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Capítulo 6

last update Fecha de publicación: 2026-01-10 00:45:31

Capítulo 6

Dolores tomó la copa otra vez. Bebió un trago largo, después otro, demasiado rápido. La bebida reconfortaba un poco su miedo interno.

La lluvia empeoró. Con cada relámpago, ella se encogía un poquito más, respirando por la boca para que el pecho no le doliera. Suspiró cerrando los ojos con tristeza, parecía que no tenía fin.

Zacky observaba todo. Estaba preocupado.

—Vas a terminar mareada —comentó él en voz baja, mirando la manera en que ella vaciaba la copa.

—Estoy... solo intentando relajarme —murmuró ella, sin mirarlo a los ojos.

Otro rayo iluminó toda la sala, tan fuerte que por un instante la lámpara de aceite pareció inútil. El trueno vino desgarrando justo después.

Dolores contuvo la respiración y cerró los ojos, apretando aún más el brazo del sillón.

Él extendió la mano y tocó la de ella.

Fue un toque ligero. Como ella no retrocedió, dejó que sus dedos se deslizaran hasta cubrir completamente su mano.

Calor. Un calor inmediato, subió directamente por su brazo, una descarga involuntaria que hizo que todos los vellos de Dolores se erizaran.

Ella abrió los ojos lentamente y miró sus manos, unidas.

Zacky permanecía serio. No era de arrogancia o de irritación. Era... de cuidado.

Ella intentó decir algo, pero su voz no salió. En lugar de eso, ella simplemente giró la palma de la mano hacia arriba y apretó sus dedos.

Zacky bajó la mirada hacia ese pequeño movimiento y tragó en seco.

—No necesitas tener miedo —murmuró, con la voz ronca, casi un susurro—. Yo estoy aquí.

La lluvia continuaba, el viento golpeaba fuerte en las ventanas. Y, en medio de la tormenta, el contacto de los dos se volvió peligrosamente íntimo.

Otro rayo cortó el cielo, tan cerca que iluminó la sala entera por un segundo. Eso hizo que Dolores soltara la copa, que cayó en la alfombra.

Ella llevó las dos manos al rostro, respirando de forma rápida y corta, estaba al borde de un ataque de pánico.

—Perdón... —susurró entre los dedos—. Yo... yo odio las tormentas. No puedo... no puedo controlarlo.

Zacky aspiró el aire despacio, sintiendo cómo su propio pecho se apretaba al verla de ese modo.

Dolores temblaba. No era exageración, ni tontería. Era miedo puro, tan real que lo dejó inquieto.

Ella intentó levantarse, fue tan rápida, que tropezó.

Él fue más rápido y sujetó sus hombros antes de que cayera, haciendo que su cuerpo se encajara contra el suyo.

—Ey, ey... Tranquila. Tú estás aquí adentro. Nada va a lastimarte.

Dolores negó con la cabeza, los ojos llenos de lágrimas.

—Sé que es una idiotez —dijo con la voz temblorosa—. Pero no puedo... Cuando era pequeña, un árbol cayó sobre mi casa en una tormenta, y... Nunca olvidé el ruido.

Otro trueno explotó afuera.

Ella se encogió, apretando los dedos en los brazos de Zacky.

Él la rodeó por los hombros y la atrajo contra su pecho.

—No es una idiotez —murmuró contra su cabello.

Él sujetó su rostro con una mano, el pulgar pasando levemente cerca de la barbilla temblorosa.

—Mírame.

Dolores levantó la mirada lentamente. Sus ojos brillaban de miedo... y de vergüenza por estar tan vulnerable.

—Respira conmigo —dijo él, manteniendo el contacto visual—. Así.

Él inspiró lentamente, exageradamente, para que ella hiciera lo mismo. Ella intentó acompañarlo, recostada contra su pecho.

Afuera, el viento fuerte hizo que una puerta golpeara. Ella cerró los ojos con fuerza.

Zacky la atrajo aún más cerca.

—Está todo bien. —Él apoyó la frente contra la suya, sintiendo su aliento cálido mezclarse con el suyo—. Estoy aquí, Dolores. No me iré a ningún lado.

Ella dejó que las lágrimas rodaran libremente, mientras agarraba su camisa.

Y Zacky... Zacky se sorprendió incluso a sí mismo cuando la rodeó con más fuerza. Otro trueno cortó el cielo, haciéndola encogerse instintivamente contra su pecho.

Dolores levantó el rostro unos centímetros, buscando aire, buscando control... y encontró su mirada.

Zacky la sostenía, pero tuvo temor de perder el poco autocontrol que le quedaba.

Ella estaba vulnerable. Indefensa. Hermosa. Y aquello lo conmovió. No podía negarlo. Su autocontrol masculino estaba al límite.

Él tocó nuevamente su barbilla con el pulgar, haciéndola levantar el rostro. La piel era suave, cálida... y sus grandes ojos, asustados por la tormenta, se abrieron más al encontrar los de él.

Él contuvo la respiración.

Aquella mujer... aquella mujer que había llegado allí para alterar su paz. Lo provocaba sin ni siquiera darse cuenta.

Ahora estaba allí, frágil entre sus brazos, mirándolo como si fuera su único ancla en el mar.

Y... él quería. Quería más de lo que podía admitir. Su pulgar subió levemente, rozando la piel suave debajo del labio inferior.

—Zacky... —susurró ella, sin saber si le pedía que parara... o que continuara.

Ella se aferró a su camisa con tanta fuerza que los nudillos se pusieron blancos. Fue en ese instante que él perdió el control interno.

La tensión de meses, quizás años, recorriendo sus venas... la visión de esos labios carnosos tan cerca... su olor... la soledad acumulada...

Zacky inclinó el rostro unos centímetros, pero se detuvo, respirando hondo. Él apoyó la frente en la de ella.

—Si supieras lo mucho que me estás volviendo loco ahora... —murmuró con voz ronca.

Dolores sintió que todo su cuerpo se estremecía. Apretó más su camisa entre los dedos.

Su frente se deslizó por la de ella, su aliento cálido tocando la boca de Dolores. Él estaba demasiado cerca. Demasiado cálido. Demasiado intenso.

Y ella... no retrocedió. Y no quería. La atracción que sintió desde que lo vio era demasiado intensa para alejarse y no aprovechar ese momento.

Ella cerró los ojos y levantó el rostro, más que dispuesta a ceder. Se quedó allí, esperando... hasta sentir sus labios tocar los suyos. Y, por Dios, qué boca tan deliciosa. Un beso que apenas había comenzado ya la hacía sentir un placer que nunca había experimentado.

Un suspiro escapó de sus labios.

—Ah...

El sonido suave vibró contra su boca mientras sus dedos subían por su pecho musculoso, explorando cada curva de la piel firme, el cuello rígido... hasta enredarse en el cabello sedoso.

Zacky abrió la boca para recibir su dulce lengua. Todo su cuerpo se tensó de inmediato, él sintió cómo su propio miembro se endurecía casi instantáneamente.

"Esta mujer..."

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