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Capítulo 5

Autor: haddasah4me
last update Data de publicação: 2026-09-22 16:03:00

POV de Paige

Ya pasaban de las nueve de la mañana y Larry todavía no había llegado al trabajo, algo muy poco habitual en él.

Era extremadamente puntual.

Sentada en mi pequeño despacho, justo al lado del suyo, no podía evitar mirar hacia las puertas del ascensor cada minuto.

¿Podía ser por lo que había ocurrido el día anterior?

—Dios —murmuré por lo bajo.

Tenía que dejar de preocuparme por aquello.

Me había asegurado que mi trabajo no estaba en peligro, así que no había nada de qué preocuparse.

Por otro lado, su café se estaba enfriando y la única vez que había intentado llamarlo a casa se había enfadado muchísimo conmigo.

Desde entonces, había aprendido a esperar.

Unos golpes en la puerta hicieron que levantara la mirada.

Era Amanda.

Entró sin esperar a que la invitara.

—Todavía no ha llegado —susurró.

Solo había una cosa capaz de llevar a Amanda hasta mi despacho:

Los chismes.

Empecé a deslizar el dedo por la tableta, fingiendo estar ocupada.

—¿Qué quieres, Amanda?

Tomó asiento y se inclinó hacia delante, con los ojos brillantes de curiosidad.

—Habíamos apostado a que no volverías a trabajar aquí.

—¿Qué?

Ya no podía fingir que estaba ocupada.

No cuando aquello me concernía directamente.

—¿Por qué harían algo así?

—No nos culpes. Ayer te fuiste corriendo. Al jefe no le gustan esas cosas.

Apreté los labios, preguntándome si habían visto lo ocurrido.

No.

No creía que hubieran podido.

Las persianas cubrían los cristales del despacho de Larry.

Nadie podía haber visto nada.

—Tenía que hacer unos recados para él. Deberías dejar de chismorrear, Amanda.

—Ohhh —canturreó—. En realidad no había ninguna apuesta. Solo quería saber por qué saliste corriendo de esa manera.

—Entonces podrías haberme preguntado.

—No es como si me lo hubieras contado —se defendió, claramente ofendida.

Discutir con Amanda era agotador.

Ya estaba pensando en una manera amable de pedirle que se marchara cuando se levantó por su cuenta.

La puerta volvió a abrirse.

Y Larry entró.

Tenía una mano en el bolsillo y la cabeza ligeramente inclinada hacia un lado.

Ahora entendía por qué Amanda se había levantado.

Debía de haberlo visto salir del ascensor.

Yo ya estaba de pie antes de darme cuenta.

Larry le dirigió una sola mirada a Amanda y ella salió del despacho con la cabeza gacha.

Él inhaló profundamente sin apartar los ojos de mí.

—¿No recibiste mi mensaje?

—¿Eh?

Tomé la tableta y comencé a revisarla.

No había ningún mensaje suyo.

Señaló el escritorio.

—Tu teléfono, Paige.

Rara vez me llamaba por mi nombre.

Siempre había sido «Chapman».

Aquella actitud era muy distinta de la que había imaginado para ese día.

Supongo que me había adelantado demasiado a los acontecimientos.

Tomé el teléfono y lo desbloqueé inmediatamente.

Su mensaje apareció en la pantalla.

Casi se me cayó la mandíbula.

Lo había enviado hacía más de una hora.

Quería que bajara y lo esperara en su coche.

—¿Vamos a alguna reunión, señor?

—Nunca nadie me había hecho esperar. Eres la primera. Pero lo dejaré pasar.

—Lo siento. No me había dado cuenta. Nunca antes me había enviado un mensaje a mi teléfono personal.

Hizo un gesto con la mano, como restándole importancia a mi disculpa.

—Está bien. Podemos irnos.

Oh.

Así que todavía íbamos a salir.

Tomé la tableta y el bolso de inmediato.

—Deja eso. No vienes como mi secretaria. Para esta reunión en particular, necesito una cita.

De acuerdo.

Ya lo había acompañado a reuniones parecidas antes, pero siempre llevaba la tableta en el bolso por si acaso.

Esta vez, obedecí sus órdenes, dejé la tableta atrás y salí delante de él.

Podía sentir su mirada clavada en mi espalda.

El bolso estaba justo delante de mí.

Lo sujeté con fuerza y empecé a rascar distraídamente el asa con las uñas para mantener la mente ocupada.

—Tendremos que hacer algo con ese atuendo —dijo cuando las puertas del ascensor se cerraron.

—¿Qué tiene de malo lo que llevo?

—Muchísimas cosas, cariño. Muchísimas.

Me aparté un poco de él.

La manera en que me llamaba «cariño» me incomodaba.

—Espero que esto no sea una especie de juego.

—¿Y por qué iba a jugar contigo?

—No lo sé. Has estado comportándote de una manera bastante extraña desde ayer.

Se giró para mirarme directamente.

—¿De verdad? Lo único que quiero es que seas mi novia. Y si esta cita consigue que cambies de opinión, entonces habré ganado.

Solté una risa despectiva.

Hasta entonces había estado de lado, pero ahora me giré completamente hacia él.

Nuestros ojos se encontraron.

De alguna manera, en aquel espacio reducido, encontré el valor para decir lo que llevaba atorado en el pecho desde que había empezado a mostrarme aquel interés.

—Sé lo que estás haciendo.

Levantó una ceja con elegancia y acortó la distancia entre nosotros.

No retrocedí, aunque podía sentir su respiración cerca de mi rostro.

—Dime qué crees que estoy haciendo, Paige. De verdad quiero saberlo.

—Crees que soy una chica demasiado ingenua y que los hombres como tú se sienten atraídos por mujeres así.

Hice una pausa y sostuve su mirada.

—Pues se equivoca, señor.

Sus ojos vacilaron durante un instante.

Creí haberlo sorprendido.

Si pensaba que podía impresionarme fácilmente o que yo no sabía poner límites, acababa de demostrarle lo contrario.

El ascensor se detuvo en la planta baja, pero ninguno de los dos salió.

Durante unos segundos, el único sonido fue nuestra respiración.

Larry retrocedió.

La sonrisa seguía en sus labios mientras se acomodaba la solapa del traje.

—Justo como me gustan las mujeres —dijo—. Con carácter.

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