastado y cristal roto, mirando a la mujer que había pasado meses intentando arruinarme.“No dije que lo hubieras hecho”, logré.“Lo estás pensando.”“Entré aquí a hacerte una pregunta.” La voz me tembló, y la odié. Lo intenté otra
POV de Alexandre“Helene Vasseur está muerta”, dijo Grant. “La encontraron esta mañana. Parece un accidente.”Estaba de pie en el corredor afuera del cuarto de Marcus. A través de la ventana estrecha de la puerta podía ver a Jules dormido con la mejilla en la baranda de la cama, y a Amelie acurrucada en la otra silla con una manta metida sobre el estómago, una mano todavía descansando en su hombro.Dos personas a las que amaba, dormidas en un cuarto que olía a antiséptico, guardadas por hombres que yo había contratado porque no podía guardarlas yo mismo.“Dilo otra vez”, dije bajo.“Un auto se salió de la carretera del río alrededor de las cuatro de la mañana. Directo a través de la barrera en la curva debajo del molino viejo.” La cara de Grant estaba griseada de agotamiento, la corbata aflojada, y no desperdició una sola palabra. “El vehículo se incendió después del impacto. Al conductor lo identificaron por registros dentales hace una hora. Es ella.”Dejé la taza en el alféizar. Con






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